
En el subtrópico de otros continentes hay desiertos. A esa latitud tenemos uno de los últimos bosques secos del mundo. Son los Bosques Chaqueños, los que capturan carbono de la atmósfera, lo guardan en sus nobles maderas y contribuyen a mitigar el cambio climático. Los que albergan una enorme riqueza biológica y cultural, comparable a la de la Selva Amazónica. Los que ofrecen la oportunidad de desarrollar el ecoturismo, la apicultura y la producción forestal sostenible, todas actividades que cuidan el ambiente y a la vez producen rentas y divisas.
El Gran Chaco se extiende por casi 90 millones de hectáreas en el corazón de Sudamérica. Nuestro país tiene más del 60% de esta región única en el mundo. ¿Qué hicimos los argentinos con nuestros Bosques Chaqueños en los últimos 20 años? Destruimos más del 20% a un ritmo de desmonte récord a nivel mundial, quedando el 80% en forma de fragmentos pequeños y aislados. Alrededor de la mitad de los desmontes de los últimos 10 años fueron ilegales, violando la Ley de Bosques.
Los desmontes, para expandir los monocultivos y especular con el valor de la tierra, han sido la principal forma de destruir nuestros Bosques Chaqueños, pero no la única. La tala a gran escala que se inició con La Forestal hace más de 100 años penetró hasta los Bosques Chaqueños más remotos, como los del (ahora ex) Impenetrable. Sólo en la provincia del Chaco se extraen 2 millones de toneladas de madera por año, para obtener tanino, durmientes, carbón, etc. Este ritmo de extracción supera la capacidad de recuperación del bosque y la tala se expande, dejando tras de sí bosques agotados de madera.
Las fronteras agropecuaria, maderera e inmobiliaria avanzan juntas, empujándose una a otra, destruyendo los Bosques Chaqueños. Para esto las empresas necesitan acaparar y privatizar cada vez más cantidad de tierras, arrinconando en áreas cada vez más pequeñas a las familias campesinas, criollas e indígenas, que viven en y de los Bosques Chaqueños. El pastoreo, la caza y la recolección, que sostienen la alimentación de estas familias, se concentra en los fragmentos remanentes de bosque, acelerando la pérdida de su flora y fauna.
La acción sinérgica del desmonte, la tala, el sobrepastoreo y la caza redujeron aceleradamente la cantidad y calidad de hábitat para la vida silvestre, poniendo en peligro de extinción a especies que sólo se encuentran en los Bosques Chaqueños como el tatú carreta y el pecarí quimilero. Los fragmentos remanentes de bosque son tan pequeños y están tan separados entre sí que otros mamíferos de gran tamaño como el yaguareté y el tapir ya no encuentran suficiente alimento y refugio en ellos para sobrevivir. Ecosistemas enteros están en peligro de extinción: el 85% del bosque de tres quebrachos fue tumbado por topadoras y cadenas, mientras los bosques de palo santo y algarrobo son diezmados por las motosierras.
Los beneficios que estas especies y ecosistemas brindan a la sociedad también desaparecen con ellos. La capacidad del bosque y los suelos de retener carbono y contribuir a la regulación del clima se redujo en un 60% sobre el 30% de la región en los últimos 20 años. El crecimiento de las áreas sin vegetación y con suelos desnudos por los desmontes disminuyó la capacidad de los ecosistemas de controlar la erosión y prevenir inundaciones, afectando a todos los argentinos, incluidos las propias empresas que desmontan.
La Ley de Bosques exige que la Nación y las provincias se ocupen de proteger sus bosques, pero las buenas intenciones chocan contra la falta de voluntad y capacidad para implementarla efectivamente. Por ejemplo, este año Chaco y Salta están actualizando el ordenamiento de sus bosques nativos y tienen la oportunidad de aumentar su nivel de protección, pero las presiones del sector agropecuario y maderero lo están impidiendo. Se necesitan leyes de tierras y ordenamiento territorial para que la tierra la tenga quien la cuida. Si no logramos esto pronto, la oportunidad de un desarrollo local sustentable en los Bosques Chaqueños quedará extinta para siempre.
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