
En el marco de esta pandemia y el aislamiento por el coronavirus, resulta inasequible no pensar y hacer un balance de la situación económica. Ante estas circunstancias que nos atraviesan, comenzamos a preguntarnos cómo podemos mejorar nuestros ahorros personales teniendo como trasfondo una economía tan versátil como la argentina. Una pregunta frecuente que muchos nos hacemos es cómo poder conservar y hacer rendir nuestros ahorros en el tiempo y en qué tipo de activos podemos posicionarnos para los próximos años.
En primer lugar, es importante remarcar que existe mucha desinformación sobre operaciones bursátiles y esto alienta a la desconfianza de las personas a la hora de realizar inversiones. En ese sentido, a pesar de que muchos piensan que es necesario tener un capital relevante, con los cambios tecnológicos, el acceso a la información y los bajos costos es posible que con un nivel bajo de ahorros podamos acceder a diferentes activos de inversión.
Partiendo de una visión top-down, el 2021 –al igual que durante gran parte del 2020– parece ser un año en que continuarán abundando los estímulos fiscales y monetarios a nivel global, una inflación que empieza a aparecer de la mano de la recuperación económica luego del colapso sanitario y una debilidad del dólar. Este panorama es muy alentador para países exportadores de commodities aunque lamentablemente, por problemas estructurales, nuestro país no lo puede aprovechar al máximo como sí lo van a hacer otros.
Pensando en donde invertir, un portafolio diversificado es el punto de partida. A pesar de que las correlaciones en este mundo son cada vez más frecuentes, es clave que tratemos de generar coberturas ante la volatilidad creciente, o en criollo, no poner todos los huevos en la misma canasta. En este ambiente de apetito a riesgo, la renta variable o acciones tienen un atractivo especial sobre la renta fija. Sobreponderar sectores de compañías relacionadas al ciclo de los commodities (petróleo, gas, mineral de hierro) como compañías mineras (oro y plata) están en sintonía con el panorama mencionado.
La debilidad del dólar también produce burbujas en otros sectores y las monedas alternativas también deberían tener su lugar (obviamente conociendo los riesgos que esto conlleva). En este sentido, existe una diversidad de Cedears en el mercado local y ETFs en el internacional que ayudan a conformar estos portafolios.
En cuanto al mercado argentino, la necesidad de tener activos con cobertura será otra realidad para el 2021. Tanto los bonos ajustados por inflación como aquellos instrumentos en dólares tendrán un protagonismo estelar. En un mundo de tasas casi 0 e incluso negativas, existen algunos emisores que siguen ofreciendo tasas de retorno por encima del 12 por ciento. Si bien la probabilidad de default se pondera en todos los emisores argentinos, encontramos historias de cumplimiento en el ámbito corporativo y provincial que se diferencia de otros emisores argentinos.
A diferencia del inversor de largo plazo en índices globales, el inversor en acciones argentinas quizá tenga que priorizar más el momento que la constancia. Hoy en día, las valuaciones de las compañías se encuentran en niveles muy bajos para su historia, pero lo pueden estar aún más. Sin embargo, la volatilidad del mercado argentino suele brindar tremendos rallies después de grandes correcciones.
Creemos que el mercado local a través de la industria de fondos y el mercado bursátil pueden ofrecer diferentes alternativas y la posibilidad de aprovechar la dinámica global que esbozamos al principio. Por más pocos o muchos que sean, siempre podemos sacar algo mejor para nuestros ahorros y existen muchas herramientas para hacerlo.
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