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No es por nostalgia: la psicología revela que guardar objetos de la infancia de tus hijos ayuda a regular el estado de ánimo

Estos recuerdos materiales quedan asociados a momentos de la vida cotidiana y, con el paso de los años, pueden reactivar emociones, escenas y vínculos afectivos.

Mujer en camisa de mezclilla sostiene foto en blanco y negro, con caja de recuerdos, libros, peluches y una taza de café sobre una mesa de madera.
Una mujer sentada en una sala de México observa una fotografía mientras revisa una caja con recuerdos de la infancia de sus hijos. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Guardar fotos, dibujos y objetos de la infancia de los hijos funciona, según la psicología, como una forma de regular el ánimo y sostener la memoria familiar, más allá de ser un simple gesto de nostalgia. Estudios señalan que los esos recuerdos materiales quedan asociados a momentos de la vida cotidiana y, con el paso de los años, pueden reactivar emociones, escenas y vínculos afectivos.

Y es que trabajos más reciente plantean que la nostalgia puede tener efectos positivos sobre el bienestar emocional y la salud mental, una idea que modifica una visión que durante años la relacionó solo con tristeza o con dificultad para aceptar el presente.

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La costumbre de guardar dibujos, fotos escolares, cuadernos, juguetes o pequeñas manualidades aparece en muchas familias. Aunque se trate de objetos simples, muchas personas los conservan durante años porque terminan cargados de significado.

En este sentido, para los especialistas, esos recuerdos cumplen una función emocional precisa: al verlos de nuevo, una persona puede despertar sensaciones positivas, reforzar lazos afectivos y reconstruir escenas que el tiempo tiende a borrar. Un dibujo o una tarjeta hecha a mano puede llevar de vuelta a una conversación, una celebración o una rutina doméstica.

Mujer sentada en sillón con taza de café, revisa fotografías y un dibujo infantil de una caja de madera. Hay álbumes de fotos, peluches y plantas.
Una mujer sentada en una sala de su hogar en México examina fotografías antiguas y dibujos infantiles que guarda en una caja de recuerdos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un estudio de 1981 ubicó a los recuerdos familiares entre los objetos más valorados del hogar

En 1981, el psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi y el sociólogo Eugene Rochberg-Halton, de la Universidad de Chicago, investigaron qué objetos tenían mayor valor dentro de los hogares. Tras analizar decenas de familias en esa ciudad, encontraron que las pertenencias más apreciadas casi nunca eran las más caras ni las más nuevas.

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Entre los objetos considerados irremplazables aparecían de forma constante las fotografías familiares, los juguetes antiguos, los regalos hechos a mano, los muebles heredados y las producciones infantiles. El estudio también concluyó que muchas personas construyen parte de su identidad a través de ciertos objetos.

Esa relación tiene que ver con la continuidad de la propia historia. Los recuerdos materiales ayudan a conservar momentos de peso personal y familiar, y sostienen la sensación de que la vida mantiene un hilo entre distintas etapas.

La psicología también explica que estos objetos intervienen en el funcionamiento de la memoria. Los recuerdos no permanecen intactos con el paso del tiempo sino que se reconstruyen de manera continua a partir de estímulos y asociaciones.

Un baúl de madera abierto contiene fotografías en blanco y negro, un oso de peluche, un sonajero, un cuaderno, una resortera, zapatos y conchas marinas.
Un baúl antiguo abierto expone fotografías, juguetes, zapatos y otras pertenencias que evocan recuerdos de la infancia de una persona en un ático iluminado. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los objetos físicos actúan como disparadores de recuerdos autobiográficos

De acuerdo con las investigaciones retomadas por la psicología, un objeto físico puede activar detalles muy específicos de una experiencia pasada. Un dibujo hecho en la niñez puede devolver el olor de una habitación, una charla concreta o una escena cotidiana que parecía olvidada.

Ese proceso se vincula con los llamados recuerdos autobiográficos. Se trata de memorias ligadas a la experiencia personal, que pueden reactivarse a partir de un elemento material en apariencia menor.

Uno de los equipos dedicados a estudiar la nostalgia resumió esa idea con una frase “La nostalgia es un recurso psicológico, no una desventaja”. Bajo esa mirada, abrir una caja con recuerdos infantiles no significa quedar atrapado en el pasado, sino reconectar con experiencias que transmiten seguridad y pertenencia.

Con los años, además, esos objetos suelen adquirir otro sentido. Muchos adultos descubren tiempo después las cajas que sus padres guardaron durante décadas y encuentran algo más que papeles, boletines o manualidades escolares.

Lo que aparece ahí, según esta lectura psicológica, son pruebas concretas de atención, cuidado y afecto. Los dibujos infantiles, los viejos boletines y otras pequeñas creaciones conservadas durante años terminan como testimonio de una etapa irrepetible de la vida familiar.

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