
Entre bosques, caballos e historias celtas, la artista inglesa Leonora Carrington, desde su infancia, ya contaba con la materia prima y la inspiración necesaria para que años después fuera reconocida como una de las artistas multifacéticas más relevantes de la escena latinoamericana del siglo XX.
Unos días en París, Francia, bastaron para que Carrington con el tiempo fuera considerada como la última representante del movimiento surrealista. Durante ese tiempo estuvo rodeada de personalidades como Salvador Dalí, Joan Miró, Pablo Picasso, Lee Miller, Luis Buñuel, al pertenecer al grupo de André Bretón, quien en sus palabras calificó al país de México como surrealista por excelencia.
Además de sus auténticas pinturas y esculturas, Carrington dejó obras literarias como “La casa del miedo: Memorias de abajo”, “La dama oval” y “ El séptimo caballo”. En 1954, publicó Lilus Kikus, libro de relatos infantiles de Elena Poniatowska con sus ilustraciones. Para 2008, la colaboración se repetiría con la aparición de “Rondas de la niña mala, y Leonora”.
Leonora Carrington perdió la vida a los 94 años de edad, un 25 de mayo de 2011.
Una huida constante en busca de la libertad creativa

La decisión de convertirse en artista obligó a Carrington a romper relación con su padre, quien se oponía a la idea de que su hija se dedicara a las artes. Tiempo después sería recordada por la frase “Nunca tuve tiempo para ser la musa de nadie. Estaba demasiado ocupada rebelándose contra mi familia y aprendiendo a ser una artista”.
Con esfuerzos, pudo convencer a su madre de enviarla a Florencia para tomar clases de arte en la Academia de Arte de la Sra. Penrose, posteriormente a la Escuela de Artes de Chelsea y luego a la Academia de pintura de Amédée Ozenfant, donde tendría su primer acercamiento con el surrealismo, a través de un libro de Heberbert Reed.
Con el tiempo se pudo relacionar con personalidades como Breton, Tanguy, Peret, Belmer, Arp y Max Ernst que a diferencia de ellos, Carrington se distinguió por incluir elementos como lo mágico, lo místico y lo misterioso.
Durante el contexto de la Segunda Guerra Mundial, la pintora se vio obligada a escapar de Europa. En el recorrido tuvo una crisis nerviosa, por lo que fue internada por indicaciones de su padre, no obstante pudo escapar y aislarse en la Embajada de México en Portugal, donde iniciaría una aventura sin posible retorno en compañía del embajador Renato Leduc.
México: tierra de descubrimiento creativo

A pesar de que la relación entre Renato y Leonora no fuera del todo fructífera, la artista tuvo la oportunidad de coincidir con Remedios Varo, con la cuál formaría una duradera amistad, la cual le permitió conocer a Katy y José Horna, así como al fotógrafo húngaro Chiki Weisz, con quién se casó en 1946 y tuvieron dos hijos, Gabriel y Pablo.
En México pudo generar un enorme legado artístico a través de pinturas, esculturas y libros. De acuerdo con El Consejo Leonora Carrington, es aquí donde se convierte en una auténtica e individual artista plástica.
En 1963, por orden del Gobierno de México, Carrington elaboró el mural “El mundo Mágico de los Mayas” En el Museo Nacional de Antropología.
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