Las investigaciones sobre los Códices de San Andrés Tetepilco revelan la compleja estrategia de resistencia cultural empleada por los pueblos originarios en el México colonial. Tras su adquisición por el Gobierno federal, estos documentos, datados en la primera mitad del siglo XVII, han sido sometidos a análisis multidisciplinarios que exploran tanto su composición material como su relevancia histórica.
El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y la alcaldía Iztapalapa dieron a conocer los resultados de estos estudios en una edición acompañada de versiones facsimilares. Durante la presentación en la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, el historiador Rodrigo Martínez Baracs y la restauradora Marie Vander Meeren destacaron que el corpus evidencia la supervivencia y adaptación de la tradición escritural mesoamericana frente a la dominación española.
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El conjunto incluye tres piezas fundamentales: la Tira de Tetepilco, el Mapa de la fundación de Tetepilco y el Inventario de la iglesia de San Andrés Tetepilco. Estos documentos, originarios de la antigua jurisdicción de Iztacalco —hoy parte de los 141 pueblos originarios de Iztapalapa—, ofrecen una perspectiva alternativa a la narrativa oficial dominante sobre la cultura nahua.
Códices como instrumento de legitimación y defensa territorial
Martínez Baracs explicó que estos códices probablemente fueron encargados por las autoridades indígenas de San Andrés Tetepilco. El objetivo habría sido acreditar la importancia histórica del pueblo ante el gobierno español, buscar su reconocimiento como cabecera o defenderse frente a las pretensiones del cabildo colonial. En palabras del historiador, “se trató de decir: nosotros somos un señorío antiguo e importante, no nos quiten nuestras tierras, respeten nuestra autonomía”.
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No obstante, el especialista aclaró que, aunque estos documentos estuvieron resguardados por la familia Gómez, no se hallaron piezas de carácter judicial que reforzaran esta postura ante las autoridades coloniales.
La Tira de Tetepilco: crónica visual de Tenochtitlan y su entorno
Entre los códices destaca la Tira de Tetepilco, compuesta por 20 láminas de dimensiones uniformes (entre 27.1 y 28.7 cm de ancho, y 17.7 y 18.6 cm de alto). En ella, una sucesión de imágenes y glosas narra acontecimientos clave desde la fundación de Tenochtitlan en 1300, la serie de tlatoque o gobernantes, la llegada de los españoles y los sucesos coloniales hasta 1603, con la llegada del virrey don Juan de Mendoza y Luna.
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Un episodio central es la reunión entre el tlatoani Itzcóatl y su jefe militar Moctezuma Ilhuicamina, que conquistó Tetepilco. El códice ilustra a Huehuetzin y su séquito rindiendo vasallaje, evidenciando el esfuerzo de los tetepilcas por insertar su pasado en el devenir del señorío mexica.
Materialidad y conservación: el papel del amate
La restauradora Marie Vander Meeren detalló que los tres códices se manufacturaron en papel amate, cuya fibra se asemeja al género Ficus. El patrón de líneas y la densidad del material delatan la técnica ancestral de golpeteo sobre corteza húmeda para la obtención de hojas. Según la especialista, la uniformidad de las láminas sugiere una planificación meticulosa desde la manufactura, orientada a la coherencia del discurso pictórico.
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En la Tira de Tetepilco, el cambio de formato tras la llegada de los españoles —con escenas en línea horizontal— refleja la aceleración de la historia y el encuentro de dos mundos. El historiador Martínez Baracs subrayó que la lámina 11, abarcando de 1520 a 1529, resulta la más intensa: reúne la matanza en el Templo Mayor, la muerte de Moctecuhzoma, el breve mandato de Cuitlahuatzin, el gobierno de Cuauhtémoc, la guerra entre mexicas y españoles, y la llegada de los franciscanos.
Códices como patrimonio y testimonio
Los documentos recibieron tratamientos de conservación en la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural del INAH, garantizando su preservación. Su publicación junto con estudios especializados facilita el acceso a fuentes primarias para futuras investigaciones sobre las estrategias de resistencia, adaptación y memoria en los pueblos originarios de la actual Iztapalapa.
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La edición conjunta del INAH y la alcaldía Iztapalapa confirma el interés institucional por recuperar y difundir la riqueza documental de los pueblos originarios, consolidando estos códices como piezas clave para el estudio de la historia y la identidad en la Ciudad de México.
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