
En el siglo XXI, nos enfrentamos como humanidad al mayor de los desafíos de cara al futuro: enfrentar la crisis climática con justicia social y ambiental. Como sociedad estamos frente a un cambio de paradigma. Debemos hacer una transición verde para llegar al 2050 con cero emisiones de C02, si queremos que la vida continúe en nuestro planeta de la manera que todos conocemos. Si no lo hacemos, la reacción de la naturaleza será impredecible. Por eso es fundamental dejar atrás un modelo de desarrollo basado en la destrucción de nuestros bienes naturales, caracterizado principalmente por la falta de equidad. Tenemos que alcanzar la sustentabilidad, vista como el equilibrio necesario entre los procesos ambientales, económicos, políticos, sociales y culturales, que responde a una visión sistémica y multidimensional del desarrollo, en la que la solidaridad intergeneracional, la equidad y las consideraciones a largo plazo aparecen como elementos insoslayables.
Entre lo urgente y lo importante, no podemos elegir. Necesitamos protagonizar un significativo cambio de rumbo en la gestión de la lucha contra el cambio climático y de la pandemia y sus consecuencias, que rompa con el falso dilema entre salud y economía, sentando las bases de un nuevo modelo, que haga de la Argentina un país basado en sostenibilidad ecológica, cohesión social, equidad de género, derechos y libertades ciudadanas y vida buena al alcance de toda la sociedad.
Por ello, uno de nuestros principales objetivos como fuerza política Verde es tender un puente entre la justicia de género y la justicia ambiental para lograr una justicia social plena.
Desde este espacio luchamos por la igualdad de género y afirmamos que el patriarcado y el extractivismo comparten cultura y prácticas de subordinación, explotación y violencia social y ambiental. El modelo extractivista de producción y distribución en el que vivimos nos dejó el 50% de pobreza en nuestro país y provoca grandes impactos ambientales y sociales, sobre todo en las mujeres, que somos las más vulnerables a los efectos del cambio y la población más pobre a nivel global.
El rol de cuidado que tenemos las mujeres en esta sociedad, las prácticas de producción, distribución y contaminación, que provocan grandes impactos ambientales, no solo nos dañan la salud, sino que también mercantilizan la vida y explotan o hacen invisibles trabajos de cuidados, que habitualmente son llevados a cabo por nosotras. El modelo extractivista tiene una matriz común de la explotación capitalista del medio ambiente y los cuerpos, y los trabajos de las mujeres, especialmente las marginalizadas por cuestiones de etnia, clase, etc. Pareciera que el único modelo de “desarrollo” posible es el extractivismo. Pero no lo es, existe un modelo de desarrollo sostenible, inclusivo, igualitario con formas de consumo solidarias, saludables y responsables con base en la justicia social. Por eso trabajamos, para dar el inicio a la deconstrucción personal y colectiva de los estereotipos del consumismo que sólo generan roles de género impuestos por la cultura actual y prácticas de subordinación y explotación impuestas por el capitalismo. La desigualdad económica hace que las mujeres ganemos menos que los hombres por las mismas tareas, y no recibimos remuneración por los trabajos domésticos y de cuidado que recaen sobre nosotras. Somos las trabajadoras peor pagas y más precarizadas y además el sector más pobre a nivel mundial. Impulsamos la implementación de la ley de Educación Sexual Integral a nivel nacional. Queremos el cumplimiento de la Ley Micaela (Esta ley exige capacitación en cuestiones de género a todos los funcionarios públicos) en todos los niveles del Estado, la Ley de Educación Sexual Integral en las instituciones educativas y la extrema necesidad de incorporar capacitaciones sobre perspectiva de Género en las instituciones judiciales y de seguridad.
Tenemos que trabajar en deconstruirnos personal y colectivamente de los estereotipos del consumismo, del colonialismo, del etnocentrismo, que solo generan roles de género impuestos por la cultura patriarcal y prácticas de subordinación y explotación impuestas por el capitalismo.
Aún nos quedan muchas batallas por librar y mucho trabajo por hacer, pero esta vez lo haremos con la convicción que con lucha y con unión se puede vencer a estas estructuras de poder que “parecen invencibles” y que también destruyen al ambiente.
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