
La madrugada del 5 de enero de 2023, los restos de un pastel a medio comer, juguetes de plástico esparcidos bajo una ventana rota y una colcha rosa manchada con sangre conformaban la escena que encontraron los primeros en cruzar el umbral de la casa de Ovidio Guzmán en Jesús María, Sinaloa.
Ese domicilio, hasta entonces reservado para rutinas familiares y fiestas navideñas, quedó transformado en el epicentro de una noche de estruendo.
El operativo que culminó con la captura del líder de Los Chapitos fue bautizado en la memoria colectiva como el “Segundo Culiacanazo”, un hecho del que este lunes se cumplen tres años.
Una casa, el escenario de guerra

El exterior de la casa de Ovidio Guzmán lucía irreconocible en las horas y días siguientes al operativo. Un portón de madera marcado por decenas de impactos de bala y un patio cubierto por casquillos de diferentes calibres daban cuenta del enfrentamiento.
Según reportó Milenio, en la escena quedaron dos cuatrimotos y vehículos blindados en el patio, con cristales estrellados y pegatinas de un ratón, el apodo con el que se identificaba al hijo de Joaquín Guzmán Loera.
Fragmentos de vidrio y rastros de sangre seca se extendían hasta la base de los muros, mientras bancos y muebles bloqueaban accesos improvisados por quienes buscaron resguardo.

Esa madrugada, fuerzas federales mexicanas desplegaron un operativo para capturar a “El Ratón”. La acción fue resultado de meses de inteligencia y vigilancia. Elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional y la Guardia Nacional lograron rodear el inmueble y, tras breves pero intensos intercambios de disparos, aseguraron a Guzmán y a varios escoltas.
La escena al interior de la vivienda no era muy diferente a la de afuera: cristales rotos, sangre seca en los pasillos y muebles volcados formaban un trayecto caótico. El cuarto de lavado presentaba manchas de sangre y prendas tiradas, así como medicamentos que la familia acostumbraba guardar para emergencias.

El periodista Luis Chaparro fue el primero en lograr entrar a la vivienda poco después de la captura. “Miren todas las balas”, describió en un video que aún se puede ver en su canal de YouTube.
Chaparro relató la tensión de su ingreso a la zona: la vigilancia de punteros y motociclistas, la llamada de una vecina a Griselda López —madre de Ovidio— y la sensación de riesgo de ser arrestado por las autoridades por entrar a la escena.
Según mostró en las imágenes, en una de las habitaciones, la colcha rosa de una de las hijas de Guzmán mostraba las huellas del enfrentamiento, mientras los cajones abiertos, botellas de plástico y ropa infantil evidenciaban la huida precipitada.
Almohadas bordadas con iniciales de Ovidio y su esposa, Adriana Meza Torres, permanecían en el buró junto a un biberón olvidado. El baño, con tina de hidromasaje, y el vestidor vacío, reforzaban la sensación de abandono abrupto.
En la barra exterior del comedor quedaban recipientes de espagueti frío, tal vez de la cena de Año Nuevo. La televisión y las paredes quedaron marcadas por impactos de bala, y un nacimiento navideño seguía junto a una granada de fragmentación que no llegó a detonar.

Mientras recorría la casa, Chaparro percibió el ambiente de peligro, con vecinos atentos a cualquier movimiento al interior de la casa y avisando que intrusos estaban en la vivienda, lo que lo puso en alerta y lo orilló a salir del sitio.
Antes de abandonar la comunidad, ocultó su material periodístico en la nube y destruyó cualquier registro físico que pudiera comprometerlo si lo interceptaban en la salida del pueblo.
¿Cómo lo vivieron los habitantes de Jesús María?
Vecinos de Jesús María contaron en ese entonces a NMás que la familia Guzmán fue desalojada en medio de ráfagas. Una habitante relató: “Era una familia con una niña de tres años, de once y doce. Las sacaron a fuego de bala. Entre las ráfagas, salieron por la puerta de atrás con su mamá, su papá”.

Otros testimonios recogidos por Milenio daban fe de cómo los habitantes percibían a su vecino, Ovidio Guzmán: “Jamás faltaban el respeto aquí en el pueblo”, afirmó un residente. “Ellos nunca hicieron desastre, nunca hicieron nada de eso”.
Los pobladores también narraron cómo vivieron la jornada. Algunos se refugiaron durante ocho o diez horas, esperando que cesara el fuego cruzado.
“Nos metimos, apilados allá. ¿Cómo íbamos a salir? Balazo y balazo por todas las paredes, por todos los alrededores”, compartió otra vecina.
Otros vecinos recordaron que Ovidio Guzmán y su familia solían regalar cosas a los niños del pueblo y que nunca habían tenido problemas con ellos. “Desde niño él aquí con la raza, imagínese”, relató un hombre, describiendo una convivencia cercana al capo.
Ecos de una jornada violenta en Sinaloa
La violencia no se limitó a la casa. Tras la captura de Ovidio Guzmán, el Cártel de Sinaloa desplegó bloqueos y ataques armados en Culiacán, Mazatlán, Los Mochis, Guasave y Navolato.

El gobierno estatal suspendió actividades y el Aeropuerto Internacional de Culiacán cerró tras recibir disparos. La Embajada de Estados Unidos en México emitió una alerta para sus ciudadanos. Vecinos de diferentes zonas permanecieron encerrados durante horas mientras escuchaban disparos y helicópteros.
En Navolato, hombres armados despojaron ambulancias de la Cruz Roja para trasladar a heridos, y en Mazatlán, la carretera México 15 fue bloqueada por unidades incendiadas. Guasave y Los Mochis también vivieron bloqueos y quemas de vehículos para impedir el paso, mientras en el penal de Aguaruto se reportó una quema de basura sin fugas, según la Secretaría de Seguridad Pública.
En Escuinapa, un coronel de infantería y cuatro escoltas fueron emboscados y asesinados durante el despliegue posterior a la detención.
El saldo del operativo, según cifras oficiales, fue de 21 detenidos, 19 agresores fallecidos, 10 militares muertos y 35 heridos.
Tres años después: la caída de Ovidio

Tras la captura en Jesús María y su posterior extradición en septiembre de 2023, el destino de Ovidio Guzmán López ha quedado marcado por una serie de decisiones judiciales que lo convirtieron en el primer miembro de la familia Guzmán en pactar formalmente con el gobierno estadounidense.
Después de meses de procesos legales, el 11 de julio de 2025, Ovidio se declaró culpable en la Corte Federal del Distrito Norte de Illinois, en Chicago, de cuatro cargos relacionados con narcotráfico, lavado de dinero y posesión de armas de fuego. Como parte de su acuerdo, aceptó colaborar plenamente con las autoridades estadounidenses.
Actualmente, Ovidio Guzmán permanece bajo custodia en Estados Unidos, en una ubicación secreta. La jueza Sharon Johnson Coleman programó una audiencia para el 9 de enero de 2026, en la que se definirá la fecha para que dicte sentencia.
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