
Las lluvias intensas y prolongadas no solo alteran el entorno físico, sino que también generan condiciones propicias para la proliferación de enfermedades, especialmente en comunidades con infraestructura deficiente. Estos fenómenos climáticos afectan la calidad del agua, el saneamiento y las condiciones de vida, lo que incrementa el riesgo de transmisión de virus, bacterias y parásitos.
Uno de los principales factores que contribuyen a la propagación de enfermedades durante la temporada de lluvias es la acumulación de agua estancada, que se convierte en criadero de mosquitos como el Aedes aegypti, vector de enfermedades como el dengue, zika y chikunguña.
Además, las lluvias intensas pueden contaminar el agua potable al mezclarse con desperdicios debido a filtraciones o desbordamientos de drenajes, lo que facilita la transmisión de enfermedades gastrointestinales como diarrea infecciosa, cólera y hepatitis A.

Las inundaciones pueden colapsar plantas de tratamiento de aguas residuales, dañar letrinas y fosas sépticas, liberando materia fecal al ambiente y aumentando el riesgo de infecciones. Asimismo, el hacinamiento en refugios temporales, común durante inundaciones y deslaves, crea un entorno favorable para brotes de enfermedades respiratorias y dermatológicas debido a la aglomeración y las condiciones precarias.
El desbordamiento de ríos y la acumulación de basura también contribuyen a la proliferación de roedores, que son portadores de enfermedades como la leptospirosis, transmitida por contacto con agua contaminada con orina de estos animales.
¿Cuáles son las medidas de prevención para evitar estas enfermedades?

Para reducir el riesgo de infecciones durante las lluvias hay varias medidas de prevención. En cuanto a las enfermedades transmitidas por agua contaminada, se sugiere hervir el líquido durante al menos cinco minutos antes de consumirla, desinfectarlo con cloro y evitar alimentos que hayan estado en contacto con la lluvia o lodo.
En el caso de las enfermedades transmitidas por mosquitos, es fundamental eliminar criaderos de agua estancada (llantas, cubetas, cisternas, etcétera), usar mosquiteros en ventanas y puertas, aplicar repelente en la piel expuesta y vestir ropa de manga larga en zonas de alta incidencia. La fumigación debe realizarse únicamente bajo indicaciones de las autoridades sanitarias.
Para prevenir enfermedades como la leptospirosis, se recomienda evitar el contacto con aguas estancadas, especialmente si hay heridas en la piel, no caminar descalzo en zonas inundadas y controlar la presencia de roedores en el hogar. Además, es importante almacenar alimentos y basura en recipientes cerrados y desinfectar superficies y objetos que hayan estado en contacto con líquidos contaminados.

Otras medidas generales incluyen mantener los drenajes libres de obstrucciones, evitar la acumulación de basura, secar las áreas húmedas de la vivienda para prevenir la formación de moho y hongos, y garantizar una buena ventilación en refugios.
Las acciones dirigidas a grupos vulnerables, como niños, adultos mayores y personas con enfermedades crónicas, incluyen la vacunación oportuna y la atención médica inmediata ante síntomas como fiebre, diarrea, vómito, sarpullido o ictericia.
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