
Lentejuelas, estolas, estoperoles y sombras en los ojos, accesorios que muchos de los “fans fatales” de Fangoria, el dúo que conforman Alaska y Nacho Canut, lucieron en los conciertos del 18 y 19 de enero en el Teatro Metropolitan de la Ciudad de México, dos noches de electrónica y glamour en un reencuentro con su público nacional tras casi dos años.
Ante una audiencia eufórica, la estrella hispanomexicana se alzó como la sacerdotiza de sus fieles creyentes a ritmo del synth pop y el acid house que distinguen al sonido de Fangoria desde 1989, cuando Alaska y Nacho comenzaron un nuevo capítulo en la historia musical que ya habían cimentado 10 años atrás con Alaska y los Pegamoides, y luego como Alaska y Dinarama.
Protagonista del movimiento histórico contracultural conocido como “La movida madrileña”, Olvido Gara Jova -nombre de pila de Alaska- salió al escenario del teatro de la calle Independencia en el Centro Histórico pasadas las 21:00 horas y de inmediato ocurrió lo evidente: hipnotizó a su público con el set inicial compuesto por Fiesta en el infierno, Iluminados y Electricistas.

“¡Buenas noches! ¡Nosotros somos Fangoria y por fin estamos en México! ¡Gracias por estar aquí esta noche, gracias por estos dos días maravillosos, siempre ya saben que nos gusta mucho venir! ¡Es un placer como siempre!”, dijo Alaska al frente de Nacho, quien en su acostumbrado bajo perfil hizo lo suyo en los teclados y sintetizadores.
Estilizados y atléticos bailarines, impresionantes juegos láser, destellos en neón y visuales psicodélicos en pantalla gigante fueron el complemento a los varios cambios de vestuario que la cantante, compositora y actriz de 60 años lució: ceñidos vestidos con escote y transparencias, su icónica melena negra y la mirada “a la smokey eye”.

“Gracias por estar con nosotros. Sabemos que han vendido de varios lugares de la República. Y venimos con todo el amor y gratitud del mundo, y sabemos que unos quieren algo y otros, otras canciones, pero hicimos una selección de singles para que todos la pasemos muy bien”, dijo Alaska, la primera “chica Almodóvar” en la filmografía del manchego.
Una a una fueron sucediendo las interpretaciones del repertorio que incluyó una selección de temas de sus álbumes más recientes combinados con singles de su primera etapa y un puñado de himnos ochenteros.

Espectacular, Mi burbuja vital, Un poco todo, Disco Sally, Un boomerang, Hombres, hicieron rugir a los asistentes, muchos coetáneos a Alaska, y otros tantos pertenecientes a generaciones más jóvenes que han tomado a la entrañable artista como un emblema de rebeldía y también vanguardia.
No faltaron entre el público los “darkys” o “punks”, pertenecientes a grupos sociales donde también Alaska impactó con sus primeros trabajos, su discurso y su estética “extravagantemente oscura”, y aunque hoy ya es una artista de culto abierta al mainstream, no ha perdido el apoyo de algunas escenas subterráneas.
“Voy a tomar un poco de agua, no parezco ni mexicana. Ya llevo tanto tiempo fuera que… no puede ser”, expresó una agitada diva alternativa tras su éxito ochentero Bailando. Cabe recordar que Alaska nació en el entonces Distrito Federal en 1963 y a sus diez años fue llevada a vivir a España.

El show avanzó con una magistral incoporación del sampleo de Can’t Get You Out of My Head de Kylie Minogue, que Alaska coreografeó al final de De qué me culpas, Cómo pudiste hacerme esto a mí, clásico de Dinarama que ligó con Qué sería de mí sin ti -versión del fallecido compositor Carlos Berlanga-, Héroes, cover de Parálisis Permanente, que a su vez es versión en español del clásico de David Bowie, gurú musical de la diva también apodada “El huracán mexicano”, y el hit No sé qué me das.
Miro la vida pasar, Retorciendo palabras, Geometría polisentimental, Dramas y comedias y la insigne Ni tú ni nadie hicieron retumbar el recinto que lució más espectacular con las proyecciones láser sobre sus hermosas esculturas griegas.

Ya en la recta final, el himno de liberación A quién le importa levantó a los poquísimos que seguían sentados para luego dar paso a Rumore, versión de la fallecida italiana Rafaella Carrá, que cantó Alaska acompañada por su marido Mario Vaquerizo y el resto de las Nancys Rubias, grupo que había fungido como telonero 90 minutos atrás.
Ovaciones, aplausos y reverencias fue el brillo final de la noche de show, a cuya segunda fecha, la del 19, acudieron como público Miguel Bosé y la actriz Alejandra Bogue, “grandes amigas” de Alaska, como ella mismo lo compartió en Instagram.
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