
“Creo que la inteligencia artificial ayuda mucho, aunque en comercio exterior todavía falta desarrollo”, señala Alejandro, en relación al impacto de la tecnología como herramienta para optimizar la gestión de los compradores en un mundo que demanda maximizar la eficiencia.
¿Cuáles son los desafíos de trabajar en compras internacionales en un contexto de cambios normativos?
Lo fundamental es estar siempre conectado, interpretando normativas y anticipándose a lo que viene. A veces no es solo cuestión legal, sino de prever escenarios. Por ejemplo, hace un tiempo el problema era cómo pagar al exterior, donde, si no te anticipabas, tu empresa terminaba comprando sin poder pagar, generando compromisos difíciles de afrontar.
¿Cómo se desarrolla esa capacidad de previsión?
No hay manuales para eso. Todo depende de tus contactos, de estar abierto a escuchar y moverte. La red de vínculos dentro y fuera de la empresa es clave. Siempre hay que tener un plan A, B y C.
¿La comunicación es esencial en este trabajo?
Totalmente. Aunque tiene mucho de operativo, sin apertura y comunicación es imposible. A veces, un simple dato te permite adelantarte. Por ejemplo, durante la pandemia, escuché que se estaban complicando los viajes. Decidí anticiparme y compré más ácido cítrico del habitual. Esa decisión me permitió afrontar el peor momento de la pandemia sin problemas de abastecimiento.
¿Cuál es tu mirada sobre el rol de compras?
A veces es difícil tener la previsión necesaria. Por ejemplo, cuando se empezaron a complicar los giros al exterior, hubo que repensar estrategias. Una opción fue hacer envíos “collect”, es decir, que el exportador se haga cargo del flete. De esa manera, se paga al tipo de cambio oficial dentro del despacho, en lugar de afrontarlo acá a un tipo de cambio más elevado. Esa capacidad de anticiparse es clave en este rol.
¿Con qué mercados o países interactuás habitualmente?
Empecé con algo básico, armando despachos de cítricos. Con el tiempo, trabajé con mercados diversos: Malasia, China, España, Turquía, Costa de Marfil, Brasil, Perú y Estados Unidos. No se trata de un destino fijo, todo depende de las necesidades y productos. Por ejemplo, muchos almidones vienen de Estados Unidos.
¿Cómo es el trabajo de búsqueda de proveedores?
Existen varias herramientas. Una experiencia interesante fue cuando, casi por casualidad, me uní a una comunidad de cacao. Fue en plena pandemia y explotó el contacto con productores de Perú y Brasil, todo a través de reuniones virtuales. Gente muy dispuesta, con la que generás vínculos inesperados.

¿Qué rol juega la comunicación en la construcción de vínculos con los proveedores?
Fundamental. En un trabajo anterior, usábamos mucho Skype para hablar hasta la madrugada con proveedores chinos. Con el tiempo, se generaba un vínculo personal, te mostraban fotos de sus hijos y eso facilitaba la confianza. Una vez que llegás a ese punto, pedir un favor o ajustar un documento es mucho más sencillo.
¿Sentís que tu formación profesional abordó estos temas?
La formación que tuve fue muy comercial, lo cual estuvo muy bien. No era tan operativa, y eso facilitó interactuar con diferentes culturas, siempre desde el respeto y el profesionalismo, entendiendo los tiempos y procesos del otro lado.
¿Cómo ves la relación con Latinoamérica en este contexto?
No la veo complicada, pero faltan herramientas y canales de comunicación. La pandemia afectó mucho esto; antes se viajaba más. Hoy, aunque se evalúa todo desde una perspectiva de costos, existen grupos locales de compradores que asesoran y generan movimiento, incluso en comercio exterior y logística. Pero no se trata solo de esperar: hay que salir a buscar esas oportunidades.
¿Te interesan las innovaciones tecnológicas?
Soy curioso. Creo que la inteligencia artificial ayuda mucho, aunque en comercio exterior todavía falta desarrollo. Hay herramientas útiles, pero cuando se trata de normativas o procesos más complejos, la IA necesita más información para ofrecer soluciones realmente efectivas.
¿Qué expectativas tenés a futuro?
Creo que hay movimientos positivos en comercio exterior y logística. Faltan temas por resolver, como la deuda privada o el cepo, pero si se logra un equilibrio, hay mucho potencial para flexibilizar y crecer.
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