
“La digitalización es una deuda pendiente. Mientras no avancemos en eso, vamos a seguir con tiempos largos y procesos pesados”, sostiene Luis. Desde la mirada de un especialista en logística, analiza la presencia de neumáticos asiáticos, las diferencias entre segmentos y la necesidad de automatizar procesos.
¿Cómo se encuentra la industria del neumático y qué desafíos enfrenta hoy?
Hoy la industria del neumático tiene un gran desafío: el ingreso masivo de productos asiáticos, especialmente de China. Eso impacta mucho porque los costos en Europa o Sudamérica son mucho más altos que en Asia, y la diferencia de precios es enorme.
Se siente sobre todo en el mercado de neumáticos para autos, que es el más fuerte. Ahí entran muchísimos, y eso afecta directamente a las empresas locales que fabrican. En camiones no tanto, pero sí en autos. Es un problema muy marcado porque la situación del país hoy está más abierta a las importaciones y entran grandes volúmenes.
Entonces las compañías se encuentran en esa disyuntiva: ¿seguir produciendo o convertirse en importadoras? Es un vaivén complicado porque Argentina no permite planificar a largo plazo como otros países de la región. Hace poco, hace menos de dos años, teníamos faltante de neumáticos; hoy sobran porque se están importando sin restricciones. Esa inestabilidad es lo que más golpea.
¿Qué particularidades tiene trabajar con neumáticos en la logística y el comercio exterior?
La industria del neumático se divide en tres grandes rubros: automotriz, camiones y neumáticos especiales (como los agrícolas o mineros). Cada uno tiene desafíos distintos. Un neumático de auto pesa 6 o 7 kilos y se maneja de forma más rutinaria. El de camión ya supera los 20 kilos y es un rubro más asociado a industrias y distribuidores. Y los neumáticos especiales, como los mineros, pueden llegar a pesar 400 o 500 kilos.
Eso implica procesos totalmente diferentes, muchas veces por licitaciones, y con requerimientos técnicos muy específicos para la carga y descarga. En todos los casos, la carga manual sigue siendo un factor, lo que impacta en los costos porque necesitás gente para manipularlos. No es lo mismo bajar un contenedor de neumáticos de auto que descargar un neumático agrícola sin dañarlo. Cada segmento tiene su particularidad logística.
¿Qué papel cumplen los KPIs en la gestión logística y de comercio exterior?
Hoy los KPI son clave porque te permiten tener métricas claras de todo lo que se hace. Pero no es solo mostrar números: hay que entenderlos y poder explicarlos. En mi experiencia, lo importante es que el analista o el ingresante pueda presentar un KPI a la gerencia o vicepresidencia y que se apropie de ese indicador. Que no se limite a leer un número, sino que pueda decir: “En los últimos meses bajó o subió por tal motivo”. Eso hace que la persona entienda lo que está midiendo y lo siga con interés.
Después, esos KPI sirven para evaluaciones semestrales, para premios, para comparaciones entre equipos. Te comprometen tanto desde lo humano como desde lo salarial. Y además son útiles para mostrar el estado general de la empresa y compararse con otras áreas.
En comercio exterior, por ejemplo, un KPI clásico es todo el circuito desde que enviás una orden a la planta hasta que el producto llega al cliente. Ahí entra el tránsito internacional, la liberación de la mercadería, el almacenamiento y la entrega final. Ese recorrido completo está lleno de KPIs. Por ejemplo, podés medir que desde Europa tardás 65 días en entregar un producto. Esos son los targets que después comparás con los cumplimientos.

¿Qué tendencias tecnológicas ves que pueden transformar la cadena de suministro?
La tecnología es el factor más importante. Hoy todo lo que sea automatización de procesos está marcando una diferencia enorme. Muchas tareas repetitivas, como cargar datos de un PDF a un sistema o actualizar planillas todos los días, ya se pueden automatizar. Eso libera tiempo y permite que la persona piense en análisis y en cómo mejorar la compañía.
Además, hay herramientas de gestión que integran información y ayudan a los equipos de ventas, de logística o de comercio exterior a trabajar conectados. Lo que pasa es que en Argentina todavía falta mucho en automatización: seguimos con muchos procesos manuales, con demasiados Excel. En otros países de la región ya aplican soluciones que podríamos adoptar directamente sin tener que desarrollarlas desde cero.
La resistencia a la tecnología también es un tema. Hay gente que piensa que va a perder el trabajo por un robot, pero en realidad se trata de que la empresa sea más eficiente. Las compañías que están más automatizadas logran procesos más rápidos y menos costosos. Y esa es la verdadera diferencia.
La digitalización es una deuda pendiente. Mientras no avancemos en eso, vamos a seguir con tiempos largos y procesos pesados. Y en un contexto donde los competidores internacionales ya son más rápidos y baratos, esa diferencia se nota cada vez más.
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