
Existe un marcado contraste en las opiniones de los analistas bursátiles respecto al comportamiento futuro que deberían tener los precios de las acciones de las principales empresas que cotizan en el Mercado de Valores. De hecho, muchos de ellos, quizás la mayoría, ni siquiera se molestan en efectuar pronósticos sobre ellos y consideran a estos activos como de “sólo trading”.
Esta ilusoria metodología de “inversión” propone aprovechar las fluctuaciones de corto plazo para entrar y salir rápidamente del mercado, pero no permanecer “comprado” ya que la tendencia bajista, según creen, es notoria, y su duración debería ser muy prolongada.
Sus esfuerzos están dirigidos a recomendar la compra de acciones, sobre todo tecnológicas, de los EEUU. Estos papeles pueden ser considerados excelentes activos, como integrantes de una cartera diversificada para un inversor local, pero debería descartarse colocar la totalidad de los ahorros en un solo tipo de instrumento. Los principales índices acaban de alcanzar nuevos máximos históricos, borrando toda la baja que produjo la crisis sanitaria del covid-19. Esto es auspicioso pero a la vez incrementa el riesgo que implica comprar “en las alturas”.
El mercado argentino, mientras tanto, se encuentra en valores irrisorios y debería ser considerado una histórica oportunidad de compra por aquellos inversores dispuestos esperar durante algunos años a que los precios se multipliquen como los panes del Nuevo Testamento.
Todo el mundo está girando del “flight to quality” al “flight to risk”. El “vuelo a la calidad” ocurre cuando uno de los dos sentimientos que dominan al mercado, el miedo, alienta a la compra de activos seguros, de bajo rendimiento y riesgo, como el oro o los bonos del Tesoro de los EEUU. En cambio, en el “vuelo hacia los activos de riesgo”, domina la codicia, e implica un viraje hacia la adquisición de activos con márgenes de utilidad potencial mayores pero con un riesgo implícito también más alto.

Como se anticipara en notas anteriores, la fuerte emisión de dólares de la FED, y la previsible salida próxima de las restricciones sanitarias preventivas por la pandemia, está provocando una baja del dólar contra todas las monedas del mundo y, paralelamente, están subiendo los precios del petróleo, de los cereales y oleaginosas y de las acciones de los países emergentes.
Es tan marcada la debilidad de la divisa americana que, aunque cueste creerlo, también baja en Argentina. O se agacha, como diría Roberto Cachanosky.
Proyecciones globales
La moneda brasileña rompió una tendencia bajista contra el dólar de larga data y su mercado de valores sube precipitadamente. Por cercanía geográfica o por equivocación, algunas gotas de inversión de cartera internacional deberían caer sobre la plaza local.
Es necesario tener en cuenta que unas gotitas de un Fondo de Inversión importante del mundo, dada la pequeña magnitud de la plaza local y lo depreciado que se encuentran los precios, podría significar desde una lluvia torrencial hasta una especie de diluvio interminable.
La relación riesgo-beneficio es altamente favorable en la Argentina. Los analistas más arriesgados opinan que los principales índices accionarios de los EEUU se duplicarán en los próximos cinco o diez años. En ese lapso de tiempo, con sólo cesar con el concierto de desaciertos en que está inmerso el gobierno local y la sola adopción de alguna de las ideas que se suele recomendar desde la “ortodoxia”, es posible que, medidos en moneda dura, los precios de las acciones locales se multipliquen por diez o por veinte.
Si bien en los últimos 45 días, el índice Merval en dólares subió de 260 a 380, aún se encuentra en una etapa de consolidación de pisos, que ya lleva once semanas. La acumulación de grandes paquetes accionarios por parte de “manos grandes”, continúa sin prisa y con entusiasmo disimulado. Como se dice en el campo: “no quieren levantar la perdiz antes de tiempo”.
Y como se propuso en una nota anterior, se anticipan a la tendencia y “compran para mantener”, a la espera de precios muy superiores en el largo plazo.
La Bolsa subió 20,5% en noviembre y ahora los consejos de muchos asesores son: “tomar ganancias” porque la suba fue gigantesca, si se la mide en dólares, ya que la divisa bajó en ese mercado de de $190 a $140 por unidad. Sin embargo, combinando el análisis técnico y la sicología de mercados, es posible opinar, sin sonrojarse, que, una vez más, los consensos serán castigados, y que se avecina una “fiesta bursátil” inminente y prolongada.
Lo más difícil es justificar la tendencia, ya que se procede a la inversa de lo convencional. Es usual analizar las perspectivas económicas locales e internacionales, para luego predecir la evolución de los precios de las acciones. En cambio, la lectura “técnica y sicológica” del mercado, sin considerar previamente las noticias pasadas y presentes ni la evolución probable de las mismas, sólo requiere leer el comportamiento de los precios y anticipar tendencias.
Seguridad y probabilidad
En el mundo de las finanzas no existen las certezas, sólo es posible mencionar probabilidades de ocurrencia de los eventos previstos. Puede, entonces, con un grado apreciable de probabilidad de acierto, intuirse cuáles deberían ser los drivers que muevan la tendencia futura al alza.
El Financial Times ha publicado recientemente que la economía mundial se recuperará más rápido de lo esperado, puesto que un hombre cuerdo y decente, continúa, será presidente de los EEUU. Se espera, además, un reverdecimiento de la tendencia “pre Trump”, de creciente globalización productiva, comercial y financiera, que debería aumentar las tasas de crecimiento en todo el mundo. Como puede observarse, el mejor panorama local no debería considerarse un logro del gobierno sino un “viento de cola” inesperado hasta hace poco.
Silenciosamente y con mucho disimulo, se encuentra en marcha un “ajuste” brutal y salvaje “contra” el ciudadano común, que tiene como contrapartida una mejor expectativa inversora, que aún no es visible, pero que, en algún momento, no muy lejano, debería notarse más claramente.
Se puede estar en desacuerdo con la política oficial, pero no se puede cometer el error de fallar en los pronósticos por una mera cuestión ideológica o política. La gente está cada vez peor, pero las empresas resisten y los balances son mucho mejores de lo esperado. Los beneficios de los congelamientos tarifarios son enormes para los sectores intensivos en el uso de los servicios provistos o regulados por el Estado.
Las tasas negativas de interés permiten negocios financieros excepcionales y los controles de precios son eludidos con la desaparición de los productos más castigados por los reguladores.
En síntesis, una parte del sector productivo, el de las grandes empresas que cotizan en Bolsa, se encuentra sano y listo para el despegue apenas el Gobierno cese de acribillarlas con impuestos, regulaciones y controles.
El susto del dólar cuando se aproximó a $200 fue mayúsculo y ya no es razonable esperar la continuidad de la heterodoxia irresponsable que primó hasta hace muy poco tiempo. El clima es muy diferente. La sociedad argentina ya viró hacia el deseo de terminar con los experimentos exóticos y comienza a valorizar lentamente la economía de mercado y la prudencia fiscal y monetaria.
Además, el cepo cambiario, que es un instrumento de tortura para la economía, le sirve al Gobierno para timar a los inversores institucionales, a los cuales impide dolarizar sus carteras. Sostiene artificialmente bajas las tasas de interés, manteniendo cautivos a los ahorristas, que no pueden comprar dólares a precios del mercado “oficial”. Al aislar los flujos financieros del mercado internacional, elimina las primas de devaluación esperada y de riesgo país que, usualmente, contienen las tasas de interés locales.
La literatura sobre los mercados predice que la tendencia es independiente de los aciertos y errores del gobierno, y puede desatarse en cualquier momento, sin motivo o razón aparente, pero, buenas noticias, como un pronto acuerdo con el FMI, podrían acelerarla.

Los mercados olfatean si el gobierno está virando y se adelantan. Suele decirse, con razón, que suelen anticiparse uno o dos años a los acontecimientos. El Presidente dijo en la última Conferencia Industrial de la UIA: “De la pobreza no se sale con el Estado y los planes sino con empresarios que inviertan y den trabajo”. Dijo, además, que hay lugar para la industria y el campo, lo cual permite advertir una incipiente tendencia a querer “permitir” que el sector agropecuario se desarrolle en serio, en lugar de ser el “Patito Feo” que subsidia al resto de la economía.
Por último, el FMI ya avisó que será piadoso con el Gobierno. Sus voceros declararon que hubo progresos en la definición de los elementos iniciales de un programa económico. El único gran acierto de la gestión es no haber utilizado las tasas de interés como herramienta antiinflacionaria.

En síntesis, luego de una gran pérdida de tiempo y de un sin fin de errores no forzados, pareciera comenzar a verse un atisbo de razonabilidad que debería permitir mejorar las expectativas de la economía, ayudada por un escenario internacional inusualmente favorable para la Argentina. Si es así, la mesa está servida para que la Bolsa despegue y se puedan obtener ganancias siderales.
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