
Son grandes consumidoras de libros de autoayuda, o de psicología y leen más literatura relacionada con el mundo del amor, las emociones y el erotismo. La asimetría entre los géneros en todos estos temas es llamativa. Por lo tanto podemos hacer algún análisis.
Les propongo entrar sin vueltas al asunto. Lo que se observa es que la mujer valora mucho la vida emocional. Y esto es así en relación a su propia existencia como lo es también para con los vínculos que van construyendo. El género femenino está naturalmente siempre más atenta a los sentimientos y emociones de la vida cotidiana.
Me animo a decir que al universo del amor lo sostienen más las mujeres; son ellas las que primero ven y hacen saber que algo no anda bien, o que algo se está apagando: o que esa vida en pareja se fue burocratizando. Son las damas también las que muchas veces captan primero las sutilezas de las emociones de sus hijos, de sus sentimientos, de sus cambios en el estado de ánimo. Es que vibran con su cuerpo las emociones, propias y las de otros: el Yo femenino es un Yo predominantemente corporal, emocional o intuitivo. El nuestro, el de los varones, es un Yo más racional. Los hombres tendemos a refugiarnos más en la razón y el intelecto para resolver los conflictos del alma, y eso hace que a veces nos demos cuenta demasiado tarde de algunas cosas del mundo de los vínculos humanos. Las mujeres no: sienten, y con un gran compromiso corporal en ese sentir, se permiten más eso, tienen una gran predisposición a conectarse con esas vibraciones y a hablar públicamente de ellas.
Un océano de emociones
Cierta vez un paciente me decía: – "Gervasio, mi mujer es un océano de emociones, a veces se me hace difícil, no la puedo parar cuando entra en esos estados". Lo que se nos hace difícil a los hombres es mostrar nuestras carencias y vulnerabilidades frente a otros, mostrarnos en falta delante de los demás (un psicólogo, por ejemplo); siempre tenemos un falso orgullo al momento de sacar y mostrar nuestros miedos, nuestras miserias. Somos varones, "los hombres no lloran", siempre tenemos que afirmar nuestra masculinidad.
Los hombres vivimos un poco en guerra, siempre, con los otros, con el mundo, y no estoy caricaturizando al género, es algo muy antropológico. En los varones va la vida en todo, tenemos como cierta amenaza inconsciente sobre nosotros; siempre estamos presionados de ser exitosos, proveedores, buenos guerreros; y eso hace que se nos pasen muchas cosas en el territorio de los afectos, "armarse a sí mismo" es un tema permanente. No es que en las mujeres eso no está: la necesidad de desarrollo personal y todo eso es lo mismo: pero en los hombres la presión cultural es mayor. Incluso la mujer busca eso: un varón sin cierta ambición y espíritu guerrero, no suele ser un objeto erótico muy buscado por las damas, ni despierta mucha pasión.

Consultan menos
Todo esto que decimos sobre los hombres, nos hace más reticentes a pedir ayuda y a entrar al consultorio. Esa defensa casi no está en la mujer: suelen hablar de sí mismas, de sus tristezas y sus frustraciones con mucho más naturalidad. A veces esto las expone, es cierto; pero eso mismo es lo que hace que consulten más a los profesionales, les gusta, disfrutan de hablar y pensar en las cosas asociadas a los sentimientos.
Las mujeres entran al consultorio y casi inmediatamente muestran sus emociones: llamemos a eso llorar o meterse de entrada y bastante profundamente en el problema que las acerca. Con los varones no, siempre hay un pequeño combate previo antes de que se abran y exploren su interior, de entrada miden fuerza con el terapeuta. Evalúan si del otro lado hay un guerrero, o una guerrera (depende el género del terapeuta) pero tardan mucho más. Insisto con que es importante resaltar que para mí, el mundo del amor, lo sostienen mucho más las mujeres: a ellas enseguida se les encienden las alarmas y empiezan a hablar, a "denunciar" que algo se está silenciando, o vienen a la consulta para ver cómo encarar esos problemas.
Emociones e instintos
Por supuesto que el instinto de maternidad (que para mí existe, no todo es cultural en nuestra especie) o la experiencia corporal de tener un hijo, o las fantasías de ese acontecimiento si aún no se los tuvo, es determinante en todo esto que decimos: la simbiosis que se produce con los cachorros, los montos descomunales de afecto y pasión que hacen falta para que una mamá pueda captar bien las necesidades de su cría, hacen que las mujeres tengan una suerte de radar para lo afectivo que nosotros no tenemos. Todo está más "a flor de piel" en ese cuerpo capaz de producir una vida, de tener otro ser en su interior, a eso me refiero. La biología femenina genera toda una serie de predisposiciones en este aspecto.

El hombre y la mujer
Ningún género es mejor que otro, simplemente ocupamos roles diferentes y complementarios. En una tormenta, frente a un peligro extremo, timoneando un barco, los varones podemos mantenernos más fríos, más racionales: allí en donde una mujer quizá sería devorada por sentimientos y emociones. Son universos distintos y buscamos mutuamente esa diferencia: la mujer, hasta la más feminista, busca esa sustancia de control racional que los varones tenemos. Y los varones amamos esa emotividad a la que se entregan ellas, con nosotros, con nuestros hijos, en eso está lo lindo de la vida. Son formas de respirar y vivir la realidad que nos rodea. Pero es claro que las damas en el territorio de los sentimientos y emociones, tienen un plus. Tienen mucha más inteligencia emocional, si se quiere. Lo noto, lo veo cada día en mis consultantes, se meten en ese mundo y se permiten angustiar más, claro, tocan pequeños fondos muy seguido, y es por todo eso que suelen acercarse mucho más al consultorio.
Los hombres, con nuestra tendencia retentiva de las emociones, encapsulamos más todo ese mundo: y es así que muchas veces enfermamos o explotamos (o morimos) más jóvenes. Desde todo esto que planteo es muy curativo para nosotros animarnos a ir a un profesional: ir y exorcizar lo que sentimos y nos pasa. Y en todo eso, tenemos que aprender mucho de las mujeres aún.
Por Gervasio Díaz Castelli
Facebook: Gervasio Díaz Castelli
Twitter: @gerdiazcastelli
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