
Vimos un debate mucho más interesante que el del pasado domingo. Mucho más abundante en propuestas y en chicanas.
Mauricio Macri intentó apoyarse en José Luis Espert y Alberto Fernández en Roberto Lavagna.
Todos saludaron a las madres en su día.
En general se los vio más cómodos y preparados.
A Nicolás del Caño se lo percibe más enojado y con un discurso para los propios. Utiliza el “pibes y pibas” como guiño a su espacio de pertenencia. Eleva el volumen y parece no querer cercanía con ninguno de los demás candidatos.
A Gómez Centurión se lo vio más preparado aunque aún no domina el manejo del tiempo lo hizo mucho mejor que la semana pasada. Desde el comienzo hizo foco en sus 20 propuestas y pareció mucho más sólido. Tiene un gesto de tamborillear los dedos en el atril que es síntoma de ansiedad. Quizás demuestra su lucha contra el reloj.
José Luis Espert fue el que mejor se desenvolvió tanto hoy como el Domingo pasado. Usó correctamente el tiempo, utilizó frases punzantes y tiró títulos. Fue evidente su experiencia como profesor y en cámara. Trató de despegarse del oficialismo ante los intentos del presidente de cercanía. Incluso pidió a Macri y a Fernández que se abracen ya que a su parecer son exactamente iguales y llevaron adelante las mismas políticas públicas. Usó corbata roja como símbolo de poder y de objetivos claros.
Roberto Lavagna también hizo un mejor papel aunque sigue siendo uno de los más flacos en exposición. Se lo nota reflexivo y con muletillas. Tuvo momentos de intervenciones interesantes pero no ganaron contundencia ni siquiera cuando prometió 2 millones de empleos en 4 años sin precisiones de cómo lograrlo. Utilizó bastante el gesto de la precisión poniendo los dedos juntos al hablar.
Alberto Fernández empezó tomando el guante de su dedo índice y restándole importancia en comparación con el índice de inflación que se conoció esta semana. Estuvo menos combativo en un principio pero tuvo que reaccionar a los ataques continuos de Mauricio Macri. El dedo casi no aparece salvo para señalar al presidente a quien se refiere como tal. Muchas veces mencionó su rol de profesor y destacó ser el único abogado entre los candidatos. Tuvo momentos de improvisación y respondió a cada ataque sin evadir ninguna acusación. Se lo vio sólido.
Mauricio Macri comenzó pegando y refiriéndose a su compañero de fórmula que no se oculta en clara alusión comparativa con Cristina Fernández de Kirchner. Estuvo seguro, fuerte, elevó la voz y se lo notó vehemente por momentos. A medida que ganaba velocidad en el habla perdía claridad en la dicción. Los cruces y acusaciones con su adversario fueron constantes. Gesticuló mucho y de forma abierta. Mencionó que volvería a debatir en tres semanas aludiendo a llegar a una segunda vuelta.
Tanto Macri como Fernández hablaron de reconciliar a los argentinos y de zanjar la grieta pero durante todo el debate la profundizaron lo más posible.
Fue un debate enriquecedor en propuestas y en ejercicio democrático y debemos estar orgullosos de haberlo llevado a cabo.
La autora es consultora en imagen y comunicación política
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