
El auge de los influencer aún está en su pico más alto. Ya sea en TikTok, Instagram, YouTube o cualquier red social, constantemente se consumen los materiales que realizan los creadores de contenido y sí, la mayoría de ellos publicitan marcas y diversos productos.
De acuerdo con un estudio Morning Consult, el 72% de los millennials o Generación Y (personas nacidas entre la década de 1980 hasta mediados de 1990) y centennials o Generación Z (nacidos entre 1997 hasta 2010) siguen a los influencers. En el mismo estudio se reveló que sólo los centennials representaron el 40% de los consumidores e influyeron en alrededor de 4 mil millones de dólares en gastos discrecionales en 2020.
A pesar de las impactantes cifras del mercado, que estas generaciones gasten su dinero en los productos recomendados por los creadores de contenido está afectando sus bolsillos más de lo que piensan con un fenómeno llamado “dismorfia del dinero”.
¿Qué es la dismorfia del dinero?
Para comprender el término, hay que entender qué es la dismorfia. Formada con raíces griegas bajo el prefijo dis- (mal, difícil), morphe (forma), más el sufijo -ia (cualidad), dismorfia significa “anormalidad en la forma o el tamaño de algo”. Usualmente, la dismorfia está más asociada con la percepción alterada de las partes del cuerpo, sin embargo, se ha aplicado también para otros casos.

En este sentido, la dismorfia del dinero está asociada a percibir que se tiene más dinero del que en realidad existe los bolsillos o la cuenta de banco. Por ende, no saber cuál es el verdadero límite financiero lleva a la toma de malas decisiones y ocasiona que se gaste más allá de las verdaderas posibilidades.
Al mismo tiempo, esta dismorfia o “percepción inflada” de los bolsillos conduce al estrés financiero, ya que usualmente afecta el presupuesto mensual y deja a las personas sin el dinero suficiente para lidiar con los gastos imprescindibles.
Las generaciones de millenials y los Gen Z son los más afectados de este malestar económico al ser nativos digitales. Según un estudio realizado por Qualtrics, publicado en enero de 2024, el 43% de la Generación Z y el 41 por ciento de la Generación Y en Estados Unidos padecen de dismorfia monetaria, en gran parte por la influencia que ejercen las redes sociales en sus hábitos de consumo.
¿Por qué las nuevas generaciones gastan más?
Los hábitos de consumo de hoy en día son muy efímeros en parte por las tendencias de redes sociales. El maquillaje, la cafetería o ropa que ahora puede comprarse, en poco tiempo pasará de moda, lo que hace que las personas quieran obtenerlo lo más pronto posible para así reconocerse como parte de estas tendencias.

A esto se le suma el sobreprecio de las cosas, que se han encarecido también debido a los elevados procesos inflacionarios que enfrenta el mundo desde el inicio de la pandemia de COVID-19. Estas tendencias de redes sociales responden al mercado de los creadores de contenido y a lo que las marcas y empresas quieren que publiciten, por lo cual con mayor frecuencia se posiciona un estilo de vida y un estatus social.
Todo lo anterior, conlleva a que los millenials y centennials gasten de forma no responsable y ocupen diversas tarjetas de crédito para “ampliar su cartera”, lo cual es una falsa percepción, que finalmente provoca infelicidad o insatisfacción sobre los ingresos y el modo de vida.
Al respecto, el mismo estudio de Qualtrics menciona que el 46% de la Generación Y, así como el 45% de la Generación Z, viven obsesionados con la idea de ser ricos.
La cultura del consumismo en redes sociales y la presión social para alcanzar estándares de vida elevados pueden llevar al endeudamiento excesivo, al miedo irracional a la pobreza o a la incapacidad para gastar dinero incluso en necesidades básicas. Estos patrones de conducta pueden tener consecuencias negativas en la vida personal y profesional de quienes las padecen, afectando su bienestar emocional y su estabilidad financiera a largo plazo.
¿Cómo enfrentar la dismorfia del dinero?
Erin Lowry, autora de la serie Broke Millenial (Millenial en quiebra), considera que el primer paso para enfrentar la dismorfia del dinero consiste en reconocerla y admitir que la percepción que se tiene de las finanzas no está necesariamente basada en hechos.

Pasar a la autorreflexión, junto con la búsqueda de orientación de un planificador financiero, ayudará a que se salden las deudas, al mismo tiempo que se ajusten los ingresos de las personas para que sean utilizados adecuada y responsablemente.
Si después de estas medidas la dismorfia del dinero persiste, Lowry recomienda ir al origen del problema: dejar de prestar atención a las redes sociales o a los influencers que provocan dicha ansiedad de consumo que tanto afecta a los más jóvenes.
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