Las vacunas y las ideas de la libertad

La economía puede ser considerada como la ciencia del estudio de las elecciones del ser humano, ya que todas las personas eligen o desechan medios y fines recurriendo a la lógica del costo-beneficio. En ese sentido, la vacunación obligatoria va a contramano de la libre elección

Una persona recibe la vacuna contra la covid-19 en San José (costa Rica). EFE/ Jeffrey Arguedas/Archivo
Una persona recibe la vacuna contra la covid-19 en San José (costa Rica). EFE/ Jeffrey Arguedas/Archivo

El primer mandatario francés anunció la posibilidad que se generalice un certificado sanitario para poder ir a restaurantes o cines. Al mismo tiempo, planteó la vacunación obligatoria para el personal de salud. Coincidentemente, Boris Johnson dijo que “en el Reino Unido se exigirán pases de vacunas en los clubes nocturnos.” En Argentina, el ministro de salud de CABA (gobernada por el PRO), Fernán Quirós, declaró que “CABA aplicaría el pasaporte COVID, pero todavía no es el tiempo” Paralelamente, la provincia de Bs. As. (gobernada por TODOS) admitió que “analiza una medida que le impida el ingreso a bares y restaurantes a las personas que aún no se vacunaron habiendo tenido la posibilidad de hacerlo.” En este marco, la pregunta importante a contestar es: ¿lo que los políticos planean hacer está bien o mal, es justo o injusto? Sin lugar a duda, la respuesta correcta sólo puede ser dada desde el derecho natural.

¿Cómo surge, qué es y qué implica el derecho natural?

La razón humana es la que descubre el derecho (ley) natural y su cuerpo de normas éticas en virtud de las cuales se pueden juzgar las acciones humanas en todo tiempo y lugar. A diferencia de los animales, el ser humano no posee un conocimiento innato, instintivo y adquirido cuando nace. Por el contrario, el hombre tiene que emplear su razón (mente) para adquirir el conocimiento necesario para sobrevivir (existir), lo cual demuestra que el hombre es libre por propia naturaleza. La libertad es indispensable para que el ser humano pueda descubrir, crear y elegir medios (instrumentos) para correr detrás de sus fines (objetivos). Sin libertad no existiría esta dinámica creadora y, por ende, no habría prosperidad individual y consecuentemente, no habría desarrollo de la civilización.

El hecho natural es que el ser humano es dueño y propietario tanto de sí mismo como de la extensión de sí mismo dentro del mundo material, es decir, de su energía, fuerza de trabajo y fruto de esta. Sin embargo, el ser humano vive en sociedad. Y una sociedad libre es aquella en la cual todo ser humano disfruta de sus propiedades naturales (su persona y los frutos de su trabajo) a salvo de agresiones, invasiones por parte de otros hombres y/o mujeres. O sea, hay libertad si y solo si no hay invasión de la propiedad que el hombre tiene de sí mismo en su más amplia definición. En este sentido, basándonos en el derecho natural, las ideas de la libertad son aquellas que te dejan disfrutar de tu propiedad privada y el legítimo producido de tu propiedad privada, impidiendo que nadie pueda interferir en tu goce, pero obligándote a no interferir en el goce de tu prójimo y respetándolo en su elección. En un sentido profundo, la ley natural establece un manual para todos los seres humanos sobre qué fines (objetivos) y medios (instrumentos) pueden ser buenos o malos en diversos grados, qué es justo y qué es injusto. Acá no hay subjetivismo posible. Es un valor objetivo que establece cual deber ser la conducta moral y ética de todo ser humano.

“La vacunación es una decisión concerniente a la propiedad privada primaria del individuo, es decir, su cuerpo; y, en consecuencia, la persona tiene el derecho natural irrenunciable de tomar dicha decisión en total libertad”

A partir de este orden moral y ético, los seres humanos deben organizar su convivencia, ya que solo a partir de esto se puede lograr la armonía, paz y felicidad, que no es sino disfrutar de la propiedad privada y del producido de la propiedad privada sin sufrir agresiones externas, ni provocar daño a la propiedad privada y al producido de la propiedad privada del prójimo. Ahora bien, no hay que confundir, ni mezclar, el concepto absoluto de la ética y la moral del derecho natural y su persecución de la felicidad del ser humano como fin, en un marco de armonía y paz, con los fines y medios de cada individuo en particular. En el primer caso, el valor es objetivo y la felicidad humana es entendida en un sentido racional, como un concepto global, despojado de gustos, preferencias, etc. Por el contrario, en el segundo caso el valor es subjetivo, tanto para los fines como para los medios. Es decir, la felicidad de un ser humano en particular es siempre y en todo subjetiva, y responde a sus propios gustos, preferencias, necesidades, habilidades y limitaciones individuales; siempre sólo conocidas por él. Sin embargo, este utilitarismo individual subjetivo debe estar siempre subrogado a la moral y a la ética del derecho natural, que es objetivo, ya que es la única forma de no agredir al prójimo, ni a su propiedad y, por ende, de mantener la paz, la armonía y la felicidad del ser humano. Justamente, esta norma absoluta y objetiva del derecho y de la propiedad natural sustenta la defensa irrenunciable de los tres derechos inherentes del ser humano: la libertad, la vida y la propiedad privada. Estos tres derechos son inseparables porque tienen el mismo origen: la esencia del propio hombre.

En este marco, el delincuente es quien viola el derecho natural, atacando a una persona, su propiedad, o a la propiedad producida por ella. El delincuente es aquel que rompe la paz, que en esencia consiste en poder disfrutar en forma tranquila, sosegada e imperturbable de la propiedad natural y sus resultantes. En este sentido, la violencia ofensiva siempre es delito, o sea, la violencia sin violencia previa es siempre delito contra el derecho natural. Por el contrario, la violencia puede no ser delito si es defensiva, es decir, si es utilizada como respuesta a una agresión previa procurando recuperar la propiedad anteriormente violentada y/o reparar la agresión. Es más, ante una violencia ofensiva, debe ser obligatorio el uso de la violencia defensiva reparadora, ya que, sin derecho a defender la propiedad natural, deja de haber propiedad natural. Esta violencia defensiva puede ser utilizada solo como defensa frente a una amenaza de invasión, violencia o daño que sean indudablemente palpables, concretos, inmediatos, directos y cuantificables. Por el contrario, no se puede apelar a la violencia como respuesta a una (supuesta) agresión por amenazas o daños potenciales imprecisos y futuros, es decir, que no son ni patentes, ni inmediatos. De actuar de esta manera, todas las especies de tiranía encontrarían justificación. La única manera de protegerse frente al despotismo es atenerse al criterio de que la invasión que se percibe ha de ser clara, inmediata, abierta y cuantificable.

En resumen, el derecho natural es el único y verdadero derecho inherente al hombre, por ende; establece lo que está bien y lo que está mal, lo justo e injusto. Por el contrario, toda (supuesta) justicia que atente o lesione los derechos naturales es una justicia injusta que arremete contra la propia esencia del ser humano. Y esto último es justamente lo que hace el derecho positivo en numerosas ocasiones. Las normas o el cuerpo de legislación escrito, sancionados y promulgados por los burócratas de carne y hueso del Estado, suelen avasallar el derecho natural, convirtiéndose en una administración de la injusticia que se aleja del bien y se acerca al mal. De hecho, si el derecho positivo avasalla los derechos naturales y en consecuencia hay cada vez más injusticia, los hombres y las mujeres no solo tienen el derecho sino la obligación y el deber de levantarse contra las normas de los burócratas, exigiéndoles que alineen el derecho positivo con el derecho natural.

“Será la gente que decida no vacunarse quien enfrente los riesgos de enfermarse y pagará los costos de su decisión. Pero estos últimos terminarán siendo los menos, ya que, si la vacuna es efectiva, sus beneficios saldrán rápidamente a la luz, y la gente voluntariamente se vacunará en forma creciente y sistemática”

La vacuna contra el COVID19 es una decisión individual que deber ser libre.

La economía puede ser considerada como la ciencia del estudio de las elecciones del ser humano, ya que todas las personas eligen o desechan medios y fines recurriendo a la lógica del costo-beneficio. Cuando el ser humano elige determinados fines y medios, también desecha otros. Se escoge determinados fines y medios, porque se les asigna un valor subjetivo mayor que el valor asignado a los fines y medios desechados, que pasan a tener un costo (de oportunidad) por no haber sido elegidos. Dado que el valor (subjetivo) de lo escogido supera al costo (de oportunidad) de lo desechado, la persona obtiene un beneficio (subjetivo) a partir de su elección, con lo cual aumenta su prosperidad y felicidad. La decisión de vacunarse también tiene esta lógica.

Sin embargo, primero y antes que todo, hay que remarcar que la vacunación es una decisión concerniente a la propiedad privada primaria del individuo, es decir, su cuerpo; y, en consecuencia, la persona tiene el derecho natural irrenunciable de tomar dicha decisión en total libertad, o sea; sin enfrentar ninguna violencia efectiva (o amenaza de violencia) exterior que procure coactivamente torcer su decisión para un lado, o para el otro. Sin embargo, nadie podrá evitar las consecuencias de sus propias decisiones. Es más, las decisiones concernientes a nuestro cuerpo, sino comprometen a terceros, sólo generan consecuencias que se pagan en carne propia. Ergo, tanto las decisiones como las consecuencias de ellas quedan limitadas dentro de la propiedad privada primaria de cada uno, con lo cual la decisión voluntaria de vacunarse (o no) respeta la ética y la moral del derecho natural.

Además, hay que comprender que (en promedio) la gente no sólo no es tonta, sino que tiende a cooperar unos con otros. De hecho, la Acción Humana, único motor de la prosperidad individual y del desarrollo de la civilización, así lo demuestra. En promedio y persiguiendo su propio beneficio, la gente tenderá voluntariamente a inocularse vacunas de exhaustivo desarrollo, prolongada investigación, probada eficacia documentada y conocido riesgo cuantificable. Con este tipo de vacunas, la inmunidad de rebaño termina emergiendo espontáneamente. Así, la gente vacunada gozará de los beneficios de la ciencia médica, enfrentando un bajo riesgo de que su propiedad privada primaria (cuerpo) se enferme. Por el contrario, será la gente que decida no vacunarse quien enfrente los riesgos de enfermarse y pagará los costos de su decisión. Pero estos últimos terminarán siendo los menos, ya que, si la vacuna es efectiva, sus beneficios saldrán rápidamente a la luz, y la gente voluntariamente se vacunará en forma creciente y sistemática, con lo cual sólo serán muy marginales los casos de gente vacunada enferma. Es más, si la vacuna tendiera al 100% de efectividad, en el límite estos casos tenderían a ser cercanos a cero.

" De implementarse la vacunación obligatoria contra el COVID19 para ir a cines, teatros, bares, recitales, trabajar o viajar, el mundo estaría subiendo varios escalones adicionales en la escalera de la tiranía y despotismo en la cual se comenzó a ascender en marzo 2020″

En términos generales, se puede decir que la decisión de vacunarse (o no) responde a la valuación subjetiva que toda persona haga entre el valor y el costo (de oportunidad) de vacunarse o no vacunarse. Y este análisis sólo debe y puede emerger de cada individuo actuando en total libertad, ya que sólo cada persona individual conoce sus preferencias, necesidades, gustos, miedos, etc. Es más, todas las personas tienen diferente aversión a la inseguridad, es decir; todos están dispuestos a tomar diferentes niveles de riesgo. Entender esto último es muy importante, ya que la decisión de vacunarse resulta de una valuación (subjetiva) del tipo beneficio-costo, pero que está expuesta al riesgo. Y toda valuación expuesta al riesgo, no sólo debe conocer los riesgos necesariamente a los cuales la decisión expone, sino también debe poder cuantificarlos. Y acá aparecen los problemas de todas las vacunas contra el COVID19: rápido desarrollo y escaso tiempo de investigación, lo cual redunda no sólo en una falta de conocimiento de los riesgos a enfrentar, sino de los potenciales costos a pagar en el largo plazo por haberse vacunado. O sea, una importante pata que se necesita para tomar la decisión de vacunarse es totalmente desconocida, lo cual no juega a favor para que la toda la gente decida voluntariamente vacunarse. Además, según Statista (mayo 2021) hay cinco de las nueve vacunas contra COVID19 que tienen una efectividad menor del 80% (Sinopharm 79%; Covaxin 78%; Oxford AstraZeneca 76%; Johnson&Johnson 72%; Sinovac 50,7%). De hecho, según Statista las 9 vacunas promedian un 81% de efectividad, es decir; en promedio 2 de cada 10 vacunados se seguirían enfermando, lo cual tampoco juega a favor para que toda la gente elija voluntariamente vacunarse. Para peor, los riesgos de no vacunarse tampoco lucen grandes, lo cual alienta a que haya individuos que elijan voluntariamente no vacunarse. En Argentina, tomando una población de 46 millones de habitantes, las muertes por COVID19 (103.000) ascienden al 0,2% de la población en nuestro país. En casi un año y medio, el total de contagiados (4.810.000) reportados asciende a aproximadamente el 10% de la población, pero se recupera el 93% (4.450.000). Es más, los fallecidos ascienden al 2% del total de los contagiados reportados. En resumen, desde un plano filosófico y ético, los individuos tienen el derecho natural irrenunciable de elegir vacunarse o no. Desde un plano de vista utilitarista individual, es entendible y hay que respetar que haya gente que elija no vacunarse.

La vacuna obligatoria contra el COVID19 es un delito de los políticos.

La vacunación obligatoria contra el COVID19 acrecienta el derecho positivo escrito por los burócratas estatales en detrimento del derecho natural que hace a la esencia del ser humano, con lo cual se viola la ética y la moral de la libertad, y se agranda el delito del Estado contra los individuos y también crece la administración de injusticia. La vacunación obligatoria contra el COVID19, al acrecentar el derecho positivo, se convierte en un instrumento que expande el yugo del Estado sobre los individuos, empoderando al poder político por sobre el poder social, los medios políticos por sobre los medios económicos. En este sentido, la vacunación obligatoria es una toma violenta de autoridad y dominio de parte de los burócratas del Estado, que en realidad no tienen ningún derecho a ejercer esa autoridad y esa dominación. No es más que un absurdo, una intrusión violenta que sustituye la justicia por su propio poder, regulando el comportamiento ajeno bajo un manto de usurpación y tiranía. La vacunación obligatoria, al avasallar el derecho natural, es un crimen. El peor de los crímenes, porque se comete con la certeza de la impunidad, sin correr riesgos: los delincuentes tienen el monopolio de la violencia, la ley, la seguridad y la justicia. Escriben, sancionan, promulgan, hacen cumplir y castigan el incumplimiento de la ley, pero, sobre todo, se benefician de ella.

En este marco, hay que tener bien en claro que el argumento de los políticos que sostiene “La vacunación obligatoria es para proteger al prójimo” constituye no sólo una mentira, sino una estafa ética y moral contra el derecho natural, lo cual lo convierte en un delito. Por el contrario, este argumento es violencia ofensiva, ya que no hay ningún delito consumado, palpable, efectivo, directo y cuantificable. En su lugar, el político arrogante decide invadir violentamente por la fuerza la propiedad privada primaria del individuo contra su voluntad, argumentando que es para prevenir algo que no sólo no se sabe si ocurrirá, sino que, si ocurre, no sabe con que fuerza o magnitud acontecerá. Es decir, se viola la libertad y el derecho natural “por las dudas” y “sin saber nada”. De implementarse la vacunación obligatoria contra el COVID19 para ir a cines, teatros, bares, recitales, trabajar o viajar, el mundo estaría subiendo varios escalones adicionales en la escalera de la tiranía y despotismo en la cual se comenzó a ascender en marzo 2020. La gente de bien no sólo tiene el derecho, sino la obligación de desobedecer y rebelarse contra todas estas medidas dictatoriales.

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