
En México, pocas frases son tan comunes como el clásico consejo de las abuelas “Échate un bolillo pa’l susto”.
La escena es habitual en hogares, escuelas y oficinas: tras un sobresalto, alguien sugiere con naturalidad “un bolillo para el susto”, como si el simple acto de comer pudiera devolver la calma perdida.
En la práctica, la persona afectada suele recibir el pan y consumirlo, a menudo acompañada de palabras tranquilizadoras de quienes la rodean.
Pero, ¿Qué hay detrás de esta costumbre?

La UNAM Global, agencia informativa de la Universidad Nacional Autónoma de México, el “susto” se entiende como una reacción repentina del cuerpo ante un peligro o miedo, como puede ocurrir durante un sismo.
Desde el punto de vista científico, el susto desencadena una serie de reacciones fisiológicas en el organismo, este responde de inmediato: los músculos se contraen, se acelera el ritmo cardiaco, los niveles de glucosa en sangre se alteran, la respiración se agita y aumenta la producción de adrenalina y cortisol.
Ante una situación inesperada o amenazante, el cuerpo libera adrenalina, lo que provoca un aumento en la frecuencia cardíaca, la presión arterial y la respiración.
Además, el sistema digestivo puede verse alterado: algunas personas experimentan náuseas, sensación de vacío en el estómago o incluso temblores.
En este contexto, surge la pregunta sobre el papel del bolillo en la recuperación tras el susto.
Entonces, ¿por qué el bolillo?

Resulta que comer pan puede ayudar a asimilar la glucosa y a estabilizar el malestar digestivo tras una impresión fuerte. De ahí que las abuelas lo recomendaran como remedio exprés para calmarse después de un buen susto.
El consumo de carbohidratos, como los que aporta este pan, puede tener un efecto calmante en el sistema digestivo. Al ingerir un alimento sencillo y de fácil digestión, el cuerpo recibe una señal de normalidad que puede contribuir a estabilizar las funciones alteradas por el estrés.
Además, el acto de comer puede distraer la mente y ayudar a recuperar la sensación de control tras una experiencia impactante. Según los especialistas, el bolillo no cura el susto, pero puede ayudar a calmar el estómago y reconfortar a la persona afectada.
Subrayan que el efecto es más psicológico y fisiológico que mágico, y que no debe atribuirse al pan propiedades que no posee.
Recomiendan acompañar el gesto con apoyo emocional y, si los síntomas persisten, buscar atención médica.
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