
Al referirse a lo que debe observar alguien que pisa un depósito por primera vez, Alan comenta que “le diría que mire tres cosas: orden, limpieza y estado de los pallets”. En esta entrevista, comparte su mirada sobre la operación en cosmética, los procesos críticos del abastecimiento y la relevancia de incorporar tecnología para sostener una gestión eficiente.
¿Cómo describís el estado actual de la cadena de suministro en la que trabajás?
Hoy la cadena está estable. Es la mejor palabra para describirla. El abastecimiento depende mucho del contexto político y económico. Hubo períodos donde necesitábamos declaraciones juradas, licencias y autorizaciones que demoraban todo. Hoy se puede comprar con previsibilidad y los embarques llegan a tiempo.
Obviamente seguimos expuestos a desafíos globales, como el tráfico marítimo y los retrasos que pueden aparecer en rutas internacionales. Pero, comparado con otros años, la cadena funciona de manera fluida y eso marca una diferencia enorme.
¿Cuáles son los procesos más sensibles y por qué?
Para mí hay pilares centrales:
Primero, el forecasting de demanda. Sobreestimar o subestimar te puede generar faltantes o, al revés, obsolescencia. Cuando te queda producto que rota poco, tenés que activar acciones con marketing para moverlo, y aun así termina siendo un costo innecesario.
Segundo, la precisión del inventario. Hay que hacer conteos preventivos y correctivos durante el año. En mi caso, busco hacer tres vueltas completas de conteo —el famoso wall-to-wall— para cerrar el año con el menor error posible. La verificación final confirma si la precisión se sostuvo y permite ajustar el sistema para reflejar la realidad.
Y un tercer eje sería la distribución, que siempre es crítica por la cantidad de variables externas que pueden aparecer.
¿Cuán importante es la coordinación con otras áreas como marketing, ventas o finanzas?
Es fundamental. La comunicación lo es todo. Me tocó implementar ciclos mensuales de S&OP donde se revisa la demanda del mes anterior y se proyectan los próximos 18 meses. Se analizan meses críticos, se revisan riesgos, acciones pueden acelerar la rotación o dónde puede haber quiebres de stock.
Allí tiene que participar marketing, ventas, supply chain, finanzas y comercial. Esa rutina permite a uno anticiparse a problemas y alinearse en decisiones que impactan directamente en la operación.
¿Qué tecnologías se usan para optimizar el depósito y la organización interna?
En administración de depósitos, la tecnología es clave. Necesitás un buen WMS, sobre todo en cosmética. Por ejemplo, en la categoría de color no podés almacenar labiales o productos sensibles al calor en posiciones altas porque se derriten.
Con un buen sistema podés setear reglas de ubicación: cuando ingresa un contenedor con multiproducto, el WMS indica dónde se puede ubicar cada ítem para asegurar conservación y eficiencia. La tecnología ordena y evita errores que, en este rubro, pueden costar mucho.

¿Cómo le explicarías a alguien que nunca vio un depósito cómo funcionan?
Un depósito es un espacio donde se almacena mercadería paletizada. El orden y la limpieza son esenciales. Cuando caminás por los pasillos, ves la salud del negocio: si los pallets están limpios y rotan, es un buen signo; si hay ubicaciones llenas de polvo, probablemente sea mercadería obsoleta, que tarde o temprano se descarta.
También importa cómo se distribuyen los productos según sus características, y por eso el sistema es indispensable. Para alguien que entra por primera vez, yo le diría que mire tres cosas: orden, limpieza y estado de los pallets.
¿Qué habilidades buscás cuando incorporás gente a tu equipo?
El perfil cambió muchísimo. Antes se buscaban roles operativos. Hoy se necesitan perfiles híbridos: gente operativa, pero también analítica, con interés en herramientas tecnológicas. El procesamiento de datos hace ahorrar tiempo y dinero, y se volvió central en supply chain.
También se habla mucho de inteligencia artificial, ciberseguridad e innovaciones que van a transformar el rubro. La gente que se incorpore tiene que estar abierta a aprender y a trabajar con información.
Yo creo que los que trabajamos en supply chain lo hacemos con vocación. Es un rubro donde pasan cosas todo el tiempo y hay urgencias reales. Te tiene que gustar. Para quienes recién empiezan, es un sector intenso pero muy lindo, donde uno aprende todos los días.
¿Hay algún aspecto del futuro de la logística que creas importante destacar?
Hoy las cadenas de abastecimiento necesitan escuchar todo lo que viene en materia de tecnología. La inteligencia artificial, la Internet de las Cosas y muchos sistemas nuevos van a transformar los procesos internos. No hay que quedarse quieto.
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