
Vean ustedes que se está dando un florecimiento de sinvergüenzas digno de mostrar al mundo. Sin orgullo, instalada alguna melancolía entre pecho y espalda, sí, pero en gran abundancia. Casi un producto local con especialización refinada en pequeñeces de apariencia irrelevante pero que revelan manos rápidas, bajezas y porquerías que, todas juntas, son capaces de un estallido ético que no les digo.
Chantas y ladroncitos de lo público, se encaraman a intendencias, poltronas de concejales, sub-sub de direcciones indescifrables donde trabajan de no servir para nada excepto guardarse algo para sí y beneficiar a la parentela. Los sinvergüenzas locales se lo están pasándolo de maravilla. De gran olfato para las oportunidades sucias y no se pierden una. Ahora tienen servidas las vacunas. Al ver que llegan poco, en etapas, como se pueda y casi se diría que a los ponchazos, saltan el turno que alguna vez le tocarían, se pasan por donde ustedes prefieren a los médicos y todo el mundo de los que se la juegan con la mascota de Wuhan y sus ágiles mutaciones, las personas mayores, quienes cargan, ya crónicas, enfermedades anteriores. No les importa. Se ponen delante y se hacen vacunar antes que los demás, con lo que les quitan la posibilidad de inmunizarse de manera justa protocolar- que está tan de moda- y justa. Sí, justa: el sinvergüenza tiene algún perfil de psicópata, ajeno como es a la noción clara sobre el bien y el mal, el arrepentimiento, los demás. Primero yo.
Es seguro que los casos van a multiplicarse y a aparecer, pero pongamos uno que vale por todos. Aquí está el señor Federico Bodlovic, quien ejerce como intendente de Piedrabuena, ciudad chica de 6.000 habitantes en Santa Cruz. Elegido y hereditario- el padre lo fue veinte años-, forzó al hospital a que lo vacunaron junto con la mujer y su chofer. Había, aunque no es seguro, que se contaba con 200 vacunas en el hospital y que solo 75 fueron protegidos en la mayor medida: tres, como mínimo, pero pueden haber sido también vacunados por amiguetes del señor Bodlovic, el intendente sin obstáculos: en el Concejo no hay ningún opositor.

Hasta aquí la cínica exhibición de sinvergüenzas despreocupados ni inquietos por un pongámosle sumario para investigar la nada, eso es seguro. Tranquilos y bestiales, ya han sido pinchados en el hospital por orden de ellos. Quiero agregar algo, si me dejan. Nos parece natural que este intendente que tal vez juega en algo dentro del tablero político del Sur, no sé, un cargo cualquiera en un país con la mitad de la gente en la pobreza, tiene un auto oficial, un chofer, secretarias, celulares a gusto. ¿Les parece admisible, razonable o una obscena comedia de privilegios tropicales en medio del frio y el viento? Ese el principio de la raíz, cuando empieza a pudrirse. La vacunación es más serio y más vergonzoso, de acuerdo, pero ocurre dentro de un patrón, un formato nauseabundo. Los parlamentarios suecos, un ejemplo cualquiera, tienen que usar sus coches o el transporte público para ir y volver del trabajo. Este intendentucho deshonesto circula con chofer, lo lleva a todas partes, incluso a vacunarse junto con la mujer en un triángulo profiláctico.
¿Cómo es posible que no lo echen?
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