
El 6 de julio, el Zoológico de Chapultepec cumplió 100 años desde que abrió sus puertas al público por primera ocasión. Por sus instalaciones han pasado decenas de ejemplares de diversas especies animales e, incluso, se ha consolidado como un ícono de la cultura capitalina.
El histórico recinto se encuentra enclavado al interior del Bosque de Chapultepec, un territorio con más de 3 mil años de historia. Además de que sus características lo convierten en uno de los pulmones más importantes de la capital, ha sido un territorio de amplia relevancia entre la sociedad desde que la época prehispánica.
Chapultepec es una palabra en lengua náhuatl que se traduce como “en el cerro del Chapulín”, rasgo que denota la importancia que tuvo entre los pobladores que habitaron el valle de México desde antes de la llegada de Hernán Cortés.
La Secretaría de Cultura apunta que este lugar ha visto pasar diferentes personalidades como Netzahualcóyotl, Moctezuma, Hernán Cortés, Maximiliano y Carlota, Porfirio Díaz y un sinfín de políticos y militares importantes. También fue el sitio en el que sucedió la Batalla de Chapultepec, el 13 de septiembre de1847, durante la intervención estadounidense en México.
Son incontables las anécdotas que guarda este territorio al poniente de la CDMX, no obstante, la historia mexicana tiene registro de varios acontecimientos, sobre todo de hace 100 años, la época en la que esta localidad recién salía de estar bajo la cobertura del dictador Porfirio Díaz y se enfrentaba a los estragos que había dejado la Revolución Mexicana.

Esta fotografía data del año 1920, época en la que el Castillo de Chapultepec había albergado a los máximos líderes del Ejército Constitucionalista como Venustiano Carranza y Álvaro Obregón. De hecho, desde que Carranza llegó a las inmediaciones en 1916, el lugar se convirtió en un centro exclusivo para la élite de la política mexicana, sobre todo para los allegados al bando que triunfó en la Revolución.
Los pasillos del imponente palacio vieron nacer a Álvaro Obregón Tapia, hijo de Álvaro Obregón. Por otro lado, a finales de 1925 se organizó un baile, digno de la realeza, para la hija del entonces presidente Plutarco Elías Calles. Dos años más tarde fue el escenario de la boda de su otra hija, llamada Natalia, con el empresario Carlos Herrera.
Un artículo de la UNAM detalla que, durante el evento, el Castillo fue “profusamente iluminado y adornado con flores en los salones y terrazas”, sin embargo, la recién casada moriría al poco tiempo y aquel lugar la vería llegar en un féretro para llevar a cabo su ceremonia fúnebre.

Las transformaciones en los bulevares del “cerro del Chapulín” comenzaron con el oaxaqueño Porfirio Díaz y continuaron durante casi todo el siglo XX con los mandatarios Plutarco Elías, Pascual Ortiz Rubio y Abelardo Rodríguez, quienes también modificaron ciertos aspectos de la residencia imperial.
En la fecha del 22 de diciembre de 1938, Lázaro Cárdenas decretó que en esta parte de la ciudad se estableciera la sede del Museo Nacional de Historia, “el cual exhibiría las colecciones del Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnografía, que abarcaban desde el Virreinato hasta la Revolución”.

La Casa de Lago de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) es actualmente uno de los centros culturales más importantes de la Ciudad. Su valor se debe a su legado histórico, puesto que ha adornado el Bosque de Chapultepec desde tiempos de la Revolución.
La inauguración fue hasta los años 50, pero la construcción comenzó desde mucho tiempo atrás, aunque al principio no existía la intención de que fuera un recinto en el que se enseñaran y difundieran las bellas artes.

Antes de que en el lago de Chapultepec hubiera patos y fuera un área de diversión, este funcionaba como un gran embarcadero donde las personas llevaban sus lanchas y disfrutaban del paisaje, el cual, según la Secretaría del Medio Ambiente, contaba con más áreas naturales, “que funcionaban como centros recreativos”.
Cabe destacar que Chapultepec no siempre fue un centro turístico, para que eso sucediera tuvo que pasar algo de tiempo, ya que, a pesar de que cualquiera podía visitarlo, era una de las sedes principales de las clases acomodadas. Por tal situación, Lázaro Cárdenas escogió a Los Pinos como residencia en vez del Castillo, pues de acuerdo con la misma fuente, el lugar era ”muy ostentoso”.
Actualmente, la parte que alberga este enorme espacio se sigue transformando y, sin duda, el paso del tiempo se ha notado en los caminos, los edificios y todos los alrededores que junto con el Bosque y el Castillo se han modificado.
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