El peligroso coqueteo K con la censura

La Defensoría del Público de los medios audiovisuales dirigida por Miriam Lewin, acaba de anunciar la creación de NODIO, “Observatorio de la desinformación y la violencia simbólica en medios y plataformas digitales”

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La enorme Beatríz Sarlo supo decir que la aproximación al centro de un fenómeno político suele ser más apropiada desde sus bordes antes que hincarle de movida el ojo del análisis al corazón mismo del caso. Me gustaría preguntarnos si es la presidencia de Alberto Fernández, sus representantes legislativos, una gestión intolerante al disenso con rasgos de voluntad de censura a los medios.

La disputa interna de esta semana sobre la posición argentina por el tema Venezuela serviría para responder con convicción a la intolerancia. Debatir si en Venezuela hay respeto por el estado de derecho es corazón puro del tema. El inexplicable coqueteo con Nicolás Maduro del ex radical, ex frepaso, ex ARI y actual kirchnerista embajador Carlos Raimundi coronado por el sainete sin diplomacia de la embajadora in pectore Alicia Castro fue la punta del iceberg K que no puede soportar mirar de frente a un país con más de 4 millones de exiliados, censura de los medios de prensa, presos políticos y dilución casi total de la división de poderes y llamarlo como un estado de no derecho atropellado por intolerables cataratas de estados excepción. Lo firmó la socialista Michelle Bachelet al dictamen que sostiene eso, por las dudas. Los K no se convencen de ello y cacarean imperialismo americano como origen de todos los males.

Sin embargo, vale la pena detenerse en otros bordes sin tanto debate e impacto público, pero bien demostrativos. La Defensoría del Público de los medios audiovisuales dirigida por Miriam Lewin, acaba de anunciar la creación de NODIO, “Observatorio de la desinformación y la violencia simbólica en medios y plataformas digitales”, que, dice en su sitio oficial “tendrá como objetivo proteger a la ciudadanía de las noticias falsas, maliciosas y falacias”. En el lanzamiento virtual se escucharon las voces de Miriam Lewin, Glenn Postolski, Jorge Alemán, Florencia Saintout, Damián Loreti, María Seoane y Adriana Amado Suárez. Observatorio de la desinformación. Dice observatorio de la desinformación. Proteger a la ciudadanía de las noticias falsas, maliciosas y falacias. También dice eso.

De izq a der: la defensora del Público, Miriam Lewin; el director de Planificación Estratégica del organismo Glenn Postolski; el psicoanalista Jorge Alemán; la diputada Florencia Saintout; la periodista María Seoane, el profesor Damián Loreti y la investigadora Adriana Amado Suárez.
De izq a der: la defensora del Público, Miriam Lewin; el director de Planificación Estratégica del organismo Glenn Postolski; el psicoanalista Jorge Alemán; la diputada Florencia Saintout; la periodista María Seoane, el profesor Damián Loreti y la investigadora Adriana Amado Suárez.

Leer que allí estaban la propia Lewin, María Seoane, enorme profesional que supo inspirar a muchos o el psicoanalista Jorge Alemán entre otros, impacta. ¿En serio esos tres respetados profesionales no sintieron nada de apuro cuando fueron convocados para ver nacer un órgano dedicado a observar la desinformación o asumir el papel de cuidadores nuestros ante las noticias falsas? ¿De verdad?

Por suerte la siempre lúcida Adriana Amado fijó su divergencia. Vale la pena leer su hilo de twits de @infociudadana en donde ubica en el lugar apropiado las supuestas “infodemias” o “fake news”. El temor que invoca NODIO es más que nada un taparrabos para avanzar sobre la libertad de expresión.

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Hay que leer las intervenciones de sus invitados para comenzar por los bordes y avanzar hacia el centro del caso. Lewin relató la supuesta “preocupación por la circulación de mensajes cargados de violencia y desinformación en redes sociales y en medios (…) con difusión de mensajes favorables a la dictadura cívico militar, misóginos, sexistas, racistas, xenófobos, homofóbicos que intoxican el debate democrático”. Por eso hay que “generar insumos y entornos de intercambio” (sic y mil veces sic) " que permitan reflexionar acerca de las prácticas responsables en búsqueda de un periodismo de alta calidad" (sic).

En los países democráticos las expresiones reñidas con la ley se sancionan a posteriori con el código penal o con las leyes antidiscriminatorias que, en Argentina, funcionan desde hace rato. Pretender hacerlo antes de que se concreten se llama censura previa, por ahora prohibida por la constitución. La intención de andar observando la “desinformación” para propender al “periodismo de calidad” no encubre otra cosa más que el deseo de imponer un criterio único de opinión. Unicato informativo. ¿Resulta que NODIO tiene el metro patrón de lo que es el “periodismo de calidad”? Eso es tan de manual de la intolerancia como las expresiones de la señora Florencia Saintout que habla de la concentración neoliberal de medios y de algún otro que no resiste invocar al imperialismo para justificar esta idea.

La Defensoría del Público depende del poder legislativo. ¿Sergio Massa respalda la iniciativa de NODIO? ¿La doctora Fernández? ¿Y la presidencia de la nación tiene opinión?

Este borde de nuestros tiempos se inscribe en demonizaciones permanentes de lo no querido. Que la empresas extranjeras se van del país o que no piensan invertir ni un peso es “fake news” según el ministro Kulfas. Que hay más desempleo, “exceso de título de diarios” según el ministro de Trabajo. El dólar negro o paralelo, dólar narcotraficante o desarmadero según el presidente del Banco Central. La Corte merece el juicio político porque falla en su contra impulsado por la misma diputada que propuso censurar a Baby Etchecopar. El senado vota lo que quiere y en la forma que desea porque tiene mayoría. Y así con diversos otros bordes. Escribir esto, ¿es Desinformación?. ¿Periodismo de no calidad? ¿Tiene pensado NODIO actuar sobre esto? ¿Qué “insumo” planea al respecto?

Claro que NODIO no reviste la relevancia de lo que se vive hoy, al menos en el cuerpo de la ciudadanía, mal que le pese a las autoridades que dicen poco y nada al respecto: la indiscutida crisis de salud, el parate económico o la pandemia de inseguridad. Pero este borde es una clara advertencia de lo que puede existir en el corazón de los que lo hacen latir. Monitorear lo que se piensa y dice tiene un sólo nombre. Y todos los sabemos de memoria.

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