¿Son los TikTok un arte?

En esta entrega de Bibliomancia tratamos de vislumbrar si es posible encontrar arte en los videos breves o si sólo son una manera más de que pase el tiempo sin preocuparnos de él

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Mauricio Miranda es Director de la Biblioteca Ibero León.
Mauricio Miranda es Director de la Biblioteca Ibero León.

Hace más de 100 años la humanidad logró capturar el movimiento. En aquellas primeras películas o cortos el público se asombraba con un mundo en blanco y negro, se asustaba al ver cómo un tren se dirigía hacia ellos desde el fondo de la pantalla. La fotografía no había logrado guardar del todo las memorias, pues los recuerdos sólo existen en movimiento; por eso, este invento aún sin sonido y sin colores, suponía la posibilidad de conservar la historia y la vida, las posibilidades de lo humano se habían ampliado.

Las personas que vivieron aquel momento no se dieron cuenta plenamente, no podían, la inercia nos lleva a seguir pensando que las cosas siguen igual, una primera Ley de Newton sobre la mente, que explica que los cerebros conservan su movimiento rectilíneo uniforme y no se adaptan fácilmente a los cambios. La filosofía se dio cuenta pronto, era necesario ajustarse a lo actual pues, aunque Heráclito había determinado la imposibilidad de que una persona entrara dos veces al mismo río, con este invento se podía observar lo mismo cientos, quizá miles de veces.

En poco tiempo nació el cine. Al principio, ese nuevo medio de comunicación se encontraba atado a lo existente, las primeras grabaciones fueron una especie de teatro filmado. Sin embargo, la creatividad de las y los cineastas, configuró algo completamente distinto a las obras teatrales, en el ‘escenario’ de las películas el tiempo, la gravedad y la secuencia se podían trastocar, había nacido un nuevo lugar para hacer arte.

Desde aquel entonces, la tecnología no ha dejado de avanzar. Las personas ahora cuentan con dispositivos móviles donde ven con privacidad aquello de su interés. Pero lo más buscado no son las películas, sino fragmentos de pocos minutos sobre diferentes temas. Hay quienes critican la brevedad como algo dañino, pero Irene Vallejo en su artículo “Pensamientos portátiles” dice que desde los griegos buscamos saborear en pequeñas dosis; en la actualidad resulta además una necesidad ante el gigantesco volumen de información que nos abruma, como a una hormiga a la que le preocupara comerse un árbol entero.

Chicas graban un baile para subirlo a alguna red social Foto: (Ibero León)
Chicas graban un baile para subirlo a alguna red social Foto: (Ibero León)

Esos videos cortos de Tiktok o reels, son en realidad algo muy distante del cinematógrafo del siglo XX, son ya un nuevo medio de comunicación y otra vez la primera Ley de Newton nos lleva a creer que es lo mismo de antes, aunque ahora en el celular, sin darnos cuenta de que ahí se gestan formas diferentes de pensar y de hacer arte.

Es cierto que mucho contenido en estos pequeños videos se puede considerar superficial, sin fundamento científico o incluso de mal gusto, pero esto no es exclusivo de ellos; en el cine, en la música y en los libros también pasan fenómenos similares.

No sólo jóvenes sino personas de todas las edades suben contenido a redes tan sencillo como complejo Foto: (Ibero León)
No sólo jóvenes sino personas de todas las edades suben contenido a redes tan sencillo como complejo Foto: (Ibero León)

Por otro lado, existen creadores de contenido que repiten por este nuevo medio de comunicación lo que se hacía en medios anteriores, como lo que se hizo en el cine al intentar imitar al teatro. Hay, por ejemplo, quienes muestran cómo pintan, o cómo hacen esculturas, y estas obviamente no son formas innovadoras, cabrían sin problema en formatos anteriores, como las cápsulas televisivas.

Hay, sin embargo, propuestas que ya no es posible contener en los medios de comunicación anteriores, es como si se quisiera hacer King-kong en el teatro con un gorila de 15 metros. Existe, por ejemplo, una creadora de contenido que se llama Ter, ella hace una especie de divulgación de la arquitectura, y digo especie porque aún no tiene nombre eso que crea. La divulgación tiene varios niveles, el más básico es compartir datos sueltos, como el peso de la luna, o la distancia al sol; mientras que el más elevado es una obra artística que acerca nuestra comprensión a temas complejos, por ejemplo, un cuento literario en el que la trama dependa, en parte, de intuir el infinito.

Un videpço inluco corto puede ser una obra de arte Foto: (Ibero León)
Un videpço inluco corto puede ser una obra de arte Foto: (Ibero León)

En sus videos Ter logra este último tipo de divulgación, nos muestra lo que no habíamos visto en la arquitectura o en otras artes, pero no sólo detalles que se le hubieran ido a cualquiera, sino que genera ideas en nosotros a través de la mediación artística. Es una combinación de actuación, humor, conocimiento y brevedad, algo que también podríamos llamar alimento del pensamiento y las emociones, o arte. Lo que produce Ter no cabe en otros medios, ni en un libro, ni en una canción, ni en una película, es algo diferente, transforma la información árida en un espacio agradable, un muro donde nuestra mente, como una planta de enredadera, se puede asir para desarrollarse.

Pero, ¿es arte lo que hacen Ter y otros creadores de videos cortos similares? Avelina Lésper quizá señalaría que, además de otras cosas, le faltan a estas expresiones estar expuestas a la crítica artística para poder configurarse y desarrollarse, y eso es difícil, porque en internet fluyen por millones elogios o insultos, toneladas de juicios sin argumentos y fans dispuestos a defender a capa y espada contra cualquier argumento crítico. Yo le pregunté a uno de mis alumnos adolescentes si le parecía trascendente distinguir entre lo que era arte y lo que no lo era, y me contestó que a su generación no le importaban las mismas cosas que a nosotros. Al igual que en la novela de Desgracia, me dijeron, palabras más, palabras menos: “vuelve con los tuyos”.