
En forma sorpresiva, el saliente presidente chileno, Sebastián Piñera, aprobó mapas y fijó límites con la Argentina en abierta violación de los acuerdos firmados entre ambos países en dos oportunidades.
Su avance sobre la plataforma continental argentina viola el Tratado de Paz y Amistad de 1984, firmado el 29 de noviembre de ese año en la Ciudad del Vaticano, por Dante Caputo, por Argentina, y Jaime del Valle, por Chile. El Tratado fue ratificado por el Parlamento argentino y la Junta Militar chilena que ejercía el Poder Legislativo en ese país.
Conviene recordar que ambos países estuvieron al borde de un conflicto militar por este tema y fue Su Santidad Juan Pablo II quien intervino para impedirlo y buscar una solución pacífica del problema.
La segunda controversia desatada por el inquilino de La Moneda se refiere a la delimitación de los Hielos Continentales (llamados por Chile Campos de Hielo Sur). El 16 de diciembre de 1998, los presidentes Carlos Menem, de Argentina, y Eduardo Frei, de Chile, firmaron el acuerdo para delimitar “la última controversia pendiente entre ambos países” como ambos sostuvieron.
Nuevamente, el Tratado recibió la aprobación de ambos parlamentos. Una Comisión bilateral quedó encargada de la tarea de demarcación. Se mantuvo el criterio de “altas cumbres que dividen aguas”, y el acceso de Chile al monte Fitz Roy y la Argentina al monte Stokes.
El acuerdo dividió la zona en dos secciones: la A, que ha sido demarcada en su totalidad, y la B, que quedó pendiente. Siempre los mapas de ambos países dejaron claro que había una demarcación pendiente. Ahora Piñera incorpora al decreto que firmó un mapa donde se apodera de territorio en disputa.
Mover la bandera nacionalista en Chile siempre ha dado resultados políticos, sea con Perú, Bolivia o Argentina. Sin embargo, la actitud del gobierno trasandino sorprende por su imprudencia.
Es fundamental que ante este tema nuestro país reaccione con firmeza, sin divisiones internas, denunciando ante la ONU y la OEA la maniobra del gobierno de Santiago. Nadie sensato puede impulsar que el conflicto escale, pero tampoco es aceptable convalidar la usurpación de nuestro territorio.
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