
Una tarde de 2021, Sita Hood recibió la visita muy poco convencional de un sapo en su porche. Presuntamente, el animal se acercó en busca de alimento, aprovechando la abundancia de insectos que revoloteaban en búsqueda de la luz de la vivienda, sin embargo, el anfibio de color verde y actitud relajada no tardó en sentirse como en casa.
“A la mañana siguiente, lo vi guardado en uno de mis tenis deportivos, junto a la puerta del lavadero. Decidí dárselo”, relató Hood a The Dodo For Animal People, una plataforma con enfoque emocional hacia el cuidado y la defensa de los animales. Desde ese momento, se formó un vínculo especial entre ella y el animal, que regresaba noche tras noche a su no tan improvisado refugio.
Hood no se limitó a ‘tolerar’ la presencia del sapo, además de brindarle un lugar cómodo dónde quedarse, comenzó a cuidarlo con pequeños gestos como dejar la luz exterior encendida cada vez que el sol se ocultaba, hasta la hora de dormir, para que el anfibio pudiera disfrutar de una cena de insectos.
De esa forma, más que un visitante, el animal se convirtió en una parte habitual en el hogar, y recibió el nombre de “Jabba el Sapo”, en honor al famoso personaje de la saga Star Wars.
Un hogar dentro de un zapato

Aunque el refugio de Jabba implicaba que Hood no podía usar ese tenis, no le molestaba en absoluto. “Donar mi zapato no fue gran cosa”, dijo para The Dodo. “Si le brindaba consuelo o protección, ¿por qué no?”.
Pero además del zapato, Hood llevó a cabo otros ajustes para asegurar el bienestar de Jabba, entre los cuales reemplazó el bebedero de una de sus mascotas por un plato de pastel de vidrio para que el sapo pudiera tomar baños con mayor comodidad. “A veces, simplemente se remojaba en el bebedero del perro”, comentó en una publicación en Facebook, donde solía documentar algunos momentos con su peculiar visitante.
La rutina del animal se volvió también la de la familia, sin embargo, con el final del verano llegó también el momento de la despedida. Una tarde, Hood vio cómo el sapo saltaba fuera del porche y se adentraba en el bosque, aparentemente para hibernar durante el la temporada invernal. El tenis deportivo, por fin, volvió a estar libre, pero no por mucho tiempo.
Con la llegada del clima cálido, Jabba regresó. “Una mañana, ella estaba en mi zapato”, contó Hood. Así, el segundo verano de su compañera verde fue casi una repetición del primero, aunque con un incidente curioso, pues un amigo de la mujer, sin saber del acuerdo, recogió el calzado y trasladó al anfibio al jardín.
“Guardé mis zapatos y, sin inmutarse, Jabba regresó esa misma noche”, relató. Desde entonces, colocó un cartel encima de los zapatos para evitar futuros malentendidos con la leyenda “¡Precaución! Estos zapatos son la casa de verano de Jabba el Sapo, ¡Por favor, no molestar! ¡Gracias!"
Una amistad memorable

Jabba pasó dos veranos completos en el porche de Sita Hood, tiempo en el que la mujer no solo se convirtió en su anfitriona, sino también en una cuidadora atenta.
En su cuenta de Facebook publicó diversas actualizaciones de su aventura y reflexionó sobre la experiencia. “Jabba ya era adulto cuando llegó y pasó dos veranos en el porche. Leyendo sobre los sapos de la Costa del Golfo, aprendí que viven de uno a dos años en libertad. Quizás veranear en mi zapato en el porche, jugar a las cartas con Mr. Kitty y que le dejara la luz del lavadero encendida para atraer un bufé de insectos no sea vivir en libertad”.
Cuando el segundo verano terminó, Jabba desapareció nuevamente. En ese momento, Hood no estaba segura de si regresaría el próximo año, sin embargo, guardaba los recuerdos de su inusual huésped con cariño. “No sé si sobrevivirá al invierno, pero recé un poco por ella. Agradezco la experiencia de tenerla viviendo en el porche”.
Pero más allá de la convivencia, la experiencia dejó una marca en Hood. “Me sentí agradecida y encantada de tener una amistad con Jabba”, reflexionó para The Dodo. “Todos formamos parte de la red de la vida, y en los buenos días, nos apoyamos mutuamente”.
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