
Estoy seguro, segurísimo, de que alguien irritado o indiferente, con rencor nacionalista o el absurdo de que una monarquía en este tramo del siglo XXl es anacrónica, miente o ignora. La bestia triunfante siempre está lista. La corona de Isabel ll del Reino Unido es jefe de Estado -pero sin función política, como símbolo -, y una mujer admirable de 94 años que puede escribir de mano propia buena parte de la historia contemporánea. Y el país que encarna a todos los británicos, ingleses, parte de los irlandeses, galeses, escoceses y una -con diferencias hasta llegar de manera explícita a proponer un república en su reemplazo- viven en libertad y democracia. Con admirable funcionamiento de la justicia, realismo pragmático y muy inteligente para una sociedad de varias etnias sin explosiones .
Que nadie se confunda por favor y se sugiera una monarquía en nuestra tierras, como se propuso con las primeras luces de la lucha de la emancipación colonial. ¿Se imaginan una monarquía, una cabeza coronada, varón o hembra, aquí y ahora? La posibilidad, el juego imaginario puede ser desternillante en nuestra república constitucional tan maltratada, cuando el promedio de líderes en oferta sería digno de representar a todos los personajes de los Simpsons. Se trata, sí, de que todos, o muchos al menos de nuestros compatriotas seguimos el funeral del duque de Edimburgo, setenta años de unión, subordinación a su papel de consorte, intimidad descontada y cariño popular sin discusión . Sentada y sola en la despedida, puso la reina embarbijada de luto y de negro toda sobre el ataúd la gorra de marino, algún objeto de significado muy personal, una corona de flores blancas, lirios, jazmines y rosas. Agregó manuscrita una línea sobre papel con su firma: “En memoria del amor”. Solemne y sin lágrimas, la reunión del fin y honra de aquel hombre que vivió 99, con apenas 30 personas en la ceremonia, cerró otra página de nuestro tiempo y, no lo ocultemos, otro tipo de página: las de “¡ Hola!”. Las dos cosas.
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Algunas aclaraciones
La idea tan elemental como cerril en materia de ideas y cultura de esquemas que sostiene la inutilidad y resaca de un pasado oprobiosa acerca de la monarquía británica, forma parte del cerebro medio de la Argentina. Se cuestiona el gasto de esa institución, que aprecia no solo a sus súbditos sino también a quienes son a la vez ciudadanos de lleno derecho. Recuerdo bien la entrevista de Felipe González entonces presidente del gobierno de España con Deng Kiaoping, sucesor de Mao. Dijo Deng a Felipe : “No importa que un gato sea blanco o negro. Lo importante es que atrape ratones”. ¿Ven?¿Lo ven?
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La reina llegó al trono apenas después de los 20 y nunca dejó de alejarse de sus compatriotas. Durante la segunda guerra mundial, su padre Jorge VI junto a Churchill primer ministro en conversaciones largas, con distancia respetuosa y debida, idearon enfrentar a Hitler contra la corriente pactista. Bien sabía que Hitler rompería cualquier pacto de no entrar en guerra franca y que Inglaterra iba verse sometida más tarde. Se anunció con el estremecedor discurso del primer ministro y su llamado a triunfar por aire tierra, aire y mar, casa por casa, sin nada que ofrecer sino sangre, sudor y lágrimas. Sin Churchill y el respaldo de la Familia Real con la reina joven a la cabeza, el sacrificio ofrecido para salvar a la humanidad, la esvástica podría mezclarse con nuestra bandera en el mástil de la Rosada.
Por aclarar más, las Malvinas son argentinas y allá yacen heroicos argentinos, en tierra helada. El anverso fue el fin de la dictadura y la democracia que nos hemos ganado hasta hoy. Quienes lean sabrán en qué estado se encuentra al entrar en el segundo año sin educación, con problemas para gobernar y acordar bajo la sombra de la pandemia.
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