Comer mejor no debería ser un privilegio

El acceso a una alimentación saludable depende del ingreso, mientras los costos sociales, ambientales y animales de la producción suelen quedar fuera del precio final

Jessica González Castro, Directora Ejecutiva de Generación Vegana
Jessica González Castro, Directora Ejecutiva de Generación Vegana
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¿Qué tanto podemos elegir qué comer cuando apenas nos alcanza para llegar a fin de mes? Frente al supermercado, muchas decisiones se toman haciendo cuentas: qué rinde más, qué alcanza para toda la familia y qué podemos preparar después de trabajar.

Este 16 de octubre, Día Mundial de la Alimentación, vale la pena partir de ahí. Hablar de comer mejor exige entender las condiciones en las que comemos.

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Según el informe de Naciones Unidas sobre seguridad alimentaria de 2026, 2 mil 690 millones de personas no podían costear una alimentación saludable en 2025. En América Latina y el Caribe, el 22.9 por ciento de la población enfrentó inseguridad alimentaria moderada o grave ese mismo año. Son personas que pueden verse obligadas a reducir la calidad o la cantidad de sus alimentos.

Desde hace más de 10 años trabajo por los derechos de los animales y quiero que más personas puedan alimentarse sin recurrir a su explotación. También sé que esa conversación debe considerar el dinero, el tiempo y las opciones disponibles para quien compra.

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Pero hay otra pregunta: ¿quién paga los costos que no aparecen en el ticket?

El costo de los alimentos va más allá del precio en el supermercado: también involucra el acceso a una dieta saludable, el impacto ambiental y el bienestar de los animales
El costo de los alimentos va más allá del precio en el supermercado: también involucra el acceso a una dieta saludable, el impacto ambiental y el bienestar de los animales

La FAO estimó que los costos ocultos de los sistemas agroalimentarios de 156 países alcanzaban 11.6 billones de dólares internacionales, medidos en paridad de poder adquisitivo de 2020. Su informe de 2024 contempla consecuencias sanitarias, ambientales y sociales. La cifra corresponde al sistema alimentario completo, no solamente a la industria de la carne.

En Yucatán, esta discusión tiene lugares concretos. En mayo de 2026, Profepa confirmó el retiro de 41 mil 570 cerdos de la granja de Santa María Chi, en cumplimiento de una clausura definitiva. El caso nos recuerda que detrás de los productos hay instalaciones, personas, territorios y responsabilidades que debemos mirar.

También están los animales. Sus vidas importan más allá de cuánto cuesta criarlos o cuánto dinero genera su muerte. Son seres capaces de sentir, aunque hayamos aprendido a llamarlos unidades de producción.

Transformar este sistema exige facilitar alternativas. En México tenemos frijoles, lentejas, habas, garbanzos y una enorme diversidad de ingredientes vegetales.

El costo de los alimentos va más allá del precio en el supermercado: también involucra el acceso a una dieta saludable, el impacto ambiental y el bienestar de los animales
El costo de los alimentos va más allá del precio en el supermercado: también involucra el acceso a una dieta saludable, el impacto ambiental y el bienestar de los animales

Las guías alimentarias nacionales recomiendan consumir leguminosas diariamente. Podemos ampliar su presencia en platos completos, accesibles y cercanos a nuestra cultura. Pero aconsejar «cocina en casa» no resuelve todo.

Cocinar requiere tiempo, agua, energía y trabajo de cuidados. Por eso necesitamos comidas vegetales nutritivas y asequibles en escuelas, comedores públicos y lugares de trabajo, además de políticas que apoyen su producción y distribución.

La responsabilidad debe alcanzar a las empresas y los gobiernos. Este Día Mundial de la Alimentación, preguntémonos quién puede comer bien y quién paga las consecuencias de lo que llega a nuestros platos.

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