
Los argentinos nos aproximamos a un nuevo proceso electoral. Como ocurre cada vez más a menudo -por las malas razones-, las elecciones venideras se presentan como una instancia crucial para el futuro de la Argentina.
Una mayoría oficialista robustecida tras las elecciones legislativas podría ofrecer la preocupante perspectiva de un gobierno con vía libre para acelerar su agenda de empobrecimiento y restricción de derechos que viene sosteniendo desde su asunción hace un año y medio. El oficialismo está a pocas bancas de tener el control absoluto de Diputados como ya lo tiene en el Senado.
Desde su asunción en diciembre de 2019, el actual gobierno ha profundizado la decadencia del país, mediante una política económica devastadora, una cuarentena interminable, un sistemático aumento de impuestos contra los que trabajan y producen, una política exterior tercermundista que nos ha colocado como defensores de dictaduras violadoras de los Derechos Humanos y un peligroso avance sobre las libertades públicas y los derechos constitucionales con la excusa de la pandemia. Un triunfo electoral del oficialismo podría ser interpretado como un cheque en blanco por las actuales autoridades.
Es por ello que la dirigencia opositora debe hacer el máximo esfuerzo en presentar una alternativa responsable frente a los comicios. En ese plano corresponde intensificar nuestro accionar en pos de lograr un frente opositor amplio y representativo, que ofrezca a los argentinos una propuesta política capaz de imponer un freno al actual gobierno, al tiempo que presente una propuesta superadora de cara al futuro.
Ello implica un curso de acción política que puede lograrse a través de la búsqueda de consensos o mediante el recurso democrático de las elecciones primarias. Corresponde aquí señalar que no debemos temer a las internas, que pueden servir perfectamente como un vehículo canalizador de legítimas aspiraciones políticas y como medio para dinamizar y ampliar la oferta política.
Resulta fundamental, asimismo, advertir a la ciudadanía ante la posible repetición de uno de los peores males que parecen haberse enquistado en nuestro sistema. Me refiero concretamente a la proliferación de falsos opositores que se muestran como independientes o escondidos atrás de los gobiernos provinciales se presentan como representantes locales y, una vez electos, utilizan sus bancas legislativas para ponerse al servicio del régimen.
Mediante actitudes zigzagueantes, sinuosas y oscuras, estos falsos opositores han edificado una verdadera “oposición funcional” que en los hechos se erige como un aval al gobierno, aportando su voto en cada oportunidad que el oficialismo lo ha necesitado.
De allí que requiere por parte de los votantes observar o advertir la conducta de los candidatos y la certeza que estos muestren de mantener una conducta esperada por los que lo vayan a votar.
La gravedad de la hora, requiere alertar a los argentinos y a los líderes opositores ante esa posible perspectiva. Antes de que sea tarde.
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