
Aunque apenas visibles al ojo humano, los ácaros son arácnidos microscópicos capaces de manifestar conductas agresivas de gran intensidad. En particular, dichos niveles de agresión en los machos de los ácaros bulbosos, de nombre científico Rhizoglyphus echinopus, dependen de un equilibrio entre la competencia por el acceso a la reproducción y el grado de parentesco con sus rivales, de acuerdo con los resultados obtenidos en un estudio experimental publicado en la revista científica Evolution.
El trabajo, realizado por Incheol Shin, Sebastian Hayden y Bruno A. Buzatto, de la Flinders University, revela que la presencia de una hembra incrementa de manera significativa la agresividad de los machos tipo “luchador”, mientras que la relación de parentesco reduce la probabilidad de que estos episodios de violencia terminen en la muerte de un congénere.
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“Sabemos que la competencia entre machos influye en el crecimiento poblacional a largo plazo, y comprender los niveles de agresividad en las poblaciones puede ayudar a comprender sus fortalezas y debilidades si se requieren medidas de conservación o control”, afirma Buzatto en un comunicado difundido por la agencia de noticias Europa Press.
En el sistema de reproducción del Rhizoglyphus echinopus, los machos presentan dos morfos: los “luchadores”, dotados de un tercer par de patas que pueden utilizar como armas letales, y los “furtivos”, que carecen de estas adaptaciones y buscan hembras desprotegidas para aparearse.
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De acuerdo con la información consultada en Evolution, solo los luchadores son capaces de matar a sus rivales, lo que les permite monopolizar el acceso a las hembras, especialmente en poblaciones pequeñas. Esta estrategia, sin embargo, implica un costo indirecto cuando la agresión se dirige hacia parientes cercanos, ya que perjudica la aptitud inclusiva del individuo, un concepto que abarca tanto el éxito reproductivo propio como el de los familiares genéticos.
¿En qué consistió el experimento?

Los especialistas formaron grupos de un luchador y cuatro furtivos, manipulando tanto el grado de parentesco entre ellos como la presencia o ausencia de una hembra. En total, se analizaron 57 arenas experimentales durante cinco días, cuantificando la agresión a través del número de veces que los luchadores sujetaban a los furtivos, que en ocasiones culminaba con la muerte de estos últimos.
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En el diseño experimental se establecieron cuatro tipos de grupos: parientes con hembra, parientes sin hembra, no parientes con hembra y no parientes sin hembra. Además, se incluyeron controles sin machos luchadores para descartar muertes por causas ajenas a la agresión.
El análisis estadístico reveló que la presencia de una hembra fue el principal factor que incrementó la frecuencia de estos comportamientos agresivos, sin embargo, la mortalidad de los machos oportunistas fue significativamente mayor en los grupos de no parientes, lo que indica que el parentesco actúa como un freno a la escalada de la agresión hasta niveles letales.
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En los grupos sin machos luchadores, la mortalidad fue prácticamente nula, lo cual confirmó que las muertes observadas en los otros grupos se debieron a la agresión de los luchadores. Además, los investigadores observaron que la agresividad de éstos nunca se dirigió hacia las hembras, lo que reforzó la hipótesis de que este comportamiento evolucionó como una táctica para monopolizar parejas.
En total, de los 184 machos furtivos expuestos a luchadores, 38 murieron, mientras que en los grupos de control solo se registró una muerte.
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“Con estos ácaros, pudimos examinar los niveles de agresión de los luchadores hacia sus propios hermanos en comparación con machos no emparentados, y en presencia de hembras”, afirmó Buzatto, director del Laboratorio de Comportamiento y Ecología de Artrópodos Terrestres (BETA) de la Facultad de Ciencias e Ingeniería.
Cuál es el valor evolutivo del comportamiento agresivo

La investigación aportó la evidencia de que el rechazo al parentesco durante la agresión permite a los luchadores optimizar su aptitud inclusiva, lo cual se alinea con la teoría de la selección de parentesco de Hamilton, que predice una reducción de la agresión hacia familiares para maximizar la transmisión de genes compartidos.
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Sumado a ello, el estudio destaca que la función principal de la agresión letal es la monopolización de hembras, más que la obtención de recursos nutricionales a través del canibalismo, pues incluso con alimento disponible en abundancia, el número de muertes fue elevado en presencia de hembras.
Además, la agresividad de los luchadores fue mayor antes de copular, lo que, según la información consultada, podría estar relacionado con la prioridad del primer macho en la fecundación, aunque también se observaron episodios de guarda postcopulatoria.
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De esta forma, la existencia de dos tácticas reproductivas alternativas en los machos de esta especie contribuye a mantener la variabilidad genética y la estabilidad evolutiva de la discriminación de parentesco en la agresión, especialmente eficaces en poblaciones grandes donde la monopolización resulta menos viable.
Este sistema de dimorfismo y tácticas alternativas permite que la agresión selectiva hacia no parientes se mantenga en la población sin que la competencia entre familiares se intensifique hasta anular los beneficios indirectos de la cooperación.
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