¿Cómo identificar si el estrés está afectando tu salud? Estas son las señales que no debes ignorar

Aprender a gestionar y reconocer este padecimiento permite reducir el riesgo de complicaciones psicológicas y físicas

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Dos mujeres y un hombre sentados frente a una mesa en una oficina o biblioteca. La mujer de la izquierda, con garras, se frota las sienes, molesta o con dolor de cabeza. Las otras dos persona atienden a la pantalla de un portátil con una actitud más positiva o neutra.
No todo episodio de estrés tiene consecuencias negativas. En ocasiones, puede actuar como un motor que impulsa a enfrentar nuevos retos o vivir experiencias emocionantes. (Magnific)

El estrés cotidiano se ha convertido en un fenómeno inseparable de la vida urbana, especialmente en una de las metrópolis más pobladas como Ciudad de México. El ruido constante, la contaminación y el trafico vehicular configuran un escenario propicio para que este padecimiento prolifere y se vuelva parte del día a día.

Aunque durante décadas ha sido señalado como uno de los principales enemigos de la salud, especialistas advierten que no siempre es perjudicial. De acuerdo con Ingrid Vargas Huicochea, coordinadora de Investigación en Psiquiatría y Salud Mental de la Facultad de Medicina de la UNAM, este estado es una reacción natural del cuerpo y la mente frente a los cambios, las presiones o las amenazas externas.

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Cuando el organismo detecta un estresor, activa mecanismos para restaurar su equilibrio interno. Por eso, no debe considerarse patológico por sí mismo, solo se convierte en un problema cuando se vuelve persistente o la persona es especialmente vulnerable a su impacto.

Diferentes tipos de estrés y sus efectos

No todo episodio de estrés tiene consecuencias negativas. En ocasiones, puede actuar como un motor que impulsa a enfrentar nuevos retos o vivir experiencias emocionantes, como al planear una boda o recibir un ascenso. En estos casos, se habla de la tensión como una forma positiva que motiva y estimula.

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El panorama cambia frente a situaciones prolongadas o crónicas, como un conflicto legal o presiones laborales sin solución a la vista. Ante estos escenarios, surge el distrés, una modalidad dañina que suele ir acompañada de ansiedad, angustia o tristeza. La exposición constante puede generar alteraciones tanto en el estado de ánimo como en el funcionamiento físico.

Cada persona responde liberando sustancias como el cortisol, una hormona que prepara al cuerpo ante amenazas, pero que si permanece elevada durante largos periodos, afecta la atención, la concentración y la memoria. Cuando estos procesos mentales se deterioran, la salud emocional también se ve comprometida, y pueden aparecer cuadros relacionados con alteraciones de salud mental.

Mujer con expresión de fatiga e irritación, manos en la cabeza, sentada en un sofá. Una caja de pañuelos está en primer plano.
Estrés (Imagen Ilustrativa Infobae)

Todos los individuos manifiestan el estrés de formas distintas: quienes tienden a la ansiedad pueden experimentar preocupación continua, irritabilidad y trastornos del sueño, mientras que aquellos propensos a la depresión pueden presentar desánimo, pérdida de interés por actividades y cambios en el apetito o el descanso. Estos cambios repercuten en el desempeño diario y reducen la calidad de vida.

Consecuencias de este padecimiento

El estrés prolongado no solo afecta la mente, también tiene efectos notorios en el cuerpo. Entre las consecuencias más frecuentes se encuentran las alteraciones en el ritmo cardiaco, la presión arterial elevada, malestares dermatológicos y problemas gastrointestinales como gastritis o colitis. Incluso la ansiedad derivada puede desencadenar síntomas físicos: visión borrosa, zumbido en los oídos, sensación de opresión en el pecho, dolor muscular, debilidad y molestias urinarias.

Ante la presencia continua de estresores, el organismo puede perder la capacidad de recuperar su equilibrio, lo que agrava los síntomas y dificulta el bienestar. Para evitar llegar a ese punto, el especialista recomendó tres pasos: identificar los factores cotidianos que generan tensión, reconocer las respuestas físicas y emocionales ante ellos, y distinguir cuáles de esas reacciones contribuyen realmente al bienestar.

Detectar los elementos que generan esta fatiga emocional y aceptar que algunos no pueden modificarse puede aliviar la presión personal. Para aquellos aspectos que sí es posible cambiar, resulta útil iniciar ajustes en la rutina y buscar alternativas que favorezcan el equilibrio. Opciones como el yoga, la meditación, el ejercicio regular o la psicoterapia pueden ayudar a manejar el estrés prolongado. Según la especialista, las llamadas terapias contextuales permiten que las personas se adapten mejor a la realidad, aunque esta no cambie, y representan un recurso valioso para quienes buscan mejorar su bienestar mental.

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