
“Relaciones es igual a resultados”, afirma Federico. En su visión, los vínculos y la capacidad de unir necesidades con soluciones son tan importantes como la infraestructura y el capital humano en el desarrollo de Vaca Muerta. Con base en Neuquén, comparte cómo su experiencia previa en logística y retail le permitió detectar oportunidades concretas en servicios, almacenamiento y tecnología.
¿Cómo describís el momento actual que atraviesa Neuquén, en medio del crecimiento sostenido de su industria energética?
Neuquén es una zona muy pujante hoy en día. Dentro del contexto de Argentina, es una de las regiones más pujantes a nivel económico, donde tracciona muchísimo la industria de petróleo y gas. Sin embargo, la realidad está mucho más aumentada desde los medios de comunicación que lo que realmente ocurre.
Si bien hay un montón de inversiones y este año se está llegando al superávit energético y estamos exportando, todavía faltan inversiones significativas para poder dar el salto y explotar la formación de Vaca Muerta como corresponde.
Neuquén está burbujeante, hay muchísima actividad económica, pero seguimos esperando que llegue el momento donde realmente se alcance el nivel de maduración que requiere Vaca Muerta.
Con todo este recorrido, ¿Cuáles dirías que son hoy los principales desafíos para consolidar el crecimiento de Vaca Muerta?
Hay dos desafíos centrales: infraestructura y capital humano. Las zonas donde se concentra la actividad aún no cuentan con condiciones básicas para una vida estable: faltan viviendas, escuelas, hospitales, servicios esenciales.
Muchas personas llegan buscando oportunidades, pero no todos los perfiles se ajustan a lo que demanda la industria. La formación técnica y la adecuación a condiciones de vida exigentes son aspectos clave. La oportunidad está, pero hay que preparar el terreno para que sea sostenible.
¿Qué aspectos específicos deberían resolverse para optimizar la logística en la región y acompañar ese desarrollo?
El punto de partida es contar con la infraestructura necesaria para evacuar los recursos. Se han hecho avances con gasoductos y oleoductos, pero las inversiones llegaron más lento que el ritmo de expansión.
Además de esas obras estructurales, sigue habiendo necesidades urgentes en rutas, caminos, redes eléctricas y parques industriales. En algunos casos, un proyecto no puede avanzar simplemente por falta de energía disponible.
La logística en este contexto no se limita al transporte: abarca desde cómo se accede al lugar hasta cómo se mantienen las condiciones operativas día a día. El desfase entre lo que la industria requiere y lo que la infraestructura ofrece sigue siendo una brecha importante.

Desde tu experiencia como emprendedor, ¿qué tipo de oportunidades identificaste en este contexto de expansión?
Neuquén está lleno de oportunidades. Lo principal es que las empresas tienen un montón de requerimientos. Las compañías energéticas se quieren dedicar a lo que saben hacer, que es extraer petróleo y gas, y buscan empresas de servicios que les brinden soluciones en todo lo que no es esencial para su negocio, pero que igual necesitan. Una de esas necesidades es la habitacional.
Hoy el personal recorre distancias muy largas todos los días, desde su casa hasta el lugar de trabajo, y tarda al menos dos horas de ida y dos de vuelta. Eso representa un costo de tiempo, de calidad de vida y un costo económico para la empresa. Por eso, en Añelo surgieron emprendimientos semi-hoteleros para empresas, donde los trabajadores hacen un régimen de 15 por 7 días, se quedan a dormir allí y salen desde ahí al campo. Así se ahorran distancias, riesgos en la ruta y demás.
Hablaste varias veces de la importancia de los vínculos. ¿Qué rol juegan las relaciones humanas en este tipo de ecosistemas productivos?
Hay una idea que sintetiza bien cómo se construyen soluciones en contextos complejos: los resultados dependen de la calidad de las relaciones. En estos entornos, las respuestas rara vez son lineales, y lo que marca la diferencia es la capacidad de conectar necesidades con quienes pueden resolverlas.
A lo largo del tiempo, fui entendiendo que muchas veces no alcanza con tener una propuesta sólida. Hay que estar disponible, generar confianza y facilitar los vínculos. Hoy la tecnología ayuda a ampliar esas conexiones —por ejemplo, con plataformas que organizan licitaciones o compras—, pero el vínculo humano sigue siendo lo más importante. Hay que estar atentos, entender cuál es el problema real y actuar como puente. Eso es lo que termina generando valor.
Tu recorrido profesional comenzó en otro rubro. ¿Qué aprendizajes te llevaste de esa etapa y cómo los aplicás hoy?
La experiencia previa me permitió incorporar herramientas clave como la gestión operativa, el trabajo en equipo y el foco en la atención al cliente. Con el tiempo comprendí que, más allá del rubro, muchas actividades requieren una organización precisa de flujos, tiempos y recursos. Especialmente en contextos de e-commerce, la operación implica coordinar múltiples etapas: recepción de productos, almacenamiento, control, distribución.
Ese conocimiento, adquirido desde otra industria, resultó fundamental al momento de trasladarlo a un nuevo entorno como el energético, donde las exigencias en términos operativos y de seguridad también son muy altas.
De cara al futuro, ¿cómo imaginás la evolución de esta industria y qué mensaje le dejarías a quienes trabajan en logística?
Soy optimista. Vaca Muerta es una oportunidad concreta para el país, aunque no avance a la velocidad que todos quisiéramos. Pero estoy convencido de que tiene el potencial de consolidar un sector energético fuerte, con impacto real en la calidad de vida.
A quienes trabajan en logística les diría que este es un terreno fértil, pero que exige compromiso, formación y una mirada de largo plazo. No es un espacio para soluciones rápidas, sino para quienes estén dispuestos a aportar valor, profesionalismo y visión. La industria energética necesita operadores logísticos preparados, con capacidad de adaptarse y de traer lo mejor de otras experiencias.
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