
El debate sobre cuánto tiempo se debe esperar para colocar una ofrenda a quienes han fallecido recientemente cobra relevancia en México cada año, conforme se acerca el Día de Muertos. La tradición, enraizada en la cosmovisión prehispánica, sostiene que debe transcurrir al menos un año antes de incluir a un recién difunto en el altar familiar.
Esta creencia se vincula directamente al Mictlán, el inframundo en la cultura mexica, donde las almas realizan un tránsito ritual antes de alcanzar el descanso. Según la Academia de Arte de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, “las ánimas llegan de forma ordenada y quienes murieron el 31 de octubre no tienen tiempo de pedir permiso para acudir”, por lo que su papel inicial es ayudar a otras almas a encontrar su ofrenda.
“No se le puede poner ofrenda a una persona que acaba de fallecer porque su alma se quedará en un limbo y no podrá encontrar el descanso eterno en el Mictlán”, puntualiza la publicación. Además, se transmite la creencia de que colocar la ofrenda antes de ese ciclo podría entorpecer el viaje del alma, pues su regreso prematuro “vuelve más difícil que encuentre su lugar de descanso eterno”.

Las costumbres familiares y el sentido regional muestran variaciones. En algunos lugares, se omite la ofrenda solo para quienes mueren el 31 de octubre, mientras que en otros se extiende la espera a todos los difuntos recientes.
Más allá de la espera, muchos optan por rendir tributos alternativos en el primer año, como visitas al cementerio o rituales familiares. Mientras tanto, el 28 de octubre se enciende una vela por quienes fallecieron de manera violenta, y el 29 se suman objetos en memoria de los olvidados, lo que refleja la diversidad en la forma de honrar a los muertos el 1 y 2 de noviembre.
Una de las variantes más comentadas trata sobre el “servicio social” de las almas. Según la tradición oral, se dice que los recién fallecidos tienen la obligación de guiar a los difuntos mayores hasta su ofrenda.

A pesar de la fuerza de la costumbre, la práctica actual está marcada por la adaptabilidad. Muchas familias deciden colocar la foto y la ofrenda en el primer Día de Muertos tras el fallecimiento, guiadas por el deseo de honrar y recordar lo antes posible. La fuente resalta que “si tú o tu ser querido fallecido no comparten estas creencias, tienen la libertad de colocar la ofrenda en el tiempo que consideren adecuado”.
El fondo de la tradición, más allá del calendario, radica en el respeto al tránsito de las almas y en la manifestación del afecto mediante altares llenos de flores, velas y alimentos.
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