
De acuerdo con un informe de la Agencia Internacional de Investigación del Cáncer (IARC, por sus siglas en inglés), la incidencia del cáncer testicular en México podría aumentar un 13% en los próximos 20 años, lo que subraya la importancia de un diagnóstico temprano para mitigar su impacto epidemiológico. Este tipo de cáncer, aunque poco común en términos generales, es el más frecuente entre hombres jóvenes de 15 a 35 años y representa el tercer tipo de cáncer con más casos nuevos al año en hombres de 15 a 69 años en el país.
El cáncer testicular se origina en los testículos, órganos esenciales del sistema reproductor masculino ubicados en el escroto. Según explicó el doctor Samuel Bravo Hurtado, representante de la Comisión Interna para la Igualdad de Género (CInIG) de la Facultad de Medicina de la UNAM, este tipo de cáncer tiene una presentación sintomática, lo que significa que puede ser detectado cuando el paciente observa cambios físicos como un aumento en el tamaño testicular o dolor. Este aspecto lo convierte en una enfermedad que, con un diagnóstico oportuno, puede ser tratada con altas tasas de éxito.
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Tipos de cáncer testicular y sus características
El cáncer testicular se clasifica principalmente en dos tipos: seminomas y no seminomas. Los seminomas, que crecen de manera más lenta, suelen responder favorablemente a la radioterapia y tienen un buen pronóstico cuando se detectan en etapas tempranas.
Por otro lado, los no seminomas tienden a ser más agresivos y de crecimiento rápido, aunque también responden bien a los tratamientos disponibles. Según el doctor Bravo Hurtado, este último tipo es el más comúnmente diagnosticado en la población latina, lo que resalta la necesidad de estrategias específicas para su detección y tratamiento.
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El 90% de los tumores malignos en los testículos se originan en las células germinales, que son las encargadas de producir espermatozoides a partir de la adolescencia. Por esta razón, el cáncer testicular también es conocido como Tumor de Células Germinales (TCG). Aunque este tipo de cáncer representa solo el 1% de los tumores diagnosticados en hombres, su frecuencia varía entre países por razones aún desconocidas.
Síntomas y factores de riesgo: claves para la detección temprana
Entre los síntomas más comunes del cáncer testicular se encuentran la aparición de un bulto o hinchazón en uno de los testículos, sensación de pesadez en el escroto, dolor sordo en el abdomen o la ingle, acumulación repentina de líquido en el escroto y molestias en los testículos o el escroto. En casos avanzados, pueden presentarse síntomas como dolor de espalda o dificultad para respirar, lo que indica que el cáncer podría haberse diseminado a otras partes del cuerpo.
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El doctor Bravo Hurtado destacó la importancia de conocer los factores de riesgo asociados a esta enfermedad. Entre ellos se encuentran la criptorquidia (testículo no descendido), antecedentes familiares de cáncer testicular, infección por VIH y el consumo crónico de marihuana. Además, ser hombre entre los 20 y 69 años incrementa significativamente la probabilidad de desarrollar este tipo de cáncer.

Diagnóstico y tratamiento: herramientas para combatir la enfermedad
La detección temprana del cáncer testicular es fundamental para garantizar un tratamiento exitoso. Según el doctor Bravo Hurtado, citado por la gaceta de la Facultad de Medicina de la UNAM, la autoexploración testicular es una herramienta clave que permite a los hombres identificar anormalidades desde el inicio de los cambios sexuales. Este hábito puede marcar la diferencia entre un diagnóstico temprano y uno tardío.
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El diagnóstico se confirma mediante una combinación de pruebas, que incluyen ecografías testiculares, análisis de sangre para detectar marcadores tumorales como AFP, hCG y LDH, y en algunos casos, biopsias o extirpación quirúrgica del tejido afectado.
En cuanto al tratamiento, las opciones varían según el tipo y estadio del cáncer. La cirugía, conocida como orquiectomía, consiste en la extirpación del testículo afectado y es el tratamiento inicial más común. La radioterapia se utiliza principalmente para los seminomas, mientras que la quimioterapia es más frecuente en los casos de no seminomas o en etapas avanzadas. En algunos pacientes de muy bajo riesgo, se puede optar por una vigilancia activa, que implica un monitoreo constante sin intervención inmediata.
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Gracias a los avances en los tratamientos, como los esquemas de quimioterapia basados en cisplatino desarrollados desde la década de 1970, las tasas de supervivencia a cinco años superan el 95%, incluso en casos con metástasis. Esto convierte al cáncer testicular en uno de los tipos de cáncer más curables.
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