El sudoku es el pasado: los ejercicios mentales que recomiendan los expertos para mejorar la memoria y la agilidad mental

Especialistas en salud cognitiva recomiendan combinar retos mentales con actividad física para prevenir el deterioro cognitivo

Grupo de seis adultos mayores haciendo rompecabezas, jugando a las cartas y usando una tableta en una mesa, con cerebros iluminados en azul.
Los mayores de 60 años que practicaron ejercicios de memoria de trabajo no solo mejoraron en esa área, sino que también incrementaron su rendimiento en pruebas de doble tarea, fenómeno identificado como transferencia lejana. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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La memoria y la agilidad mental no dependen solo de resolver crucigramas o descargar aplicaciones de entrenamiento cerebral.

Especialistas en salud cognitiva recomiendan combinar retos mentales con actividad física, aprendizaje de nuevas habilidades, descanso suficiente y convivencia social.

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Estas prácticas ayudan a mantener la atención, fortalecer el recuerdo y ejercitar la capacidad de resolver problemas en la vida diaria.

Una mujer mayor de cabello gris se sienta frente a una mesa de madera y manipula varias tarjetas blancas rectangulares con diseños de colores.
Una mujer mayor con demencia interactúa con varias tarjetas distribuidas sobre una mesa de madera, realizando un ejercicio cognitivo en el interior de su hogar. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cuáles son los mejores ejercicios o actividades para entrenar la memoria y la agilidad mental

Las actividades más útiles combinan ejercicio físico, aprendizaje activo y hábitos de salud. No existe un ejercicio aislado que “entrene todo el cerebro”, y las apps comerciales de entrenamiento mental no han demostrado mejorar de forma general la memoria cotidiana.

En este sentido, de acuerdo con el artículo Salud cognitiva y adultos mayores del Instituto de Salud de Envejecimiento, las siguientes son actividades y técnicas recomendadas para mejorar y fortalecer las habilidades cognitivas.

Actividades recomendadas

  • Actividad aeróbica regular. Caminar a paso rápido, nadar, bailar, usar bicicleta o trotar. La meta práctica es acumular al menos 150 minutos por semana de actividad moderada. También conviene añadir ejercicios de fuerza dos veces por semana. Favorece la salud cardiovascular y se asocia con mejor función cognitiva.
  • Aprender una habilidad nueva y demandante. Estudiar un idioma, tocar un instrumento, tomar clases de fotografía, ajedrez, programación, dibujo o algún oficio. Lo relevante es que la actividad sea nueva, tenga dificultad progresiva y requiera atención sostenida. Recuperación activa de información. En vez de releer, cierre el libro o apague el video y trate de explicar con sus palabras lo que acaba de aprender. Puede usar preguntas, tarjetas de memoria o escribir un resumen breve sin consultar apuntes. Es una de las técnicas más eficaces para consolidar recuerdos.
  • Repetición espaciada. Repase una información en intervalos: el mismo día, al día siguiente, una semana después y al mes. Funciona mejor que estudiar muchas horas de una sola vez, sobre todo para nombres, idiomas, datos y conceptos.
  • Juegos de estrategia y problemas nuevos. Ajedrez, dominó, rompecabezas, sudoku, crucigramas, juegos de cartas, acertijos matemáticos o videojuegos de exploración pueden ser útiles si obligan a planear, recordar reglas y adaptarse. Conviene variar: repetir siempre el mismo juego mejora principalmente esa tarea.
  • Lectura con participación. Leer no basta si se hace en automático. Pruebe subrayar una idea, formular tres preguntas, anticipar qué sigue o comentar el texto con otra persona. Esto entrena atención, comprensión y memoria.
  • Actividad social. Conversar, participar en clubes, dar clases, hacer voluntariado o integrarse a grupos de ejercicio exige memoria, lenguaje y flexibilidad mental. También ayuda a reducir el aislamiento. 

Una rutina simple

  • Lunes a viernes: 30 minutos de caminata rápida o baile.
  • Tres días por semana: 20 a 30 minutos para aprender una habilidad nueva.
  • Diario: cinco minutos de recuperación activa: recordar pendientes, nombres, lecturas o una lista de compras sin verla.
  • Dos o tres veces por semana: juego de estrategia o rompecabezas distinto.
  • Una vez por semana: actividad social que implique conversación y participación.

Dormir entre 7 y 9 horas, tratar problemas de audición o visión, controlar presión arterial, diabetes y depresión, y revisar con un médico medicamentos que afecten el sueño o la memoria también forma parte del cuidado cognitivo.

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Si la pérdida de memoria es nueva, empeora, interfiere con el trabajo o la vida diaria, o aparece junto con desorientación, cambios de conducta o dificultades para hablar, conviene buscar valoración médica.

Infografía con ilustraciones de personas haciendo ejercicio, pintando y estudiando, junto a textos sobre hábitos para el cuerpo y la mente.
Una infografía de Infobae detalla recomendaciones de ejercicio y técnicas de estudio para mejorar la salud cardiovascular y fortalecer la función cognitiva. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Por qué la memoria y la agilidad mental se ven afectadas con la edad

Con la edad, el cerebro procesa parte de la información a menor velocidad. Esto puede hacer que tome más tiempo aprender algo nuevo, concentrarse entre varias tareas o recuperar un nombre o una fecha.

La memoria de trabajo —la que permite retener y manipular datos por unos segundos— suele resentir más estos cambios.

También cambian algunas estructuras y conexiones cerebrales relacionadas con la atención, el aprendizaje y la recuperación de recuerdos.

A esto se suman factores frecuentes con el paso de los años, como menor calidad del sueño, problemas de audición o visión, estrés, depresión, sedentarismo y enfermedades como hipertensión o diabetes.

Olvidar ocasionalmente dónde quedaron las llaves o necesitar más tiempo para recordar una palabra puede formar parte del envejecimiento normal. No ocurre lo mismo cuando las fallas afectan actividades cotidianas, como manejar dinero, seguir indicaciones, tomar medicamentos o ubicarse en lugares conocidos.

Persona sentada con ojos cerrados, cerebro flotante y cuatro burbujas con íconos: libro, bombilla, engranaje y reloj de arena.
Una persona con los ojos cerrados, sentada en una silla, simboliza la concentración o el pensamiento, mientras un cerebro estilizado sobre su cabeza emite conceptos como memoria, creatividad, organización y tiempo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

En esos casos, es recomendable buscar una valoración médica, ya que la demencia no es una consecuencia inevitable de envejecer.

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