La niñez y las consecuencias psicológicas del encierro

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Hay que poner palabras, explicarles
Hay que poner palabras, explicarles de qué se trata el coronavirus y por qué el cambio de rutina familiar y social. (Thomas Khazki)

Las niñas y los niños sufren, y mucho más cuando no se les explica lo que está sucediendo. El coronavirus también modificó sus rutinas y entonces van haciendo tanteos para encontrar un nuevo equilibrio donde el rol de los adultos es fundamental para que puedan hallarlo. Es esperable que presenten alteraciones psicofísicas como intentos para construir una nueva rutina ante un mundo que se desarmó. Sus síntomas son el modo con el que pueden enviar señales de alarma para que los padres les presten atención y se den cuenta de que algo les está pasando, de que algo de lo que está pasando en el hogar y en el afuera no les cierra. Las niñas y los niños decodifican, como pueden, acordes a sus recursos internos, lo que perciben de sus adultos de crianza y del mundo que habitan. Si los padres manifiestan conductas diferentes, si están más tiempo dentro de las casas pero no precisamente felices, se conmueve la estructura de contención que necesita la niñez para desarrollar sus vidas con normalidad. Saben que algo está pasando, lo perciben, pero no terminan de comprender la dimensión de lo que sucede. Si no están informados, aumentará la incertidumbre que será traducida en ansiedades y angustias propias del miedo a lo desconocido y lo tan temido, como es la enfermedad y la muerte. De este modo seguirán enviando señales de alteraciones psicofísicas, como SOS, para mostrarles a los adultos de crianza la desorientación que padecen y poder así ser rescatados de ese malestar.

Para empezar a desarmar los síntomas que aparecen en la niñez actual, atravesada por el encierro y sus consecuencias, hay que poner palabras, explicarles de qué se trata el coronavirus y por qué el cambio de rutina familiar y social. Y por sobre todo, tranquilizarlos, explicándoles que todas las medidas que se están tomando, si se respetan, si nos cuidamos, es probable que nadie de su entorno enferme y muera. No se les pueda dar certezas porque no las tenemos, pero sí aportarles la calma necesaria que los armonice en lo cotidiano y fundamentalmente les aclare la duda fundamental: que no está sucediendo nada que ellos no sepan, que nadie de su entorno está enfermo. Las noticias hablan todo el tiempo de números crecientes de contagios y muertes, y las niñas y los niños pueden creer que contagio es sinónimo de muerte. Entonces aclararles que en el caso de que alguien contraiga el virus no significa que inevitablemente muera; esa aclaración desarmará sus fantasías ligadas a la muerte.

Por otra lado, si en condiciones normales aparece el aburrimiento, mucho más en estos días que se disfrazan de domingos interminables. El aburrimiento es parte de la vida, no es necesario que llenemos sus espacios, las niñas y los niños tendrán que aprender a confrontarse con sus propios hartazgos. Jugarán solos, con hermanas o hermanos, con amigas o amigos imaginarios o reales, a través de las redes o por teléfono. Y pueden, y es muy recomendable, jugar en familia, retomando aquellos juegos que se descartaron o que nunca se jugaron por el agite de la vida cotidiana. El confinamiento puede ser una oportunidad para volver a encontrarnos en familia, sentados a la mesa sin apuros, sin noticieros ni celulares. La cuarentena puede invitarnos al diálogo, a contemplar fotografías y videos y recuperar la historia y la memoria familiar, a jugar y potenciar la capacidad lúdica que siempre será un signo de salud y apertura mental. Y cuando las niñas y los niños se aburran, explicarles que es normal, que hay veces que los adultos tampoco sabemos qué hacer. ¿Entonces? No hacer nada, transitar el vacío, no responder a la lógica del capitalismo en el que el tiempo siempre se mide y tiene que ser productivo. Tendrán que soportar el aburrimiento como tantas otras sensaciones y vivencias que son o serán desagradables. Y confiar en que algunas veces la nada puede llevarnos al descubrimiento de algo novedoso.

El coronavirus podrá dejarnos una enseñanza, eso dependerá de cómo lo transitemos. Podemos transformar este tiempo histórico, signado por la pandemia, en algo singular y valioso. Ayudemos a nuestros hijos y a nuestras hijas a decodificar lo que está sucediendo: les será menos traumático elaborar este malestar y saldrán de la cuarentena con nuevas herramientas para moverse en el mundo que les espera.

El autor es psicólogo (UBA) y escritor