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¿El amor termina con la edad? Cuando la experiencia da paso a una nueva forma de construir vínculos

La dimensión sexual humana permanece vigente durante toda la vida, aunque se transforme con el paso de los años

Una pareja de adultos mayores sentada en un banco de madera, con un perro golden retriever durmiendo debajo, y hojas secas de otoño esparcidas en el suelo.
Una pareja de adultos mayores sonríe mientras toma sus manos en un banco de parque, con hojas de otoño en el suelo y su perro golden retriever dormido a sus pies. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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La historia de Elsa y Fred desafía algunos de los estereotipos más arraigados sobre las relaciones amorosas en la tercera edad. La película narra el encuentro de dos adultos mayores en un momento en que la vida parece encaminarse hacia el cierre de etapas, pero demuestra que el deseo, la ilusión y la capacidad de enamorarse permanecen presentes. Lejos de desaparecer, estos sentimientos se transforman y adquieren profundidad, autenticidad y libertad.

A diferencia de los amores juveniles, los protagonistas no se vinculan impulsados por urgencias hormonales ni por presiones sociales. La relación surge desde la complicidad, el reconocimiento mutuo y la voluntad de volver a soñar en conjunto, a pesar de las historias previas, temores, pérdidas y aprendizajes.

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Este relato evidencia que el amor maduro no renuncia a la ternura ni al contacto físico, ni tampoco a la ilusión de un proyecto compartido. Ambos personajes muestran que la sexualidad sigue siendo una dimensión relevante y que el afecto puede seguir siendo fuente de bienestar y sentido vital, incluso en la vejez.

El amor en la tercera edad: un mito desmentido por la psicología

Desde la mirada psicológica, la historia de Elsa y Fred coincide con los argumentos de la doctora María Montero y López Lena, académica de la Facultad de Psicología de la UNAM, quien expone que persiste en la sociedad un mito: la idea de que las personas mayores ya no pueden enamorarse, ni amar, ni ejercer su sexualidad. Este prejuicio invisibiliza una dimensión fundamental de la experiencia humana.

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El amor no desaparece con la edad, sino que se transforma y puede alcanzar niveles de profundidad y autenticidad imposibles en etapas previas. Durante la vejez se nutre del conocimiento mutuo y de una intimidad que trasciende lo corporal, permitiendo compartir miedos, sueños y esperanzas. Así, la idea de que después de los 60, 70 u 80 años se extinguen los proyectos y deseos carece de sustento desde el punto de vista psicológico.

De hecho, este tipo de vínculo demuestra que siempre hay posibilidad de construir nuevas metas de vida, mientras haya vitalidad y voluntad de conectar con el otro. La sexualidad, lejos de limitarse a la genitalidad, abarca el intercambio emocional, la comunicación, el contacto físico y la interacción significativa.

Infografía con el título 'El amor en la vejez', ilustraciones de parejas mayores, iconos sobre amor, sexualidad, afecto y una cadena rota, y textos informativos.
Una infografía de Infobae explica la permanencia y evolución del amor y la sexualidad en la vejez, desafiando prejuicios sociales con argumentos de la psicología. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Sexualidad, afecto y vínculo: dimensiones que persisten

La dimensión sexual humana permanece vigente durante toda la vida, aunque se transforme con el paso de los años, abarca mucho más que el desempeño físico: incluye el afecto, la comunicación emocional y la interacción cualitativa.

En la vejez, la genitalidad puede experimentar cambios, pero no desaparece; en los varones, la capacidad genital puede extenderse hasta edades avanzadas, y en las mujeres puede darse una mayor capacidad orgásmica, aunque con un ritmo diferente.

El conflicto surge cuando se reduce a la idea de rendimiento, dejando de lado otras formas de placer y expresión afectiva. Al final de la vida, como refleja la experiencia de Elsa y Fred, el vínculo afectivo se convierte en el principal factor de satisfacción y calidad de vida. El contacto físico, la ternura y la conexión emocional conservan su relevancia, recordando que la piel sigue siendo una fuente de placer y consuelo.

Autenticidad y plenitud en la cotidianidad

La mercadotecnia suele idealizar el amor juvenil, la pasión intensa y los escenarios espectaculares, pero la plenitud en la tercera edad reside en la sencillez y la aceptación genuina. La intimidad puede surgir en un parque, en una conversación profunda o en una caricia, sin necesidad de experiencias grandilocuentes.

La doctora Montero y López Lena destaca que el autoconocimiento permite elegir desde la aceptación y no desde la carencia, reduciendo la agitación e incrementando la profundidad del vínculo. La autenticidad sustituye a las poses, y la ternura se convierte en una cualidad fundamental. La aceptación genuina implica querer al otro tal como es, no simplemente tolerarlo.

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