El mexicano que puso sonido al infierno; quién es Gonzalo Gavira y cuál fue su trabajo en “El exorcista”

El afamado sonidista formó parte del equipo que ganó un Premio de la Academia, mejor conocido como Óscar

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Warner Bros Pictures.
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En el vasto mundo del cine, existen figuras que, aunque no se encuentren siempre bajo los reflectores, desempeñan roles cruciales para convertir una película en una obra maestra. Gonzalo Gavira, un talentoso mexicano especializado en efectos sonoros, fue uno de ellos. Aunque su nombre puede no sonar familiar para muchos, su trabajo resonó en las salas de cine de todo el mundo, especialmente en la aclamada película de terror El exorcista.

Nacido en 1925 en Veracruz, México, Gonzalo Gavira comenzó su carrera en la industria del cine mexicano, participando en numerosas producciones y estableciéndose como un experto en el diseño de sonido. Sin embargo, su renombre internacional llegaría con su participación en uno de los filmes de terror más icónicos de todos los tiempos.

Un cuello humano al torcerse: los sonidos de ‘El exorcista’

Warner Bros Pictures.
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El exorcista, dirigida por William Friedkin en 1973, es conocida por muchos elementos: su trama inquietante, las actuaciones magistrales y, por supuesto, su inmersiva atmósfera. Parte de esta última se debe al trabajo de Gavira, quien utilizó técnicas no convencionales para producir los escalofriantes sonidos que hacen que la piel se erice.

Una de las escenas más recordadas de la película es cuando Regan, la niña poseída, gira su cabeza en un ángulo imposible. El crujido perturbador que se escucha fue creado por Gavira utilizando una cartera de cuero y torciéndola cerca de un micrófono. O al menos eso es lo que siempre se ha contado durante muchas décadas.

Warner Bros Pictures.
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No obstante, en una charla que tuvo con El Universal hace más de veinte años, reveló un detalle peculiar sobre cómo se creó el sonido del cuello torcido de Regan: “Quitándole el peine a un hombre junto a mí, creé el sonido, un efecto que impresionó a Friedkin, el director”. Más aún, afirmó que la risa tenebrosa y los ruidos guturales de la víctima también provenían de su propia garganta.

También se le atribuye el uso de objetos cotidianos de formas inusuales para crear sonidos. Por ejemplo, para lograr el sonido de los golpes y rasguños que se escuchan desde dentro del cuarto de Regan, Gavira golpeó su propio pecho y experimentó con diferentes micrófonos y técnicas de grabación.

El Maestro del Sonido: pionero en su campo

Imagen: YouTube.
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El director Alejandro Jodorowsky, maravillado por el trabajo de Gavira en películas como El Topo y La montaña sagrada, lo recomendó para El exorcista. Y así, Gavira comenzó a hacer magia. Desde el estudio, armado con objetos comunes, él transformaba una batidora en el ruido de carritos de supermercado, o una bomba destapacaños en el galope de un caballo. Incluso, una simple bombilla de bebé se convertía, en sus manos, en el sonido de una vejiga humana.

Este maestro del sonido, con una actitud jovial, solía contar anécdotas sobre cómo los agentes de inmigración se asombraban ante sus herramientas al viajar. Pese a que El exorcista le brindó notoriedad, era su trabajo cotidiano, sus “churritos” como él los llamaba, lo que le daba sustento.

Gavira soñó con ser arquitecto y, brevemente, fue marinero antes de descubrir su pasión por el sonido al visitar la XEW con su hermano Alberto. Se sintió atraído por la creación de efectos sonoros y, como él mismo lo describió, “Me pareció un jueguito muy divertido, y más cuando me enteré que pagaban por hacer eso”.

Gavira no sólo se limitó a producir sonidos que complementaran las escenas, sino que innovó en el arte del diseño sonoro. Creía firmemente que el sonido en una película no debía complementar únicamente la visión del director, sino añadir una capa extra de inmersión y realismo.

Un Legado que Resuena

Imagen: X.
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En México, Gavira es considerado un pionero. Antes de hacer historia con El exorcista, trabajó en la industria cinematográfica mexicana, colaborando en más de 60 películas. La carrera de Gavira abarcó muchas más producciones y géneros. Su habilidad para crear sonidos realistas y conmovedores utilizando objetos cotidianos y su enfoque innovador en el diseño de sonido lo destacaron en su campo.

Desafortunadamente, Gonzalo Gavira falleció en 2005. Sin embargo, su legado vive en las películas en las que trabajó, sirviendo como inspiración para futuros diseñadores de sonido y recordándonos la importancia del sonido en la narrativa cinematográfica.

Hoy, cuando veamos El exorcista o cualquiera de las películas en las que trabajó, es esencial recordar el talento y la pasión del hombre que literalmente le dio un sonido al infierno.