
Al reflexionar sobre el presente del ecosistema emprendedor, Gaby sostiene que “para escalar un proyecto necesitás logística de sistemas y física”. En esta entrevista, profundiza sobre la consolidación de las comunidades startup, los desafíos cotidianos de quienes lideran equipos y el valor de construir redes que trasciendan fronteras.
¿Qué percibís hoy del mundo emprendedor en Argentina?
El mundo emprendedor en Argentina evolucionó para bien. Empezamos allá por 1999, 2000, con mucho idealismo, con esa idea de “queremos cambiar el mundo”, y eso estuvo buenísimo porque nos permitió hacer cosas extraordinarias con recursos muy escasos. Y no hablo solo de dinero, sino de recursos tecnológicos.
Con el tiempo se fue profesionalizando y agrupando en distintas verticales. Hoy está todo más maduro, con soluciones reales que pueden implementarse en la industria, en la logística, en la salud y demás. El emprendedor ya no va solamente a buscar el millón de dólares: va a buscar una solución concreta, un equipo sólido, un proceso. Eso está buenísimo porque marca una etapa más consciente.
¿Cómo relacionás todo esto con el mundo de la logística?
La logística fue durante mucho tiempo invisible. Se daba por sentado y se aceptaban sus ineficiencias. Cuando empezamos con las primeras plataformas de comercio electrónico en los 2000, primero había que resolver el carrito de compra, la confianza para pagar online. Después apareció el medio de pago. Y recién ahí empezó a tomar protagonismo el sector. Podías comprar online, pero alguien tenía que traer el producto.
El consumidor actual aprieta un botón y quiere que el producto llegue ya. Eso solo ocurre si todo está sincronizado: tecnología, pagos, depósitos, última milla, media milla, transporte internacional. Hoy la logística es 100% visible. Es el cuello de botella, pero también una oportunidad infinita de negocio.
¿Cómo ves la evolución del ecosistema startup en los últimos años?
Al principio eran “locos en bares”. Después empezaron a agruparse. Hoy hay comunidades en cada ciudad del mundo. Eso atrae a empresas de economía real que ya no pueden financiarse internamente como antes. En algunos casos, surgen modelos que en vez de invertir dinero directamente, te validan usando tu producto. Eso es una forma de inversión.
Las comunidades se volvieron heterogéneas: ya no son solo perfiles tecnológicos, sino que integran inversores, universidades, gobiernos y empresas tradicionales. Eso generó presión para actualizar marcos regulatorios que eran milenarios. Lo que falta ahora es conexión. No solo vertical uno con vertical dos, sino interconexión global.

¿Conectar a emprendedores globalmente también es logística?
Totalmente. Para escalar un proyecto necesitás logística de sistemas y física. Desde enviar una computadora a un colaborador en otro país hasta gestionar el retiro cuando deja la empresa. Hay startups que ya hacen delivery mundial de equipamiento. Si tu colaborador está en Asia y deja de trabajar, gestionan el traslado de la computadora a Estados Unidos o Argentina.
Pero antes de eso hay que entender la cultura. Cuando vas a otro país, o incluso a otra ciudad dentro de tu propio país, las tradiciones cambian, los tiempos cambian, la forma de hacer negocios cambia. Primero hay que comprender ese contexto.
Te doy un ejemplo simple: cuando pedís un cortado en Uruguay, es casi todo leche y lo cortan con café. En Argentina es al revés, es café y lo cortan con leche. Estamos al lado, nos separa apenas un río, y sin embargo cambia. Imaginate cuando cruzás continentes.
Entonces la logística, las capacidades que tengas para conectar personas, sistemas, equipos y mercados, y la apertura cultural para entender cómo funciona cada lugar, son lo que realmente permiten escalar. No podés construir con el mapa del pasado. Hay que animarse a usar el mapa nuevo, con nuevas herramientas, sin perder el propósito que te guía y que le da sentido a lo que hacés.
¿Qué preocupaciones quitan el sueño?
Lo primero es el costo de oportunidad. Si estoy haciendo esto, ¿qué me estoy perdiendo? ¿Podría estar trabajando en una empresa grande? ¿En otro proyecto? Después vienen las preguntas más concretas: ¿voy a poder pagar los costos?, ¿los clientes me van a comprar?, ¿voy a depender de un solo cliente?
Hoy estamos más en una etapa de sostener que de escalar. El mundo y los ecosistemas cambian tan rápido que no alcanza con una buena idea y una gran ejecución. Hay que aguantar. Me acuerdo de Rocky cuando decía que no importa pegar más fuerte, sino cuánto podés resistir. Eso es 2026.
No siempre gana el que golpea primero. Muchas startups no son las que irrumpen con más fuerza, sino las que se sostienen en el tiempo. La combinación de experiencia y empuje es muy potente.
¿Qué define a un emprendedor exitoso?
Uno no puede decir “soy un emprendedor exitoso”, pero sí hay pistas que te muestran qué tan lejos podés llegar. Muchas veces hablamos de startup, pero debería llamarse “start down”, porque son más los que bajan que los que suben.
Hay señales claras. La primera es la confianza. Confiar en uno mismo para luego poder vender esa idea a los socios, a los primeros clientes, a los inversores, a la familia. Eso se retroalimenta.
Después está el foco. Se habla mucho de atención, pero también de tensión, esa incomodidad que te obliga a salir de la zona de confort. El emprendedor siempre está incómodo en cada etapa.
También es clave la comunicación con el equipo y con los stakeholders. Y, por supuesto, tener producto. Si no materializás algo concreto, todo puede parecer humo. El contexto también importa. El entorno, el producto y el momento influyen en que ese emprendedor pueda consolidarse.
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