La oportunidad histórica de Alberto Fernández

El presidente Alberto Fernández (REUTERS/Ricardo Moraes/File Photo)
El presidente Alberto Fernández (REUTERS/Ricardo Moraes/File Photo)

Los ministros del área económica y el Banco Central tratan de coordinar los instrumentos macroeconómicos que conocen para mejorar nuestra compleja economía, pero para tener éxito deben considerar las variables más importantes en las naciones: el empleo y los emprendedores, con sus vitales procesos de innovación.

Ya en 1776 Adam Smith mencionó textualmente: “La riqueza aumentará en proporción a la habilidad y a la eficiencia del trabajo y al porcentaje de la población consagrado a esa tarea”.

En ese sentido, parece conveniente considerar lo que todos conocemos: que los 8.055.300 trabajadores (según cifras del Ministerio de Trabajo de octubre pasado, de los cuales 6.033.700 son privados; 1.824.300, monotributistas y 397.500, autónomos), no pueden ser el sostén de una población de 45 millones, entre los cuales, hay 3.200.000 empleados públicos, 7.000.000 jubilados y 8.000.000 de planes sociales.

Por eso, es el incentivo al empleo la respuesta a las preguntas que el Premio Nobel de Economía 1995, Robert E. Lucas, se hacía a finales de los noventa: “¿Qué acciones deben tomar los gobiernos para que sus países crezcan como los desarrollados? ¿Cuáles son esas acciones? ¿Qué hay en la naturaleza de los países para que esto sea imposible?”.

En nuestro país la generación de empleo está fuertemente contrariada por las cláusulas indemnizatorias de la Ley de Contrato de Trabajo y las anexas, que penalizan a los empleadores generando trabas a la creación de empleos y de emprendimientos; sin éstos, no hay crecimiento económico.

Esta es la principal razón del escaso desarrollo de nuestro país, coincidente con los países subdesarrollados, todos con estas legislaciones laborales constrictivas. Así lo informó el Banco Mundial en un estudio del 2018 en el que precisa que Argentina, entre 200 países, fue la economía que menos creció durante 70 años.

Sin embargo, en nuestro país, existe una excepción: el Estatuto de los Trabajadores de la Industria de la Construcción que sí alienta el empleo y funciona exitosamente. En esta rama, en la cual no se indemnizan los despidos sino que rige el denominado Fondo de Cese Laboral., trabaja más del 7 por ciento de los trabajadores registrados (Ministerio de Trabajo, 2017).

Por eso, la primera acción para el crecimiento debería ser la universalización de este estatuto extendiendo sus beneficios a todos los trabajadores. Esta modalidad rige en Brasil. Allí, donde no hay confrontación entre empleado y empleador, está disminuyendo el desempleo y creciendo su PBI per capita Además, según CEPAL, recibió en 2017 inversiones por casi 80 mil millones de dólares -cuando Argentina sólo 4,2 mil millones-, cuenta con reservas de 400 mil millones de dólares y se encuentra en una notoria etapa de crecimiento.

Dicho esto, el presidente Alberto Fernández tiene la oportunidad histórica de tomar acciones para promover el desarrollo a partir del florecimiento de miles de emprendimientos, con la consecuente multiplicación de inversiones y de empleo.

Así, con mayor cantidad de empleo mejorarán los salarios -sin inflación-, como ocurre en los países desarrollados; por su parte, la mayor creación de riqueza agrandará el sector privado con el consecuente achicamiento del Estado -sin despidos-, se generarán mayores ingresos fiscales y la economía crecerá impulsada por una sociedad en general más rica.

Con mayor cantidad de empleo disminuirá la pobreza, se sustituirán las viviendas precarias por dignas, aumentará la escolaridad, disminuirán los problemas sociales como también la delincuencia.

De la misma forma se manifestó la Organización Internacional del Trabajo en su informe mundial 2014-2015 sobre protección social: “Las políticas de protección social desempeñan un papel determinante en la realización del derecho humano a la seguridad social para todos, reduciendo la pobreza y la desigualdad y apoyando el crecimiento inclusivo, impulsando el capital humano y la productividad”.

Argentina es un país único: sólo falta permitir la generación de empleo para que sea uno de los más prósperos del mundo. Por eso, conocida la causa del estancamiento y la receta para superarlo, la decisión política está en manos del Gobierno.

Ojalá pronto podamos decir que el presidente Alberto Fernández derrotó al subdesarrollo.

El autor es empresario y escribió el libro “Pleno empleo”

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