
La Ciudad de México es una urbe plagada de maravillosas historias, algunas muy conocidas y otras menos, tal como es el caso de esta anécdota que hoy traemos para ti.
Mucho se habla sobre lugares secretos que se encuentran en la ciudad y que podrías descubrir en una tarde de aventurarte por lugares desconocidos y prohibidos.
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Si bien en realidad suena poco probable que esto realmente pudiera ocurrir, debido a que en la actualidad muchos sitios ya han sido inspeccionados y estudiados, lo cierto es que hace varios años, cuando había mucho que explorar de la joven capital, este hecho poco probable sí ocurrió.
La historia es la de tres jóvenes que ese día decidieron no asistir a sus clases y que nunca imaginaron que su inocente escapada los llevaría a descubrir una red de túneles secretos ubicados en un edificio histórico del centro de la ciudad, hecho que ocurrió ya hace más de 100 años.
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Fue en el año de 1898 cuando estos estudiantes del entonces Colegio de San Pedro y San Pablo, quienes tenían el propósito de fugarse de la que entonces era una reconocida institución, buscaron una forma de salir y se encaminaron a explorar partes poco accesibles del recinto.

Fue así que crearon un agujero por donde pasaron con dificultades pero que les valió descubrir una serie de túneles que nadie sabía que se encontraban ahí.
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Si bien el hecho ocurrió en el año de 1898 la historia no fue dada a conocer hasta 1921, cuando uno de los protagonistas de la historia, quien entonces ya era un adulto, contó la historia para popular periódico.
En ese momento, el hombre que había vivido tal aventura contó que él y sus compañeros estuvieron a punto de caer en una agujero durante su excursión y que no sabían a dónde llevaban los túneles, pero declararon lo siguiente:
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“Con el propósito de fugarnos, descubrimos un gran subterráneo, y este va, según vimos, por un lado parece pasa por la Escuela Normal calle de San Ildefonso y por el otro lleva el rumbo de Loreto, aunque los muchachos más grandes aseguraron que a la Perpetua o a la Escuela de Medicina, lo cierto que para el gobierno sería bueno que lo acabaran de descubrir porque es un gran escondrijo”.

Ante tal revelación, un reportero del prestigioso periódico (El Universal) decidió ir a explorar y en su excursión recorrió una serie de pasadizos secretos sin tener certeza de a dónde llevaban, pues en algún punto hubo que parar al encontrar una parte inundada.
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Además, el reportero y su acompañante se obligaron a volver cuando en un punto de la expedición tropezaron con unos objetos y al iluminarlos con su pequeña lampara descubrieron que eras huesos humanos.
En la actualidad se desconoce si el gobierno exploró los túneles y descubrió hacia dónde conectan o si decidió bloquear para siempre las entradas ante el inminente riesgo que representaban por su profundidad y por no saber cuáles eran las salidas, debido a que los túneles se bifurcaba en algún punto.
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<b>Breve historia del Colegio Colegio de San Pedro y San Pablo</b>
A pesar de que ahora este recinto de la CDMX es poco conocido y pasa desapercibido para muchas personas, en su momento se trató de una importante institución educativa, de las primeras de la ciudad, que inició con educación para los jesuitas pero que pronto se convirtió en una escuela para muchos criollos tanto de familias adineradas como de más bajos recursos.
Si bien el colegio operó durante varios años, tuvo una temporada donde el edificio fue abandonado y quedó en ruinas, entre los años de 1921 y 1927, periodo en el que fue visitado por el reportero.
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Tiempo después el inmueble fue rescatado por José Vasconcelos quien en la parte de la iglesia que formaba parte de la construcción ubicó una hemeroteca y en el año de 1944 el presidente Manuel Ávila Camacho inauguró la Hemeroteca Nacional de México, la cual permaneció ahí hasta 1979.

Para 1996 fue la sede del Museo de la Luz, donde permaneció hasta 2011 para posteriormente convertirse en el poco conocido Museo de las Constituciones. Por su parte, la parte del edificio donde se encontraba el colegio alberga al Centro Nacional de Conservación y Registro del Patrimonio Artístico Mueble, (CENCROPAM), dependiente del Instituto Nacional de Bellas Artes.
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Si bien el recinto sufrió este destino, también es importante mencionar que el colegio no murió pues con el tiempo se convirtió en el Antiguo Colegio de San Ildefonso, y que fue instalado en otros recintos cercanos a esta primera institución educativa.
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