
Además de maullidos y ronroneos, un estudio dirigido por Brittany Florkiewicz, psicóloga comparativa y evolutiva del Lyon College de Arkansas, Estados Unidos, reveló que los gatos se comunican con 276 expresiones faciales distintas, un descubrimiento que contrasta con la visión tradicional de que los felinos son animales asociales y solitarios.
Los gatos son, sin duda, una de las mascotas más queridas por el ser humano. Su domesticación se originó en Asia Menor y Egipto hace aproximadamente diez mil años, cuando comenzaron a convivir con las primeras sociedades humanas, atraídos por los granos almacenados que albergaban roedores.
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Aunque históricamente se les ha considerado menos comunicativos que los perros, de acuerdo con National Geographic, es posible que estas complejas expresiones faciales felinas evolucionaron como resultado de la relación con los humanos a través de un proceso de adaptación para comunicarse de manera más eficaz con sus dueños y no solamente con su propia especie.
El estudio, liderado por Florkiewicz junto con su colega Lauren Scott, se llevó a cabo en el CatCafe Lounge de Los Ángeles, un refugio sin ánimo de lucro que alberga hasta 30 gatos en busca de adopción. Durante 150 horas de observación, las investigadoras analizaron las interacciones de 53 gatos domésticos de pelo corto, grabando un total de 194 minutos de video. Según detalló National Geographic, se excluyeron comportamientos no comunicativos, como bostezos o masticación, para centrarse exclusivamente en los movimientos faciales relacionados con la comunicación.
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Posteriormente, el equipo utilizó el sistema de codificación de expresiones faciales conocido como CatFACS (Facial Action Coding System), una herramienta que permite identificar movimientos musculares específicos, denominados “unidades de acción”. Estas unidades fueron analizadas con el programa de video ELAN, que permite desglosar las expresiones en una línea de tiempo precisa. Según los resultados, se identificaron 26 movimientos musculares únicos, que al combinarse generan las 276 expresiones faciales documentadas.
El análisis clasificó estas expresiones en tres categorías principales: el 46 % se consideraron amistosas, el 37 % antipáticas y el 17 % mostraron características de ambas, un rango de expresiones que supera significativamente las 27 expresiones faciales identificadas en los perros y las 44 en los humanos.
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Lenguaje corporal en los gatos

Además de las expresiones faciales, el lenguaje corporal de los gatos también juega un papel crucial en su comunicación. Según el artículo “El lenguaje de los gatos”, publicado por Maia Crist, los movimientos de las orejas, los bigotes, las pupilas y el pelo son indicadores clave del estado de ánimo y las intenciones de los felinos.
Las orejas dirigidas hacia adelante suelen reflejar interés amistoso, mientras que las levantadas y orientadas hacia atrás pueden indicar una amenaza de ataque. En situaciones de miedo, los gatos tienden a replegar las orejas hacia los lados y bajar los bigotes hacia la garganta, detalló la autora.
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En cuanto a los bigotes, son un elemento expresivo destacado; cuando están extendidos hacia adelante y vibran, sugieren tensión o actividad inminente, pero si permanecen replegados hacia atrás, indican timidez o retraimiento. Comportamientos aparentemente simples, como bostezar, tienen un significado diferente al de los humanos, en su caso, hacerlo indica tranquilidad y bienestar.
Las pupilas también ofrecen pistas sobre el estado emocional del gato; cuando son estrechas pueden denotar tensión o amenaza, mientras que las dilatadas suelen asociarse con miedo, sorpresa o incluso hambre. Sin embargo, como señaló Crist, la luz ambiental puede influir en el tamaño de las pupilas, lo que a veces dificulta interpretar correctamente estas señales.
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Otro aspecto interesante del lenguaje corporal felino es la apertura de los párpados. Los gatos tienden a abrirlos ampliamente en presencia de extraños, lo que refleja un estado de vigilancia, mientras que en entornos relajados, como cuando están en compañía de sus dueños, suelen mantenerlos entreabiertos.
En conjunto con estos rasgos más conocidos, los hallazgos del estudio de Florkiewicz podrían tener implicaciones significativas para mejorar la relación entre los gatos y los humanos, especialmente en contextos como la adopción y el cuidado responsable, ya que arrojan una nueva noción sobre la complejidad de la comunicación felina.
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