La semana pasada, los Moyano bloquearon la planta de distribución de Mercado Libre alegando que las 12.000 personas que trabajan en los centros logísticos de Mercado Libre tienen que estar afiliados al sindicato de camioneros. A ellos no les interesa si esos trabajadores quieren estar afiliados al sindicato de los Moyano, a otro o a ningún sindicato: el tema es tener más afiliados y recibir las cuotas sindicales. Un negocio que nada tiene que ver con los derechos de las personas.
Pero al observar ese comportamiento patotero de los Moyano y la indiferencia del Estado para ejercer la libertad de trabajo que consagra nuestra Constitución y que, además, es un derecho humano, permaneció indiferente, me acordé del ensayo “La Ley” de Frédéric Bastiat, un pensador francés de una genial agudeza al momento de argumentar, que publicó ese ensayo en 1850.
Dice allí Bastiat, refiriéndose a la expoliación: “Porque hay dos clases: la expoliación extra-legal y la legal. En cuanto a la extra-legal, la que se llama robo, estafa, la que define, prevé y castiga el Código Penal, en verdad no creo que pueda decorársela con el nombre de socialismo. No es la que amenaza sistemáticamente a la Sociedad en sus fundamentos”. Y agrega, refiriéndose a la expoliación legal: “La ley a veces defiende y participa en la expoliación. A veces la lleva a cabo por su propia mano a fin de ahorrarle al beneficiario la vergüenza, el peligro y el escrúpulo. A veces pone todo aquel aparato de juzgados, policía, gendarmería y prisión, al servicio del expoliador, tratando como criminal al expoliado que se defiende. En una palabra, existe la expoliación legal…”

En otras palabras, seguramente Bonnie y Clyde eran más capitalistas que los de La Cámpora, pero no recurrían al estado para que, usando el monopolio de la fuerza, le quitara a otros lo que les pertenecía sancionando leyes inmorales.
También Bastiat nos dice: es más fácil que uno se defienda del ladrón común y corriente que del ladrón que apela a la “legalidad” para robar, que no es otra cosa que la expolición legal. Y enseguida explica cómo reconocer la expoliación legal, el robo legalizado. Dice al respecto: “Es muy sencillo. Hay que examinar si la ley quita a algunos lo que les pertenece, para dar a otros lo que no les pertenece. Hay que examinar si la ley realiza, en provecho de un ciudadano y en perjuicio de los demás, un acto que aquel ciudadano no podría realizar por sí sin incurrir en criminalidad”.
La clave está en el último renglón del párrafo anterior. Si, por ejemplo, yo me paro con un grupo armado frente a una empresa para obligarla a contratar mi servicio y no la dejo trabajar si no me contrata, estoy cometiendo un delito. Ahora, si recurro al estado y le pido que sancione una ley que obligue a esa empresa a contratar mis servicios como economista, entonces los delirantes progresistas consideran que lo mío es una conquista social.

El comportamiento de los Moyano está basado en el robo legalizado. Utilizar la expoliación legal para quitarles derechos a personas a las que se les pretende quitar el derecho de decidir si se afilian a un sindicato o no.
Argentina tiene una larga decadencia porque su sistema institucional, sus leyes, códigos, costumbres y valores están basados en el robo legalizado. El estado se ha transformado en el brazo armado de los delincuentes que se apropian del trabajo ajeno, haciéndolo en nombre de las conquistas sociales y defensa de la producción nacional. Por eso el Congreso tiene legisladores que nos cuestan fortunas, porque forman parte de esa Argentina saqueadora, donde no progresa el que desarrolla su capacidad de innovación y satisface las necesidades de los consumidores ofreciendo bienes y servicios en precio y calidad que el consumidor demanda, sino que progresa él que mejor sabe usar el brazo armado del estado para quedarse con lo ajeno mediante el robo legalizado.
Los Moyano son el exponente de la causa de esta Argentina decadente, con enormes bolsones de pobreza y creciente desocupación. Los Moyano son el reflejo de la enorme cantidad de saqueadores que usan el robo legalizado bajo el argumento de conquistas sociales para sencillamente robar y violar derechos individuales y buena parte de la dirigencia política es socia de los que recurren al robo legalizado.
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