
La presencia de los creyentes en sus templos es de gran importancia, porque inspira sentimiento y emoción. A su vez, trae paz y esperanza por medio de las oraciones, que brotan de los corazones sensibles.
Sin embargo, vale recordar que los creyentes pueden hallar también a Dios en la profundidad de los corazones, donde sea que estén. Dios es infinito y Su presencia abarca todo el Universo y de esa forma, Él estará siempre presente.
“Cerca está Dios de todo el que Lo invoque, el que Lo invoque con autenticidad” (Salmos 145:18).
No asistir al templo en estas circunstancias no imposibilita la conexión con Dios. Según el relato bíblico, las matriarcas Sara, Rebeca y Raquel eran estériles y rezaron a Dios para poder procrear sin asistir a ningún templo; Jonás, el profeta, rezó desde el vientre de una ballena; José rezó desde una prisión faraónica y fue liberado; Moisés oró en pleno desierto en favor del pueblo de Israel y sus súplicas fueron escuchadas; Jana se alejó del Templo para rezar a Dios por un hijo, y le fue concedido el profeta Samuel como hijo, mientras que Elí, el Gran Sacerdote, no se percataba que sus hijos se habían hecho corruptos lucrando con el Santuario.
El hombre de fe que desea cumplir la voluntad de Dios debe tener en cuenta también que la Torá establece puntualmente que mantener la salud y la vida es un mandamiento fundamental y tiene prioridad en relación a los otros mandamientos.
No puede la persona actuar con inconsciencia y decir: “Dios me protegerá”, y exponerse al peligro. La propia Torá establece anular el ayuno de Iom Kipur, el día más sagrado del calendario hebreo, y profanar el Shabat, el día santo de descanso según la tradición judía, si es necesario, para preservar la vida, aun cuando las posibilidades de perjudicarse sean dudosas.
En el contexto actual, al día de la fecha, a causa de la pandemia del coronavirus, lo correcto según nuestra sagrada Torá es hacer caso a las recomendaciones de los expertos, y si para ello se requiere rezar en privado en su casa, que así se haga.
¨Entra en tus aposentos, y cierra tras de ti tus puertas; escóndete por un tiempo, hasta que pase la ira” (Isaías 26:20).
Quien posea una razón especial o alguna otra motivación que lo incline a asistir al Templo, que lo haga con los cuidados adecuados y cumpliendo con el protocolo dispuesto.
Convocamos a aprovechar estos momentos para tomar conciencia de los verdaderos valores nobles de la vida, encaminar nuestras actitudes en la senda del bien, y fomentar la armonía y la solidaridad.
Nuestro deseo ferviente es que Dios nos ilumine con sabiduría para actuar con cordura.
*El autor es Gran Rabino de la Comunidad Sefardí de Buenos Aires, fundador y presidente de Menora, Organización Mundial para la Juventud
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