
A través del podcast “Penitencia”, “Dani”, una persona que fue presuntamente integrante de un grupo de delincuencia organizada, relató como fue su experiencia dentro de las células criminales, qué lo impulsó a realizar acciones delictivas desde sus 12 años de edad y analizó bajo su perspectiva, qué factores influyen para el reclutamiento de niños y jóvenes para el crimen organizado.
“Mi vida delictiva comenzó desde los doce años, la violencia entre mis padres por la falta de dinero. Llegué a las calles de Tepito, donde aprendí a vender droga y conocí lo que es la piedra, un perico, la mota, entonces empecé a ganar mi dinero“, comentó.
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La persona que inició en el mundo del narcomenudeo a corta edad, apuntó que su principal motivación fue la falta de dinero y optó por vender droga ya que es “dinero fácil” que se puede sacar en unas horas. Además, el entrevistado recordó la violencia intrafamiliar y la falta de alimento, lo que generó aún más presión para apoyar a su familia.
“La ambición empezó a crecer, traer dinero no era para andar presumiendo en esas épocas. Era por la necesidad de llevar un taco a mi casa, ya no por decir que quiero vender droga y presumir lo que uno no tiene, porque dentro del grupo eres una mula, eres un trabajador, no eres el jefe, vas por unos pesos, no por unos miles”, detalló.
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A los 15 años, “Dani” (como refirió llamarse por su seguridad), recordó haber tenido su primer acercamiento a un líder de plaza que le ofreció mejores beneficios a cambio de responsabilidades más fuertes, como la venta de armas e incluso cuidar a una persona privada de su libertad.
El entrevistado, detalló que al aceptar, dicho líder le otorgó un vehículo personal, armas y nuevas instrucciones para cubrir más zonas de la Ciudad de México.
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“Mi primer trabajo ya dentro del cártel, fue un secuestro, yo participé en cuidar a esa persona, a mis 15 años, fue privar de la libertad a una persona. Yo sólo le daba de comer y lo cuidaba, por hacer eso, me pagaron 60 mil pesos”, resaltó.
Organización y estrategias de los grupos delictivos en las calles y prisiones mexicanas
“Dani”, relató que la célula delictiva contaba con personal para cada una de las tareas acordadas, personal para armas, de traslado, para secuestro y elementos que cuidaban a las personas privadas de su libertad.
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También recuerda como fue su primera vez en la cárcel. El entrevistado apuntó que la primera vez que lo arrestaron fue cuando tenía 15 años, sucedió junto con otros miembros del grupo delictivo y fue acusado por secuestro, delincuencia organizada, robo de autos y portación de armas de alto calibre; sin embargo, la corrupción y los acuerdos establecidos entre autoridades y grupos criminales, ayudaron a que su condena fuera más corta.
“Había convenios con el gobierno, el grupo criminal donde estaba era sobre secuestros, homicidios, robo de autos. Cada quién tenía su tarea, yo era de robo de autos. Varias veces me detuvieron por robo de autos, le marcábamos al patrón y se contactaba con el oficial, daban una clave y me dejaban ir con el carro.
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Mi primera vez que estuve en la cárcel fue un infierno, ocurrió a los 15 años, me agarraron con toda la banda, éramos muchos. Yo era un chamaco de 15 años con 20 personas a mi cargo, yo ya decidía que iba a hacer cada quien, yo no medía consecuencias", recordó.
Durante la entrevista, el ex miembro del cártel apuntó que su primera penitenciaria ubicada en Ecatepec, Estado de México, no tenía leyes y el gobierno no tenía palabra dentro de las instalaciones, lo que provocaba un ambiente hostil y en constante riesgo, donde se debía ganar el respeto de los presos.
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Al estar en prisión, “Dani” relató que su patrón no pudo sacarlos, sin embargo lo dejó con una buena suma de dinero; posterior a una reducción de condena por pagos a la ley y buena conducta, logró salir después de 11 años y volvió al grupo delictivo.
Reclutamiento infantil en células delictivas y “códigos” dentro de los grupos criminales
“Dani”, hizo un análisis y comparación de las operaciones dentro de los cárteles mexicanos de antes y durante los años 2000 a comparación de 2025; apuntó que los grupos delictivos actuales solo son una evolución de los que ya existían anteriormente, solo que con gente nueva y empresas nuevas.
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Asimismo, resaltó que los cárteles anteriormente manejaban códigos y reglas específicas, como el respeto de zonas y no meterse con mujeres y niños, sin embargo, mencionó que las personas que pertenecen a los grupos delictivos ya no tienen “ética de la vieja escuela” y el panorama empeora, pues ya no hay reclutas jóvenes, sino infantes.

“Todo ha cambiado, a lo que yo viví e hice, a estas épocas ha cambiado mucho, en el reclutamiento ya se usa a mujeres y niños. Antes había códigos, ahora ya no hay nada de eso.
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Rompieron todo tipo de códigos, ahora ya no hay respeto ni por niños ni por mujeres, ahora son primero ellos, mas el reclutamiento, se perdió el respeto. Hay más adolescencia ahora que antes. Antes si eran cárteles de verdad, todo juega aquí, incluyendo el gobierno”, resaltó.
¿Puede haber un cambio de antes y después de la delincuencia organizada?
Finalmente, “Dani” mencionó que la prisión no solo es una “universidad para los delincuentes”, sino que es un espacio para reflexionar y generar conciencia si lo que se busca es “pudrirse en una prisión” sin ver a la familia e incluso, llegar al extremo de dañar a seres queridos por medio de extorsiones o incluso el asesinato.
“Le quité la vida a un amigo por lealtad a mi patrón. Para entrar dentro de un cártel debes demostrar lealtad, matando a un familiar, a un amigo, yo tenía 17 años.
Mi cambio viene de hace poco, decidí cambiar la herramienta del narco por la herramienta que son mis manos. Si tuve la creatividad de hacer todo eso dentro del cártel, tengo la habilidad de hacerlo para otras cosas buenas", declaró.

Al finalizar, “Dani” resaltó que el verdadero cambio viene cuando hay una verdadera reflexión sobre las habilidades personales y se tiene la capacidad de transformarlas para el bien, asimismo, afirmó que otro factor es la familia.
“El no poder ni ver ni escuchar a mis hijos es de lo peor. El ver tanta violencia y decir ‘no quiero seguir haciendo daño a la gente’, porque tengo familia, hermanos e hijos, y no quiero que pasen por lo que pasé, ni que cometan los errores que yo cometí.
Cambié las armas por el abrazo de un hijo, y eso es lo más valioso que he tenido. Todo tiene un cambio desde casa, que llegue este mensaje a los padres, que se tomen el tiempo de sentarse con sus hijos y le hagan ver la realidad de la vida. Todo viene desde casa, del cariño de los padres“, finalizó.
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