
Fernando VII nació un 14 de octubre de 1784 y hay que recordarlo porque este rey se cuenta entre las peores cosas que le pasaron a España, y esta es una pesada acusación, pues muchas cosas malas acontecieron en la madre patria. En opinión del que suscribe, Fernando se lleva las de ganar porque él y sus medidas arbitrarias y autocráticas condujeron a la desintegración del Imperio. Podría haber adoptado la Constitución liberal para avanzar hacia una monarquía parlamentaria, podría haber negociado con los patriotas, podría haber constituido una Commonwealth como lo hicieron los ingleses, podría haber evitado el derramamiento de sangre en las colonias, creando odio y resentimiento contra todo lo español… Pero no, él era "absolutamente absolutista" y, siguiendo sus designios, prefirió inmolar vidas y a su imperio, antes que sacrificar su orgullo.
Como sabemos, todo llega en la vida y especialmente cierto es que a todos nos llega el final de la existencia. Con su muerte, el orgullo del rey también llegó a su fin. Esta es la historia de sus últimos días y el médico que lo trató.
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Fernando había llevado una vida de excesos, de todo tipo excesos y, particularmente, de ese tipo de excesos; usted y yo nos entendemos. A sus cuatro consortes debemos agregar innumerables amantes que escogía durante sus incursiones nocturnas por las oscuras calles de Madrid. Hasta el final de sus días y a pesar de tres matrimonios poco felices, no tuvo descendencia legítima ni bastarda. Fue justamente con su cuarta esposa, y además sobrina, María Cristina, con quien tuvo dos hijas. Un dato curioso: se dice que esta joven sería la nieta del odiado Godoy, ministro de Carlos IV y amante de la reina María Luisa, madre de Fernando. Es este un detalle menor que no puede confirmase sin tener que abrir varios ataúdes para cotejar ADN. Mejor dejemos a estos muertos en paz que bien muertos están.
Justamente fueron sus hijas la carga más pesada que Fernando le dejó a España, pues desataron las guerras de poder entre su hermano, Carlos, legítimo heredero del trono, según él, contra su cuñada y sobrinas, quienes fueron ungidos respectivamente regente, reina y princesa por la ley pragmática. Esta disposición que habilitaba a sus hijas para ascender al trono fue dictada por Fernando para desbancar la ley sálica que prohibía el acceso de las mujeres a la Corona. Estas diferencias condujeron a las guerras carlistas, uno de los muchos factores que llevaron a España a la miseria, junto al hecho de haber perdido las rentas de sus colonias americanas y a que Fernando les dejó a su viuda e hijas 500 millones de reales en una cuenta privada en Londres. Les suena, ¿no? Somos herederos del Imperio.
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La ley pragmática le había traído muchos problemas al rey Felón, así le decían después de haberlo llamado "El deseado" en sus años mozos, ya que era la esperanza de España, pero Fernando había defraudado a todo el mundo: padres, hermanos, amigos, súbditos y esposas.
La Iglesia no estaba de acuerdo con la pragmática y había amenazado al rey con pasar una larga temporada en el infierno, lugar en el que creemos que descansa. Este miedo hacía que Fernando titubeara y se la pasaba poniendo la pragmática y sacando la sálica, y al rato se arrepentía y volvía a incorporar la sálica, y así sucesivamente. Fueron tantas vueltas que el rey perdió la cuenta y al final la ley pragmática estaba vigente cuando la muerte lo pilló.
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Los excesos de la carne, tanto de las que se ingieren como de las otras, lo condujeron a una insuficiencia renal, hipertensión y gota, mezcla complicada que lo puso al borde de la muerte. Los médicos ya no sabían qué hacer ni a quien consultar. Sabían a quién llamar, pero como el doctor Pedro Castelló Ginestá estaba preso por ser liberal, nadie se atrevía a nombrarlo. Al final y estando el rey a punto de convertirse en un habitante eterno del Escorial, léase, morirse, alguien sugirió el nombre del buen doctor y Fernando, desesperado, lo convocó. Castelló hizo su trabajo y al poco tiempo el Felón volvía a ser tan Felón como antes.

Fue entonces que el doctor Castelló pidió permiso para volver a prisión, cosa que Fernando VII le negó. ¿Cómo podía un hombre de su talento seguir en prisión? El rey le ofreció ser su médico de cámara, oferta que Castelló rechazó. "¿Por qué no?", le preguntó Fernando. "Pues por ser liberal y respetar la Constitución", contestó el doctor. Cabe señalar que se refería a la Constitución liberal de 1812, vulgarmente llamada "La Pepa", de allí la expresión popular que asimila la Pepa al libertinaje.
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Entonces Fernando, haciendo alarde de un espíritu muy liberal, cosa que el rey les negaba a sus súbditos, le dijo al doctor Castelló: "Pues tu te quedas acá y serás la única persona en España autorizada a vivar la Constitución cuantas veces quieras y aun en mi presencia". Tentado por esta oferta, el doctor se quedó en la Corte y aprovechó su influencia sobre el rey para liberar a varios colegas y amigos que había sufrido su misma suerte por vivar la Pepa.
Como dijimos al comienzo, todo llega en la vida y a Fernando al fin se lo llevaron las Parcas, a pesar de los esfuerzos del doctor Castelló. El momento fue inmortalizado por el pintor Federico de Madrazo y Kuntz, quien retrató al doctor muy compungido en el momento que su paciente más famoso se despedía de este mundo para pasar al más allá.
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El cuerpo de Fernando fue conducido al Escorial para descansar con sus predecesores en el trono, pero el traslado fue con tan poca fortuna que el pesado ataúd cayó al piso y partió uno de los escalones de mármol del recinto donde los reyes cumplen el precepto bíblico de volver al polvo primigenio. El lugar de marras se llama "El Pudridero", un nombre chocante pero apropiado para la misión que cumple. El escalón de mármol nunca fue reemplazado y es otra marca poco gloriosa que el Felón ha dejado en la historia de España.
Como he dicho, muchas cosas malas hizo Fernando, pero si alguna vez tiene oportunidad de visitar el Prado, donde se encuentra este cuadro, pintado por quien fuera uno de sus directores, recuerde que este maravilloso museo fue fundado por un Felón.
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Es autor de "Ciencia y mitos en la Alemania de Hitler" (Ediciones B).
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