Depresión tropical, tormenta o huracán: Así puedes identificar cada fenómeno y saber qué esperar de cada uno

Con la llegada de la temporada de lluvias, crece la atención sobre los fenómenos tropicales y sus posibles efectos

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Imagen triple: Depresión tropical con lluvia sobre el mar. Tormenta con palmeras dobladas y olas en una playa. Huracán visto del espacio y olas gigantes en la costa.
Comprender las diferencias entre depresión tropical, tormenta tropical y huracán permite identificar el riesgo real que cada fenómeno representa. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cuando un sistema de baja presión se forma sobre aguas tropicales, comienza un proceso que puede derivar en distintos fenómenos: depresión tropical, tormenta tropical o huracán.

Cada uno se distingue, sobre todo, por la velocidad de sus vientos y el impacto potencial en tierra firme.

Identificar correctamente entre depresión tropical, tormenta y huracán resulta crucial para anticipar los riesgos y actuar de manera oportuna.

Diferencias clave entre depresión tropical, tormenta y huracán

Según lo explicado por el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred), la principal diferencia entre estos fenómenos radica en la velocidad sostenida de sus vientos.

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Una depresión tropical presenta vientos menores de 63 kilómetros por hora.

Cuando la velocidad de los vientos supera los 63 km/h, el sistema se convierte en una tormenta tropical y, además, recibe un nombre asignado por la Organización Meteorológica Mundial.

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Un ciclón tropical alcanza la categoría de huracán cuando sus vientos sostenidos superan los 119 km/h. En estas condiciones, el fenómeno puede generar lluvias intensas y cubrir grandes extensiones con su área nubosa, que puede alcanzar hasta 900 kilómetros de diámetro.

El ojo del huracán, característico por su calma relativa, suele medir entre 24 y 40 kilómetros de diámetro, aunque puede acercarse a los 100 kilómetros en algunos casos.

Vista aérea de un mar tormentoso con olas espumosas, bajo un cielo gris oscuro y amenazante, con palmeras inclinadas por el viento en la orilla.
Un ciclón tropical alcanza la categoría de huracán cuando sus vientos sostenidos superan los 119 km/h. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cómo se forman estos fenómenos y su evolución

De acuerdo con la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA), un ciclón tropical es un remolino gigantesco que surge principalmente sobre los océanos tropicales. Para su formación, la temperatura superficial del agua debe superar los 26 ℃.

Además, es indispensable la presencia de una zona de baja presión atmosférica, hacia la cual confluyen vientos en todas direcciones.

El proceso se inicia cuando el aire caliente y húmedo asciende, liberando vapor de agua. La condensación de ese vapor genera calor latente, que se convierte en la principal fuente de energía del ciclón.

A medida que el aire continúa ascendiendo, se incrementa la entrada de aire en los niveles más bajos, mientras que el aire se expulsa por la parte superior del sistema.

La rotación de la Tierra también influye en el comportamiento de estos fenómenos. En el hemisferio norte, el aire gira en sentido contrario a las manecillas del reloj, generando el patrón de espiral típico de los ciclones tropicales.

El ciclo evolutivo de estos sistemas suele comenzar como una perturbación tropical, caracterizada por una zona de inestabilidad y baja presión. Si la perturbación se intensifica, se convierte en depresión tropical, donde los vientos aumentan pero no superan los 62 km/h.

Si la intensificación continúa, el sistema alcanza el estado de tormenta tropical y, posteriormente, puede evolucionar a huracán si los vientos rebasan los 119 km/h.

Impactos y riesgos asociados a cada fenómeno

La capacidad destructiva de estos sistemas varía según su intensidad. Las depresiones tropicales suelen provocar lluvias y vientos moderados, pero en zonas vulnerables pueden causar inundaciones locales.

Las tormentas tropicales incrementan el riesgo, ya que sus vientos y lluvias pueden ocasionar desbordamientos de ríos y deslaves, además de oleaje elevado en las costas.

Cuando un ciclón tropical se transforma en huracán, el peligro crece considerablemente. Los huracanes pueden devastar grandes áreas, arrasar infraestructuras y provocar daños severos en la población.

Imagen satelital de un gran sistema de nubes en espiral sobre el océano azul profundo, con la costa de Norteamérica y México visible en los bordes.
Los huracanes pueden devastar grandes áreas, arrasar infraestructuras y provocar daños severos en la población. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La escala de Saffir-Simpson clasifica a los huracanes en cinco categorías, según la velocidad de sus vientos, siendo la categoría cinco la más intensa, con vientos superiores a 250 km/h.

El impacto también depende de la duración del fenómeno sobre una región, la cantidad de lluvia acumulada y la topografía local.

Por ello, las autoridades enfatizan la importancia de seguir las indicaciones y prepararse ante la proximidad de cualquiera de estos sistemas.

¿Qué esperar y cómo actuar ante cada fenómeno?

Diferenciar entre depresión tropical, tormenta tropical y huracán permite a la población anticipar los riesgos y tomar precauciones adecuadas según la intensidad del fenómeno.

Las autoridades insisten en la importancia de atender los avisos oficiales, evitar zonas de riesgo y preparar suministros básicos ante la posibilidad de cortes de energía o la necesidad de evacuaciones preventivas.

Mientras una depresión tropical se caracteriza por vientos menores a sesenta y tres kilómetros por hora y lluvias moderadas, una tormenta tropical implica vientos más intensos y un mayor riesgo de inundaciones.

Por su parte, un huracán representa el nivel máximo de peligro, con lluvias torrenciales y vientos sumamente destructivos.

Infografía que compara depresión tropical, tormenta tropical y huracán, mostrando sus características y recomendaciones de seguridad para la población.
Diferenciar entre depresión tropical, tormenta tropical y huracán permite a la población anticipar los riesgos y tomar precauciones adecuadas según la intensidad del fenómeno. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La evolución de estos sistemas depende de factores oceánicos y atmosféricos, por lo que el seguimiento constante a través de fuentes oficiales es esencial para mitigar los daños.

Comprender estos conceptos, con base en la información proporcionada por la Comisión Nacional del Agua y el Centro Nacional de Prevención de Desastres, permite a la sociedad estar mejor preparada ante la temporada de ciclones, que cada año pone a prueba la capacidad de respuesta de comunidades tanto costeras como del interior del país.

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