
Cada mañana, cuando el equipo del Centro de Naturaleza Sweetbriar (SNC) empieza sus labores, un búho chillón, de mirada intensa y plumaje oscuro, aparece acurrucado dentro de una vieja bolsa de supermercado reutilizable. Se trata de Newton, uno de los residentes más queridos de la organización dedicada a la rehabilitación de la vida silvestre nativa de Long Island.
El ave fue presentada hace tres años a través de una publicación en Facebook donde el equipo compartió los detalles de su conmovedora historia: “Él es Newton, uno de los nuevos integrantes permanentes de nuestra familia Sweetbriar. Le encanta bañarse. Desafortunadamente, un humano bien intencionado crió a este búho chillón completamente solo”.
Ese detalle lo cambiaría todo. Criado en total aislamiento de su especie, Newton fue víctima de la llamada impronta, un proceso por el cual un animal, en sus primeras etapas de vida, adopta como figura materna o de referencia al primer ser vivo con el que interactúa. En este caso, un humano. “Cuando una cría es cuidada por un humano, se cree humana y no hay forma de cambiar esa idea”, explicó en la publicación el SNC.
“¿Por qué es mala la impronta?”, continuaron, “Bueno, cuando este búho madura y quiere aparearse, intentará encontrar una pareja humana; podría ser amigable con los humanos, lo que tendrá consecuencias peligrosas”.
La impronta elimina en las especies el miedo natural a las personas, por ello, Newton no ve a los humanos como extraños ni como amenazas, lo cual podría parecer inofensivo, pero en el caso de un ave rapaz, también puede dar lugar a comportamientos agresivos o territoriales, señaló la organización.
Por esas razones, el ejemplar rescatado no pudo ser liberado. No sabía vivir como un búho silvestre, pero tampoco puede comportarse plenamente como un ave doméstica. Está en una “zona gris”, como fue denominada en la publicación, donde muchos animales improntados terminan: demasiado salvajes para convivir como mascotas, demasiado humanizados para volver al bosque.
Vida plena, aunque diferente

Pero Newton no parece sufrir por ello. De hecho, el caso fue recuperado recientemente por The Dodo For Animal People, una plataforma con enfoque emocional hacia el cuidado y la defensa de los animales, y según relatan, el búho ha encontrado en el Centro de Naturaleza Sweetbriar un hogar donde puede volar libremente, cazar, aprender e incluso apoyar en el proceso de adaptación de otras aves recién llegadas.
Cada noche, los cuidadores abren su recinto para que salga a explorar el área de rehabilitación del centro. Es un momento de libertad que respeta su instinto sin ponerlo en peligro. “Newton se toma muy en serio su trabajo como operador de control de plagas... al parecer, es el mejor cazador de grillos camellos de la zona”, escribió el SNC en una de sus publicaciones en redes.
Pero además de ello, Newton ha demostrado comportamientos sociales con otras aves. En ocasiones, se le ha visto “entrenando” a búhos jóvenes, observándolos con curiosidad o compartiendo espacios de descanso.
Sin embargo, su conexión más fuerte sigue siendo con los humanos. De acuerdo con The Dodo, tiene sus cuidadores favoritos, a quienes sigue por los pasillos del centro; a veces se esconde dentro de sus chaquetas, como si buscara el abrigo materno; y otras veces, simplemente los observa desde su sitio favorito, una bolsa de supermercado.
El nido más inesperado

Mientras otras aves buscan árboles huecos, ramas abandonadas o acantilados para anidar, como lo describe All About Birds, una plataforma educativa del Laboratorio de Ornitología de Cornell, Newton ha encontrado su refugio ideal en una bolsa plástica reutilizable, colocada en una esquina del recinto.
“Newton ha empezado a buscar un lugar para anidar”, escribió SNC en su cuenta de Facebook la primera vez que observaron el comportamiento del ave. “Supongo que una bolsa de supermercado reutilizable podría funcionar, ¿no?”
Y para él, claramente es así. Cada mañana lo encuentran allí, perfectamente instalado, emitiendo suaves gorjeos. No se esconde, como haría cualquier otro búho salvaje. Al contrario, parece buscar ser encontrado. “¿Dónde está Newton? Solo sigue el sonido...”, dicen sus cuidadores, acostumbrados ya a su particular manera de llamar la atención.
Para los expertos del centro, esto no es extraño. “Los búhos no son constructores de nidos elaborados, y en lugar de volar de un lado a otro con muchas ramitas para armar un nido con mucho esmero, buscan cavidades abiertas en árboles o cactus grandes”, explicaron. “Un rincón acogedor que les brinde protección adecuada contra los depredadores y las inclemencias del tiempo es todo lo que necesitan”.
Así que, al final, la elección de Newton, un ave en cautiverio para la que es imposible regresar a la naturaleza, no está fuera de lugar. La bolsa cumple con los requisitos esenciales, brindándole refugio, calor, privacidad e incluso, una pequeña dosis de extravagancia.
“Nos sentimos muy afortunados de tenerlo cerca”, escribió el equipo de SNC. Y todo indica que Newton siente exactamente lo mismo.
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