La decisión de la Argentina de retirarse de las negociaciones de acuerdos comerciales del Mercosur con terceros países reabrió la discusión entre proteccionismo y apertura comercial. La Argentina siempre favoreció mantener aranceles altos para proteger y potenciar el desarrollo del sector industrial. La incorporación al GATT, que reunía a los países con mayor participación en el comercio internacional, recién tuvo lugar en 1967, 20 años después de su fundación. Esta organización privilegió la liberalización comercial a través de acuerdos para reducir los aranceles industriales mientras aceptaba la protección y los subsidios en el sector agropecuario.

La creación del Mercosur en 1991 y las negociaciones de la Ronda Uruguay que culminaron con el reemplazo del GATT por la OMC en 1995 plantearon un desafío para la industria nacional por la competencia con Brasil al eliminarse las tarifas en un plazo de cuatro años y establecer un arancel externo máximo del 35%. El Mercosur fue también en su momento objeto de una fuerte oposición de aquellos que sostenían que no estaban en condiciones de competir con la industria brasilera, que había tenido un importante crecimiento en las dos décadas anteriores. Los argumentos son siempre los mismos.

La aparición de nuevas tecnologías y la relocalización de las multinacionales en países con mano de obra excedente influyeron sobre las posibilidades de la continuidad del desarrollo industrial tanto en Brasil como en la Argentina. Los países asiáticos incluido China disminuyeron sus aranceles para facilitar el comercio y se multiplicaron los acuerdos de libre comercio para atraer inversiones para lo cual era necesario facilitar exportaciones e importaciones. Los países que quedaron afuera del entramado de preferencias arancelarias vieron disminuidas las oportunidades de acceso para sus exportaciones y no crearon condiciones para recibir inversiones. Corea por ejemplo tiene ALC con Australia, Nueva Zelanda y Estados Unidos.

Los datos del intercambio industrial de la Argentina y Brasil que reflejan una importante participación de manufacturas se encuentran distorsionados por el comercio administrado del sector automotriz. Las cifras del comercio global indican que el sector industrial de ambos países incrementó su dependencia de las importaciones de bienes de capital y partes desde los países asiáticos, en especial China, sin lograr una integración vertical. El ministro Kulfas define en un trabajo sobre el desarrollo industrial en el período 2003/2015 de la siguiente manera: “Un sector manufacturero que logró crecer de manera considerable... sobre la base tecnoproductiva existente…sin gestar un cambio estructural... menos integrada y más ensambladora”. La baja integración nacional del sector automotriz y el ensamblado de electrodomésticos son un claro ejemplo de este proceso.

El cuestionamiento a las negociaciones y en especial con Corea pareciera no tener en cuenta la evolución del sector industrial. En el mismo artículo el ministro Kulfas sostiene que el desarrollo industrial futuro pasa por “la conformación de clusters tecnológicos en torno de recursos naturales que permitan desarrollar y manufacturar bienes de capital”. Esta formulación requeriría contar con una macro economía estable, financiamiento y empresarios dispuestos a invertir en el desarrollo tecnológico que pueda competir y reemplazar en el mediano plazo la oferta importada. En sus palabras, la protección favorece un desarrollo industrial para la preservación de rentas y una creciente dependencia de las importaciones con un mayor componente tecnológico.

Los acuerdos de libre comercio forman parte de una política comercial pero también industrial de largo plazo que exceden la grave coyuntura creada por la paralización de la actividad de los sectores industrial y servicios; los plazos de implementación de los cronogramas de desgravación no son inmediatos y dependen de la sensibilidad de los sectores para adaptarse a la competencia. La “suspensión” de la participación de la Argentina en las negociaciones externas del Mercosur constituye una de las decisiones más importantes no sólo en materia de política externa sino también en política industrial. La definición de un programa para el sector aún en las duras condiciones actuales donde la prioridad es poner en funcionamiento a las empresas afectadas por la cuarentena contribuiría a esclarecer las perspectivas para el sector industrial y las posibilidades de inserción en el comercio internacional.

El autor es Licenciado en Economía Política (UBA), Master in Economics (University of Boston) y fue embajador argentino en Tailandia. Es Miembro Consultor del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI)