
La posibilidad de que un terremoto de gran magnitud desencadene un tsunami y, a su vez, provoque un accidente químico en México ha impulsado la creación de un ambicioso proyecto internacional para fortalecer la prevención y la gestión de riesgos en zonas portuarias vulnerables.
Este tipo de escenarios, conocidos como desastres compuestos, han demostrado su potencial devastador en el pasado, como ocurrió en Japón en 2011, y ahora motivan la colaboración entre el Centro Nacional de Prevención de Desastres (CENAPRED) y la Agencia de Cooperación Internacional de Japón (JICA) para implementar el Proyecto de Reducción de Riesgos de Desastres Compuestos asociados a Grandes Terremotos y Tsunamis (SATREPS 2) en Manzanillo, Colima.
La geografía mexicana, marcada por la interacción de varias placas tectónicas, sitúa al país entre los territorios con mayor actividad sísmica del mundo. Esta condición genera un riesgo permanente para la población y la infraestructura, especialmente en regiones donde la vulnerabilidad de las edificaciones y la composición del suelo pueden amplificar los efectos de los movimientos telúricos, como ocurre en la Ciudad de México.
El antecedente más ilustrativo de un desastre compuesto se remonta al 11 de marzo de 2011 en Japón, cuando un terremoto de magnitud 9,0 sacudió la costa noreste, cerca de la región de Tōhoku. El sismo fue seguido por un tsunami que arrasó extensas áreas costeras, provocó la muerte de casi 20.000 personas y destruyó decenas de miles de viviendas.
Además, la catástrofe desencadenó un grave accidente nuclear en la central de Fukushima Daiichi, debido a la interrupción del suministro eléctrico y la inundación causada por el tsunami, lo que obligó a evacuar varias localidades y generó una crisis humanitaria y medioambiental sin precedentes en el país asiático.

Con el objetivo de evitar que un evento similar afecte a México, CENAPRED y JICA formalizaron en marzo de 2024 un acuerdo de cooperación para desarrollar el proyecto SATREPS 2 entre abril de 2024 y marzo de 2029. La iniciativa busca reforzar la prevención y la reducción de riesgos en Manzanillo, una ciudad portuaria donde la presencia de buques con gas natural y el manejo de materiales químicos incrementan la exposición a accidentes secundarios tras un sismo o tsunami.
El programa también contempla su aplicación en Acajutla, El Salvador, país que ha registrado 23 tsunamis desde 1859, incluido el evento de 2012 que generó una ola de 6,3 metros de altura, dejó más de 100 heridos y causó daños significativos en la zona costera. Según JICA, la ausencia de estudios científicos exhaustivos en la región incrementa la incertidumbre sobre la magnitud y el impacto de futuros grandes movimientos sísmicos y tsunamis, lo que podría derivar en nuevos desastres compuestos.
En Manzanillo, los riesgos se ven agravados por las actividades portuarias, donde el atraque de buques con gas natural y el manejo de materiales químicos representan factores críticos. Una descripción del proyecto elaborada por la Agencia nipona advierte: “Los terremotos y tsunamis pueden ocasionar interrupciones críticas en las cadenas de suministro y provocar efectos adicionales como incendios o accidentes químicos, lo que incide en la estabilidad socioeconómica de la región”.
La estrategia de cooperación triangular involucra a instituciones salvadoreñas, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el CENAPRED, bajo el impulso conjunto de El Salvador, México y Japón. El proyecto tiene como meta que los análisis de riesgo y las propuestas de reducción de desastres se integren en los planes nacionales y locales de ambos países.

Entre los resultados esperados figura el desarrollo de escenarios de megaterremotos y tsunamis en la fosa centroamericana, la evaluación de riesgos específicos en ciudades portuarias y el fortalecimiento de capacidades para la reducción de desastres, con especial atención a la protección de comunidades y de infraestructura clave.
Las actividades técnicas incluyen la obtención de datos sísmicos y geodésicos tanto en el océano como en tierra, el análisis de amenazas de terremoto y tsunami, la recopilación de información sobre la exposición y la implementación de estrategias de evacuación y comunicación de riesgos.
El proyecto, actualmente en fase piloto, prevé la realización de seminarios de difusión dirigidos a las partes interesadas locales. El aporte de Japón comprende el envío de especialistas en sismología, modelización sísmica y de tsunamis, análisis de riesgos, ingeniería, comunicación y sistemas de alerta, así como el suministro de equipos avanzados y la capacitación de personal en geofísica, ingeniería y economía en territorio japonés.
En una entrevista concedida a Infobae México, el presidente de JICA, doctor Tanaka Akihiko, explicó: “Es un proyecto de investigación y de prevención de desastres portuarias, particularmente en Manzanillo. Tiene una particularidad de desarrollo académico entre México y Japón”.
La colaboración entre JICA y México se remonta a varias décadas, abarcando esquemas como la cooperación técnica, la investigación, becas, asociaciones público-privadas y cooperación financiera. Entre los aportes más destacados, la Agencia de Cooperación del Japón financió con USD10.000.000 el edificio que actualmente alberga al CENAPRED, inaugurado en 1990.
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