
Varios residentes de la Ciudad de México (CDMX) se vieron sorprendidos por tres microsismos consecutivos con origen en la alcaldía Álvaro Obregón, registrados minutos después de las 11:00 horas del pasado 12 de diciembre de 2023. A pesar de la inquietud presente en las redes sociales, en donde los ciudadanos expresaron su preocupación por la inactivación de la alerta sísmica, las circunstancias geográficas impidieron su funcionamiento eficaz dada la proximidad del epicentro que causó que las ondas sísmicas alcanzaran rápidamente la superficie.
Los microsismos sucedieron uno detrás de otro. La tecnología actual tiene una limitación intrínseca en estos casos: necesita de un tiempo mínimo para detectar y analizar las ondas sísmicas antes de lanzar la señal de alerta. La cercanía del epicentro a la zona poblada fue un factor clave en la rapidez con la que se sintieron los temblores, minimizando el margen de tiempo para una advertencia anticipada efectiva.
Asimismo, la naturaleza de los microsismos implica que su magnitud es menor en comparación con terremotos de gran escala, y por lo tanto, suelen resultar menos perjudiciales. A pesar de esto, el evento sísmico provocó un estado de alerta entre los habitantes, evidenciando la vulnerabilidad de la CDMX ante fenómenos naturales y la dependencia de los sistemas de alerta para anticipar posibles daños o riesgos para la seguridad de la población.
¿Hay más sismos en diciembre que en septiembre?
Tras los sucesos, las autoridades realizaron revisiones de infraestructura para descartar daños significativos y brindar seguridad a los habitantes de Álvaro Obregón y los alrededores. Los especialistas continúan monitorizando la actividad sísmica en la región para mantener informada a la población y tomar las medidas necesarias en caso de más incidencias.
El sismólogo, Gerardo Suárez, del Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México, explicó para Infobae México que nunca ha existido una fecha específica para la ocurrencia de sismos. Aunque reconoce patrones empíricos de repetición en ciertas zonas, descarta la idea de que los terremotos puedan ser anticipados o previstos con base en el calendario. El experto en sismología subraya la importancia de entender que tales patrones no conducen a la predicción exacta de eventos sísmicos, sino a una mayor comprensión de su naturaleza y posiblemente a mejorar las medidas de prevención.
Suárez mencionó que sin bien septiembre parezca destacarse en la ocurrencia de sismos, los datos recolectados representan únicamente coincidencias. Este patrón podría alterarse si se cambian las variables como las magnitudes, fechas y otros meses en el análisis. Además, sus colegas han detectado que, por un margen mínimo, diciembre presenta la mayor actividad sísmica registrada. Sin embargo, Suárez enfatiza que “no hay una correlación geológica” que sustente una predisposición de septiembre sobre otros meses en cuanto a los terremotos.
La percepción de septiembre como un mes sísmicamente activo podría deberse a la memoria colectiva marcada por eventos significativos ocurridos durante ese período. A pesar de la recurrencia percibida, es importante destacar que la actividad sísmica depende de otros factores alejados del tiempo específico del año y que los movimientos telúricos son resultado de procesos geológicos constantes e impredecibles. La afirmación de Suárez sobre la ausencia de correlación geológica entre los sismos y el mes de septiembre refuerza la comprensión de que los terremotos son fenómenos naturales.
El suelo de la CDMX es similar a una gelatina
Las investigaciones en curso por especialistas, como Suárez, centran su interés en estudiar las superficies del país y cómo estas responden a las ondas sísmicas sean de origen local o internacional. Esto se debe a la variabilidad del terreno, su estabilidad y las respuestas ante los sismos. Asimismo, subrayan la complejidad del subsuelo de la CDMX, donde gran parte de su infraestructura está edificada sobre sedimentos ricos en agua. Esto contribuye a un efecto similar al de una “gelatina”, lo cual puede amplificar el movimiento sísmico.
El modo en que las construcciones reaccionan ante los sismos está directamente relacionado con el tipo de movimiento que el suelo experimenta. En palabras de Suárez: “Tenemos que aprender cómo es el movimiento de los suelos para saber cómo reaccionan las construcciones”. Según el experto, la capital presenta una amplitud pronunciada en la zona central de la cuenca, mientras que en áreas elevadas, este efecto se reduce significativamente. Tal diferenciación es vital para la ingeniería sismorresistente en la zona.
La necesidad de ajustar el diseño estructural de los edificios y otras construcciones a las condiciones específicas del suelo en la CDMX es fundamentada como medida de prevención y mitigación de daños frente a futuros terremotos. Los hallazgos y recomendaciones de estos estudios tienen como propósito proporcionar una guía estratégica para las futuras normativas de construcción en áreas susceptibles a eventos sísmicos.
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