El bostezo podría regular la temperatura cerebral, según investigaciones mencionadas por la UNAM

Estudios señalan que este reflejo aumenta el flujo sanguíneo hacia el encéfalo y favorece el intercambio de aire con el entorno

Ilustración de cinco personas, entre ellas adultos, un niño y un hombre mayor, bostezando con una mano delante de la boca.
El tronco encefálico y neurotransmisores como la dopamina participan en la regulación del bostezo. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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El bostezo es un reflejo fisiológico presente en mamíferos, aves y algunos reptiles cuya función exacta permanece sin esclarecer por completo. Aunque suele relacionarse con el sueño o el aburrimiento, interviene en procesos neurofisiológicos vinculados con el estado de alerta, la regulación cerebral y, en ciertas especies, la interacción social.

Este acto comienza con una inspiración profunda y prolongada, seguida de una breve retención del aire y una respiración rápida. Con frecuencia se acompaña de estiramientos en los músculos de la cara y del cuerpo.

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De acuerdo con UNAM Global, el sistema nervioso central regula el bostezo mediante estructuras del tronco encefálico, en particular el bulbo raquídeo. También participan el hipotálamo y neurotransmisores como la dopamina, la acetilcolina y la oxitocina.

Esta interacción indica que el bostezo no es un hecho aislado. Forma parte de mecanismos relacionados con la homeostasis cerebral, la modulación de la conducta y el control de la vigilia.

El bostezo podría ayudar a regular la temperatura cerebral

Ilustración de perfil de una cabeza humana en tonos azules con la boca abierta en un bostezo, mostrando un cerebro blanco y un flujo de líquido azul con iconos.
La teoría de la termorregulación plantea que el bostezo contribuye a enfriar el cerebro mediante el aumento del flujo sanguíneo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Una de las explicaciones más estudiadas plantea que bostezar contribuye a enfriar el encéfalo. La teoría de la termorregulación cerebral propone que el movimiento aumenta el flujo sanguíneo hacia el cerebro y favorece el intercambio de aire con el entorno.

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Experimentos han mostrado que la frecuencia de los bostezos puede disminuir cuando la temperatura ambiental es elevada o si el cerebro mantiene una condición térmica estable. Estos resultados respaldan parcialmente la hipótesis, aunque no explican por qué se presenta en momentos sociales o durante los cambios entre sueño y vigilia.

Otra línea de investigación asocia este reflejo con la regulación de la alerta cortical. Es frecuente durante transiciones neurofisiológicas, como el paso de la vigilia al sueño o al despertar.

En esos momentos, podría actuar como un mecanismo temporal de activación que ayuda a reorganizar la atención. El proceso involucra al sistema reticular activador ascendente, encargado de modular el nivel de conciencia y la respuesta a estímulos externos.

La explicación antigua que atribuía el bostezo a una necesidad de aumentar el oxígeno en la sangre y reducir el dióxido de carbono ya no tiene respaldo empírico suficiente. Estudios controlados señalan que las variaciones de oxígeno y CO₂ no se relacionan de forma consistente con la frecuencia del reflejo.

Bostezo contagioso se relaciona con la vida social

Dos hombres bostezando en una cafetería con tazas de café humeante. Se ven otros clientes, un barista y ventanas que dan a una calle urbana.
El bostezo contagioso se vincula con la empatía y la activación de las neuronas espejo en los seres humanos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El bostezo contagioso se observa en humanos y en distintas especies sociales. Su aparición se ha asociado con la empatía, la resonancia neuronal y la activación de las llamadas neuronas espejo.

La probabilidad de contagiarse de un bostezo varía entre personas. La edad, el grado de conexión social y algunas condiciones del neurodesarrollo pueden influir en esta respuesta.

Aunque su función continúa bajo estudio, se ha planteado que puede ayudar a sincronizar conductas dentro de un grupo. Esta posibilidad lo vincula con formas de comunicación social no verbal.

Desde la perspectiva evolutiva, el bostezo es un comportamiento ampliamente conservado. Su presencia en diversas especies sugiere que surgió temprano en la evolución de los vertebrados y que podría estar relacionado con la regulación de la activación cerebral y la comunicación entre individuos.

El bostezo reúne mecanismos de regulación térmica, control del estado de alerta e interacción social. A pesar de los avances de la neurociencia y la fisiología, su función exacta sigue en investigación.

Respiración nasal elimina los bostezos inducidos por imágenes en un experimento universitario

Hombre bosteza en un sofá frente a un televisor que muestra a una mujer bostezando. Hay un control remoto y un bolígrafo en la mesa.
Los participantes de un proyecto sobre el bostezo que solo inhalaron y exhalaron por la nariz no presentaron una respuesta. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El bostezo contagioso que surge al mirar una imagen o un video no dependería de la empatía ni de la imitación social, sino de mecanismos fisiológicos vinculados con la regulación de la temperatura del cerebro, de acuerdo con experimentos de Andrew C. Gallup y su equipo de la Universidad de Albany, en Estados Unidos.

Las pruebas muestran que el tipo de respiración y el enfriamiento de la cabeza modifican la respuesta involuntaria. El equipo planteó que este reflejo ayuda a conservar la eficiencia mental y a mantener la atención, en particular durante la fatiga o actividades que requieren concentración.

Investigadores presentaron a estudiantes universitarios imágenes digitales de rostros con tres expresiones: neutral, risa y bostezo. Los participantes permanecieron solos frente a una pantalla y fueron observados mediante un espejo unidireccional, con el fin de evitar presión grupal e influencia social directa.

Un hombre con camiseta azul bosteza con los ojos cerrados y se cubre la boca con la mano.
La aplicación de una compresa fría a 4 °C en la frente redujo la tasa de contagio del bostezo a 9% durante los experimentos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cuando no recibieron instrucciones sobre su respiración, 48% de los voluntarios bostezó al menos una vez durante la sesión. La proporción descendió a cero cuando se les pidió respirar únicamente por la nariz.

El resultado sugiere que el bostezo no tendría como función aumentar la oxigenación de la sangre, una explicación tradicional sobre este comportamiento. Para el grupo de Gallup, la reacción estaría relacionada con el enfriamiento cerebral.

Bostezar implica una inspiración profunda y una contracción de los músculos faciales. Según la hipótesis de los investigadores, estas acciones movilizan aire fresco y sangre hacia la cabeza, lo que contribuiría a disipar el exceso de calor en el cerebro.

El equipo también evaluó el efecto de la temperatura local. En una variante del experimento, los participantes sostuvieron una compresa fría de 4 °C en la frente; en esas condiciones, la tasa de contagio bajó a 9%.

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